Ottone: “Más que una crisis, acá veo una degradación de la política”

Tras el debate instalado por el ex Presidente Lagos respecto a un eventual "punto de no retorno", su ex asesor en La Moneda advierte que el país está lejos de eso. Pero hace ver el peligro de que "al final el problema no va a a quedar entre la izquierda y la derecha, sino que va a quedar entre en un populismo autoritario y el resto del sistema político. Ese populismo autoritario puede ser de extrema derecha, como en el caso de Brasil, o de de extrema izquierda, como el caso de Venezuela".


“Lo que hace el presidente Ricardo Lagos es un llamado de atención a cuidar las instituciones, a no caer en una suerte de pensamiento mágico, en pensar que las democracias resisten cualquier cosa. No nos confiemos en que las democracias son a prueba de bala. Comparado con lo que pasa en Brasil, Bolivia y Argentina, acá es tranquilo”, reflexiona Ernesto Ottone, quien fuera su cercano asesor en La Moneda, acerca de por qué el ex gobernante eligió un tono tan delicado para encender una suerte de alarma política. Que éste dijera el fin de semana pasado que “las democracias hay que cuidarlas. De repente nos encontramos con un punto de no retorno y los que tenemos más edad vimos cómo llegamos al 11 de septiembre”, abrió un debate y obligó a revisar en qué situación se encuentra el país, y hacia dónde va o puede ir.

“Él ha planteado un punto muy fuerte de atención a que puede haber un proceso de desmejoramiento progresivo de la situación”, recalca el cientista político a La Tercera PM.

-También influye que llevamos años escuchando que somos un “modelo” y que acá todo va estar bien, y que no nos va a pasar nada.
-Qué modelo… si tuvimos una dictadura que duró 17 años. Tenemos muchos elementos más fuertes que los vecinos históricamente hablando, pero también tenemos fuertes fragilidades. Más que una crisis propiamente tal, acá lo que veo es una degradación de la política. Una degradación de las instituciones políticas, sociales, culturales, la Iglesia, las Fuerzas Armadas, lo que vimos en Contraloría… en fin. Hay que prestarle atención a esa situación.

-Degradación, dice usted. Eso es gradual. ¿Qué falta para quedar más cerca de un punto de no retorno?
-Todavía tenemos muchas reservas antes de llegar a un punto así, pero no son infinitas. No es normal que el contralor y la subcontralora no se hablen; no es normal que la policía mienta; no es normal que un diputado de la República se ponga una camiseta con la imagen de un senador que -uno puede no compartir en nada sus ideas- tiene un balazo en el rostro. Son cosas que no son normales. Y no lo digo ni lo personalizo en el diputado ni el senador: ¿Qué personal, con un juicio bien puesto, puede ponerse una camiseta con la cabeza de un hombre asesinado, y sonreír? Olvidémonos de los actores, lo digo como señal. Eso es lo que llamo una cierta degradación del debate.

-Por lo mismo: ¿Se puede seguir sosteniendo que “las instituciones funcionan”, como decía Lagos?
-Están funcionando con grandes dificultades. ¿Podríamos hoy llamar al jefe de la Iglesia Católica y pedirles que nos hable del “alma de Chile”? Estamos muy lejos de eso, y hay muchos ejemplos.

-¿Hay más polarización hoy o no?
-No estamos en una situación como la de Brasil o Argentina, o Italia, Hungría. Pero estamos en una ausencia completa de un mínimo de diálogo.

-¿Ambos extremos, izquierda y derecha, también tensionan el cuadro?
-Algo hay de eso. Lo peligroso de eso es que al final el problema no va a a quedar entre la izquierda y la derecha, sino que va a quedar entre en un populismo autoritario y el resto del sistema político. Ese populismo autoritario puede ser de extrema derecha, como en el caso de Brasil, o de de extrema izquierda, como el caso de Venezuela.

-¿Hay gérmenes de eso en Chile?
-Los gérmenes son unos bichitos chicos que uno no los ve; siempre existe ese peligro. Sólo los ve cuando son unos elefantes. Hay algo de eso.

