Piñera C…

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Según la encuesta CEP, la aprobación presidencial está en un 6%. Eso significa que menos de 1 de cada 10 chilenos aprueba la gestión del Presidente. ¿Significa eso que el resto estaría en las calles aplaudiendo la patética performance del Paseo Ahumada? ¿O que firmaría la querella del Frente Amplio para enjuiciarlo como un tirano en un Tribunal Internacional? Estoy seguro que no.




No eran más de 12 personas, presumiblemente "artistas" o activistas, que se juntaron anteayer en la calle Bandera, en el Paseo Ahumada y en otros lugares, para realizar una peculiar performance. Con una pista musical y algunos extractos de discursos del Presidente Piñera de fondo, comenzaban a bailar y gritar "Piñera c…." en contra del Presidente, haciendo gestos obscenos y burlescos para llamar la atención de la gente que se reunía a su alrededor. Al comienzo, partieron de manera más pausada, pero a un ritmo que se fue incrementando y que terminó con este colectivo bailando como verdaderos simios, gritando consignas y aullidos de exaltación.

Pocas horas antes, en el Centro de Justicia, la excandidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, presentaba una querella en contra del Presidente Piñera por crímenes de lesa humanidad. Según ella, se siguieron todos los caminos institucionales y, ante la falta de responsabilidad, había que seguir persiguiendo esas responsabilidades, políticas y penales, ya sea en cortes nacionales o internacionales, para asegurar que en democracia haya garantías para todas las personas que quieran manifestarse en el país.

La conjunción de ambos hitos -el baile y la querella- permitió que uno de los trending topics de Twitter martes fuera #PiñeraC… , donde una gran masa de ciudadanos se manifestaba de manera grosera contra el Presidente. Lo mismo hacen los cientos de grafitis, carteles y consignas que se encuentran en las calles y es el espíritu que está detrás de los que queman figuras que representan al Mandatario o los que le cortaron simbólicamente la cabeza con una guillotina ad-hoc en Plaza Italia.

¿Qué hay detrás de este consistente ataque en contra del Presidente Piñera? ¿No hay acaso un esfuerzo sistemático por degradar su figura por todos los medios posible? ¿Qué es lo que buscan quienes de manera sistemática se suman a este esfuerzo?

Según la encuesta CEP, la aprobación presidencial está en un 6%. Eso significa que menos de 1 de cada 10 chilenos aprueba la gestión del Presidente. ¿Significa eso que el resto estaría en las calles aplaudiendo la patética performance del Paseo Ahumada? ¿O que firmaría la querella del Frente Amplio para enjuiciarlo como un tirano en un Tribunal Internacional? Estoy seguro que no.

Sin duda, el Presidente y su gobierno han cometido errores. Por lo pronto, ellos mismos lo han reconocido, han realizado cambios y han tratado de enmendar el rumbo. Por la derecha, a muchos nos gustaría una mano más firme en materia de orden público y que no ceda tanto a las ideas de la oposición; por la izquierda, muchos buscan restringir las atribuciones de Carabineros y que abra de par en par la billetera fiscal para financiar todo tipo de soluciones populistas. Pero ni uno ni otro sector, responsablemente hablando, podría estar en la lógica de insultar al Presidente ni buscar su destitución por cualquier vía posible.

Sebastián Piñera no es un Presidente c… ni un genocida. Es el mandatario que una mayoría de chilenos, el 2010 y el 2017, eligieron para que los liderara. Así funciona la democracia y establece, de manera clara y precisa, en qué términos y bajo qué condiciones ese mandato puede ser abreviado. De hecho, fue la propia Cámara de Diputados la que discutió esa posibilidad y no existieron, pese a la mayoría opositora, los votos suficientes siquiera para acusarlo.

Por lo mismo, los actores políticos y públicos tienen el deber de rechazar este tipo de actos y estrategias destinadas a socavar la dignidad del Presidente. Si quieren derrotar a Sebastián Piñera, háganlo en las urnas y no por secretaría ni insultándolo en las calles. Una vez más, los chilenos tenemos la oportunidad de trazar una línea clara entre los que defienden la democracia en toda instancia, y aquellos que por acción u omisión, buscan sacar provecho político de actos tan patéticos como estos.

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