Tercera PM
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Cristóbal Palma

Cristóbal Palma

Fotógrafo

La Tercera PM

Noruega(zuela)

Cada país tiene la socialdemocracia que puede. Lo raro es que sea el presidente de la Sofofa, aunque sea sin quererlo, el encargado de recordarnos esta triste realidad.


“Empresario Noruego llama a simplificación regulatoria en Chile y destaca virtudes de bajar impuesto a empresas, lo que dice ha ocurrido en mayoría de países donde operan. Integración, baja impuestos: para algunos en Chile regalo a súper ricos, para resto del mundo incentivo a inversión”.

Así, a través de un tuit, el presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín, nos recordaba que lo más importante de la reciente visita de Estado noruego a Chile probablemente no era si Sebastián le tomaba la mano a Cecilia mientras caminaban junto al rey y la reina (como fue la obsesión temporal en las redes sociales), sino más bien qué podíamos aprender de ese país en cuanto a políticas públicas.

Y para cualquiera que esté en el lobby de bajar impuestos a las empresas (un lobby que la Sofofa desinteresadamente lidera), esta bendición noruega no era una oportunidad que se pudiera dejar pasar. Después de todo, quien hablaba era un representante de una de las economías más exitosas del mundo quien nos decía que bajar los impuestos a las empresas es moderno, pro-inversión y tendencia mundial.

Listo. Caso cerrado. No habría mucho más que discutir. Volvamos a los Piñera y si se dan la mano o no.

Pero es difícil dejar pasar este “giro nórdico” del principal representante de nuestro empresariado. Porque uno imagina que si el sello “empresario noruego” tiene esa carga de autoridad para Larraín Matte, es porque de alguna manera respeta mucho lo que sucede allá. Entonces, para estar a la altura de la conversación, decidí dedicarle 15 minutos de mi tiempo cibernético a conocer un poco más de qué se trataba este modelo noruego capaz de ejercer tanta autoridad en nuestro empresariado.

Gran parte los datos que encontré resultaron ser muy llamativos. Y no sé qué estará tramando la Sofofa, pero alguien les tiene que avisar que si en Chile tratan de implementar algo parecido a lo que pasa en Noruega, seguramente ardería Troya (o probablemente antes, nuevamente La Moneda).

Imaginemos la histeria colectiva de nuestra sofisticada tecnocracia si un recién elegido presidente/a en su primer discurso desde los balcones de La Moneda nos dijera que desde ahora en adelante el Estado chileno controlará un tercio de las acciones transadas en bolsa, que además va a participar activamente en la economía a través de múltiples empresas públicas (que en valor van a representar casi el 90% del PIB). Y que para lograr esto, uno de cada tres trabajadores en el país pertenecerán al sector público. Y que el 90% de todos los trabajadores tendrán contratos regulados por sindicatos. Que, además, el Estado volverá a controlar la producción de nuestros principales recursos naturales y que con los excedentes creará un fondo de pensiones (¡el más grande del mundo!), que será administrado por el mismo estado. Que la tasa marginal alta va a subir a casi un 50%. Y así la lista seguiría…

Una locura, ¿no? Para agarrar las cosas, salir corriendo, e irse a vivir a Miami.

Bueno, según Wikipedia (y un par de sitios más), todo lo anterior es exactamente lo que sucede hoy en Noruega(zuela). Y que con esta pila de ideas trasnochadas, de tener en los 70 el mismo ingreso per cápita que hoy tenemos en Chile, ahora no solo tienen uno de los ingresos más alto del mundo sino además este ingreso es de los mejor distribuidos (porfa, si se topan con un noruego no le hablen de la dicotomía “crecimiento versus igualdad” porque se les va a reír en la cara y va a ser súper incómodo).

Lo más desconcertante es que a este modelo allá le llaman “socialdemocracia”. Pero seguro debe haber un error en la traducción, porque acá “socialdemocracia” se le llama a otra cosa, ¿no? O sea, tenía entendido que nuestra socialdemocracia es súper moderna, y está constantemente mirando los desafíos del siglo XXI. Y que como aprendió de los errores del pasado, jamás se embarcaría en un proyecto lleno de recetas añejas y estatistas como lo han hecho en Noruega.

En fin, cada país tiene la socialdemocracia que puede. Lo raro es que sea el presidente de la Sofofa, aunque sea sin quererlo, el encargado de recordarnos esta triste realidad. Por twitter le pregunté a Larraín (un obsesionado de los “ecosistemas”), cuánto del modelo noruego debíamos tratar de entender y aprender, porque seguro su entendimiento de lo que ocurre allá no puede estar reducido a que el impuesto corporativo es más bajo que en Chile. No tuve respuesta…

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