Piñera, la Virgen y "corazones violentos": ¿Cuánta religión cabe en un Estado laico?

"Que apacigüe el corazón de los violentos", le pidió el Presidente a la Virgen de Fátima en La Moneda. Los comentarios a favor y en contra llegaron hasta el cielo. Que fue un mensaje político. Que por qué tanta alusión a la fe. Que por qué no. Acá, cuatro voces analizan el cruce entre religión y Estado. Dato: ambos figuran separados desde la Constitución de 1925. Hace 94 años.




Quiero darle la más cariñosa y cordial bienvenida a esta visita del cielo, que es la visita de la Virgen de la Fátima. Con Cecilia siempre hemos tenido una devoción muy especial por la Virgen de Fátima. Hace pocas semanas, cuando visitamos Portugal, fuimos al lugar donde la Virgen se sentaba en una silla, acompañando a una de las pastorcitas, Jacinta, en su camino al cielo. Yo le quiero pedir a la Virgen que su visita nos ayude a unir a los chilenos. Como lo dije, que tranquilice, que apacigüe el corazón de los violentos, que inspire y fortalezca el espíritu de los hombres y mujeres de buena voluntad, porque en Chile nos hacen falta visitas como la Virgen de Fátima.

Fueron las palabras, sílaba por sílaba, del Presidente de la República en la mañana del pasado viernes, con cánticos religiosos de fondo, durante una ceremonia católica que recibió en el Palacio de La Moneda una escultura de la Virgen, como parte de la "Misión Fátima de Chile". Fue una procesión en que se llevó en andas una figura de esta advocación mariana (formalmente llamada Nuestra Señora del Rosario de Fátima), originada en 1917, cuando tres pastores portugueses afirmaron haber presenciado varias visiones.

La escena levantó controversia pública por dos detalles. Uno: el llamado político, en medio de un acto que no se presentó así, para pedir por "apaciguar el corazón de los violentos". Dos: ¿Por qué, y es válido, que el mandatario tienda así a compartir su fe en sus actos públicos?

Es una faceta que Piñera comenzó a mostrar con más entusiasmo desde los tiempos de su primera campaña presidencial (2009). Entonces aparecía repitiendo enfáticamente ¡Le pido a Dios! varias veces en un pasaje emotivo de su franja de propaganda televisiva. De ahí en adelante ese patrón ha sido más y más frecuente. Cuando el 2013 visitó al Papa Francisco en El Vaticano, comentó que "nos preguntó por los rosarios que queríamos que nos bendijera y de quiénes eran. Le dijimos que eran de nuestros nietos. Nos preguntó cómo se llamaban nuestros nietos, y bendijo con mucha cercanía y con mucho cariño".

La discusión pasó de las redes sociales a las secciones epistolares de los diarios. "Un estado laico (no confesional) es el que no tiene una religión oficial. Eso implica, por de pronto, no imponer una religión a los ciudadanos, pero, al mismo tiempo, no restringir ni prohibir la libertad de conciencia y religión", escribió hoy en El Mercurio la abogado Mariana Canales, investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad. Allí argumentó: "Reconocer en calidad de Jefe de Estado las expresiones religiosas como elementos de la identidad nacional y reflejarlas sin imponerlas, no es es ir contra los supuestos de un Estado laico, sino la consecuencia de que éste se encuentre situado en un país que tiene creencias, costumbres y tradiciones".

Hemos tenido Presidentes agnósticos, creyentes, y entre los candidatos con posibilidades para suceder al que tenemos hoy figura un Opus Dei. Hay ministros, como Gonzalo Blumel (Segpres), que se han identificado públicamente como católicos. La libertad es libre. Veamos.

"No es una discusión entre católicos y no católicos"

La abogado -católica- explica que no lo hizo "con el afán de entrar en una discusión", aunque encuentra que la que se ha armado "es muy legítima". Piensa que las "creencias personales" de Piñera "no son ajenas a la tradición o costumbre, no es algo raro, y la religión es inherente al ser humano", y ante el acto de combinar eso con un mensaje político, "es evidente que un Presidente de la República va a colgarse de todo tipo de cosas para enviar un mensaje política, y uno estará de acuerdo o no. Me parece que es un poco inevitable; que se instrumentalice políticamente o no es otro tipo de discusión".

Eso sí, Canales resalta que "es excepcional que venga esta imagen de la Virgen, y por tanto, tendrá respuestas excepcionales. No pasa todos los días que la reciban en el Palacio de Gobierno. Ahora, si la procesión fue más importante de lo que a algunas personas les habría gustado, es algo secundario. La cuestión es la pertinencia o no de este tipo de ceremonias".

Y reitera: "No es una discusión entre católicos y no católicos, o entre creyentes o no creyentes. Es qué entendemos por estado laico y no, qué entendemos por libertad religiosa".