-También se habla de la necesidad de tejer acuerdos transversales, pero ¿de verdad si puede cuando el Presidente trata a la oposición de antipatriota? ¿O cuando la oposición critica al gobierno?
-Las dos, pues. Decir esas cosas no ayudan a crear un clima de debate con alturas.

-Tampoco se ve posible un clima de acuerdos con la pugna política de los últimos dos meses en torno al Caso Catrillanca, ¿no? ¿Es inevitable que la oposición cumpla con parte de su rol y busque la cabeza del ministro Chadwick, o no?
-Hay que tener cuidado con la ganancia chica de botar a un ministro. A veces se gana y se piensa que se anotó un gol, pero a través de eso vas generando un espíritu que no ayuda a generar un debate más serio de más alturas. No me voy a referir al caso en discusión hoy, pero como señal, si un ministro comete un error grave que perjudica a la democracia, tiene que ser puesto en cuestión; pero tiene que ser una cosa demasiado grave y muy dura.

-Estas escaramuzas siempre sacan a colación de que “la oposición no existe”. ¿Coincide con eso?
-Puedes ser muy activo, pero hacer puras leseras; el ser activo no es una virtud en sí mismo. La palabra “refundacional” nos ha hecho un daño terrible, porque una fuerza que -con errores y problemas- generó una situación que puso a Chile a la cabeza de América Latina, y que en vez de defender su memoria ha dejado que muchas veces sea aplastada o contrahecha brutalmente… tiene un problema.

“Lo principal es que se aclaren la cabeza. ¿Qué sacas con tratar de ponerse de acuerdo, si no tienes claro que estás pensando, la visión de tu futuro, y la de tu pasado?”, añade.

-También se repite mucho eso de que se quiere unir a “toda” la oposición. ¿Factible, difícil, imposible?
-No, no creo posible una unidad de todos los sectores. La unidad se genera en torno a un pennsamiento mínimamente común, un denominador común. No sé cómo puedo ponerme de acuerdo con alguien que está celebrando la Revolución Cubana. No puedo ponerme de acuerdo con nadie que no defienda la democracia, sus instituciones, las libertades individuales.

-Desde la perspectiva de la izquierda, ¿cree que ahora en Chile se enfrenta a otra derecha o la misma de siempre?
-Para la transición española fue muy importante cuando se salió del franquismo, que la derecha más pro franquista y la derecha más liberal estuvieran bajo el Partido Popular; eso permitió controlar a los sectores más ligados a una historia dictatorial. En Chile pasó lo mismo: había dos partidos que lograban, más o menos, unir al conjunto de la derecha. Hoy eso no existe: hay un Evópoli más liberal, algunos sectores en RN más liberales, y después tienes un sector que está a la derecha de la UDI… y para eso ¡por Dios que hay que estar a la derecha! No sé qué va a pasar con eso.

-¿Le pone un pie forzado a la izquierda chilena? ¿Tiene que entender que el adversario es distinto, obliga a cambiar los códigos?
-La derecha y la centroizquierda son distintos porque el mundo cambió. Hay que pensar en qué mundo estamos viviendo.

-¿Es de los que creen que el fenónemo de la derecha más dura, de José Antonio Kast, está sobrevalorado? ¿O que hay que tomárselo con cuidado?
-Estamos todavía en una fase embrionaria. Tenemos que ver cómo se desarrollan las cosas. Recién están apareciendo. Evópoli, ¿se va a transformar en un polo liberal fuerte? ¿José Antonio Kast va a lograr quitarle una parte del apoyo a la UDI y tener un partido bolsonarista? No lo sé.

-Harald Beyer me dijo hace unas semanas que su fuerza electoral es baja y que el votante chileno siempre ha sido moderado.
-Sí. En eso tiene razón Harald, cuando al final decía que hay un porcentaje muy grande de gente que quiere el país camine, que no haya líos. Ese grupo siempre existe, y votó por Lagos, en otro tiempo por Michelle Bachelet, y en otro tiempo por Piñera. Pero si la situación se degrada mucho, lo puede buscar en un extremista.

 

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