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¿Qué hace la embajada de Chile en Venezuela?

Cien repatriados chilenos llegaron en el Boeing 767 de la Fuerza Aérea de Chile a fines de noviembre pasado. Foto: Juan Farías

El gobierno desconoció la legitimidad del nuevo período presidencial de Nicolás Maduro que se inicia hoy. Desde marzo que no hay embajador en Caracas y tampoco se va a nombrar a uno. ¿Para qué sirve la sede diplomática chilena allá?


Un encargado de negocios, Manuel Rioseco Vicencio, es el máximo representante chileno en Caracas. Allá no hay embajador desde que en marzo regresara Pedro Felipe Ramírez, el ex ministro de Salvador Allende nombrado por la administración de Michelle Bachelet. Y no habrá, al menos, mientras dure el cuatrienio de Sebastián Piñera.

Con este último alineado con el Grupo de Lima, que declaró ilegítimo el período presidencial que Nicolás Maduro inició hoy (y que termina el 2025), políticamente ambos países, o ambos gobiernos, no pueden estar más alejados. Pero eso mismo, en parte, explica que la embajada chilena allá siga funcionando, aunque no tenga jefe.

Además del encargado de negocios, Chile tiene en ese país dos cónsules, uno en la capital y otro en Puerto Ordaz. En la Cancillería explican que hay razones para no bajar la cortina.

La primera es mantener un canal lo más activo posible, dicen, con la oposición a Maduro. En las instalaciones diplomáticas chilenas se encuentra alojado un grupo de disidentes, que oficialmente se encuentra bajo el estatus de “huéspedes” y no de “refugiados”.

Por otro lado, dicen en el ex Hotel Carrera, el personal diplomático nacional ha encarado una alta carga de trabajo a raíz de la tramitación de las visas de responsabilidad diplomática que se extienden a ciudadanos venezolanos que quirean viajar a Chile, y que les da residencia temporal por un año.

En el curso de 2018, agregan, se envió a Caracas más personal de la Policía de Investigaciones para revisar la documentación asociada a ese proceso. Dicha labor también se efectúa en el consulado de Puerto Ordaz.

La otra razón es no suspender la asistencia a los chilenos que viven allá (muchos de los cuales están desde que fueron acogidos tras el Golpe Militar de 1973). Cada vez que se repatria a alguien, el personal diplomático debe hacer trámites formales con las autoridades locales.

Hasta ahora, han regresado cerca de 300 chilenos, y se estima que allá siguen viviendo unos 13 mil. Un grupo de 55 de ellos volvió de forma individual; otro, de 200 personas, lo hizo en un vuelo, y un tercero, de unos 60, lo hizo en otro. En los dos últimos casos se ha recurrido a los mismos aviones que han sacado de Santiago a inmigrantes haitianos que vuelven a Puerto Príncipe; en el vuelo de vuelta pasan por Caracas.

Pero hay otro motivo, apuntan en la Cancillería. Por mucha que sea la distancia política, Santiago “no puede no estar”. Algún día, dicen, habrá otro gobierno, y las relaciones que perduran son entre estados. Sin ir más lejos, Piñera tuvo una relación muy poco conflictiva con Hugo Chávez durante su primer gobierno, al punto que viajó a sus funerales e integró su guardia de honor.

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