"El Presidente cree que es mejor creer"

Piñera también ha encabezado ceremonias de otras religiones, como la tradición judía de Hanuka. Cristóbal Belollio, doctor en Filosofía Política -ateo, acá dice que habla desde el punto de vista político "no de mis creencias"-recuerda que cuando lo hizo en su primer mandato, "dijo que en su gobierno iban a seguir hablando de Dios. El Presidente cree que es mejor creer que no creer".

Pero piensa que lo hizo el gobernante a los pies de la imagen de la Virgen de Fátima puede ser "un mensaje excluyente". Que es un problema que "el poder político despliegue símbolos religiosos en lugares altamente sensibles, como La Moneda", porque "podría enviar un mensaje de exclusión a quienes no comparten esa fe".

Y no es un asunto de fe, insiste: "Si el Presidente mañana hiciera lo mismo, pero con Colo Colo, estaría enviando un mensaje de exclusión a quienes son de la U". Su duda es si en un país "mucho más dividido en términos religiosos, tú puedes seguir diciendo que esos símbolos son unitarios. Es poco plausible. No me ofendo, no soy un millenial que se ofende por todo, pero son casi divisivos, y si el Estado sigue promoviendo sistemáticamente una visión religiosa, llegará un momento donde la gente diga que este ya no es su gobierno".

Pero además, cuestiona Bellolio, "esto daría lo mismo antes, cuando el 90% de Chile era católico. No había nadie a quién excluir. Pero tengo la impresión de que eso ha cambiado". Pese a todo eso, percibe que políticamente le conviene: "Andarse pegando en el pecho en público y hacer permanentes alusiones a Dios, es tratar de consolidar a tu electorado religioso, que no se te arranque".

"No creo que sea ofensivo"

Sigamos con la libertad religiosa. Alejandro San Francisco, historiador de la Universidad Católica y de la Universidad San Sebastián -mantiene su credo en reserva-, lee lo ocurrido y sus implicancias así: "El Presidente puede hacer una oración o una petición que sea particular de su religión o sus convicciones, siempre y cuando sea con pleno respeto a la pluralidad religiosa que hay en Chile, y a la libertad de culto que hay en Chile".

Eso sí, "siempre que no tenga un tono impositivo, que no quiera retrotraer la historia. Se ha llegado a un consenso, a un acuerdo, que la separación de la Iglesia con el Estado es correcta, y que la libertad de culto, también es buena". Y recalca que "la oración es una forma de pedir ayuda a Dios".

Tampoco cree que Piñera esté exacerbando la dicha de su fe en público: "Si miras los discursos de varios Presidentes en el Siglo XX, incluyendo a Eduardo Frei o a Patricio Aylwin, ellos hacían invocaciones a DioS. Eso no ofende ni altera la libertad que existe en Chile".

"Si fuera el único y permanente mensaje, podría parecer excluyente", comenta. Pero cree que este no es el caso: "No es algo de todo los días ni es parte de su trabajo cotidiano. No creo que sea ofensivo".

¿Y los corazones violentos? "Es un llamado a evitar la crispación política, a evitar la polarización", opina, y echa mano a la historia: "En 1973, los obispos de Chile, pocos antes del 11 de septiembre, hicieron una oración por Chile en la Plaza de la Constitución. No es meramente con sentido político, sino que la política tenga un tono más amistoso".

"Se hace mucho aspaviento con la laicidad"

El escritor Rafael Gumucio es católico. Sí, lo es. Escribió un libro titulado Por qué soy católico. Pero dice que no le gustó lo que implica la procesión a la Virgen de Fátima en La Moneda: "Ya hay suficientes elementos en el ritual: la Virgen del Carmen, el Te Deum. Hay suficientes actos como para incorporar algo nuevo. Es bueno el cilantro, pero no tanto".

Tampoco le gusta esta Virgen en particular: "La Virgen de Fátima, con los niños de Fátima, eso es tan rasca en el cristianismo. Que los pastorcitos de Fátima, que el comunismo iba a llegar... es algo con lo que yo, por lo menos como católico, no me siento para nada identificado. Me resulta muy ajeno".

-¿Por qué? ¿Es una Virgen ajena a los chilenos? ¿Sería distinto con la Virgen del Carmen?

-Claro... bueno, a mí generalmente, las vírgenes no me interesan mucho. Es un asunto personal. No soy mariano.

Distinto habría sido, dice, "si el Presidente hubiese ido al entierro, o al velorio, de (el sacerdote recientemente fallecido) José Aldunate, sería legítimo. Me habría sentido encarnado". Y dice que le encuentra razón a la carta de Mariana Canales en el sentido de "todo este aspaviento que se hace con la laicidad, que llega a ser hasta un poquito tontorrón".

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