Robbie Williams: Un hombre de suerte

Robbie Williams anoche en Movistar Arena.

Anoche en el Movistar Arena, a 12 años de su última visita en el Estadio Nacional, el británico entregó lo máximo que puede, una mezcla de musical, cabaret y chistes de distintos calibres, algunos políticamente incorrectos para los tiempos que corren incluyendo recónditos deseos de intimidad con George Michael.


Han pasado 14 años desde que Robbie Williams se marchó de un set de Canal 13 dejando solo a Luis Jara en una de las secuencias más insólitas en la historia de la televisión chilena. Curiosamente sus mediáticas personalidades tienen semejanzas. Ambos entienden los espectáculos de manera similar: encarnan personajes envanecidos, abiertamente ególatras, que a la vez montan comedia en torno a esa postura. Con 44 años el ex Take that asume que está más cerca del padre con los niños rumbo al colegio, que del joven en eterna parranda que enterró al brit pop a fines de los 90 robándole trucos a Oasis.

Anoche en el Movistar Arena, a 12 años de su última visita en el Estadio Nacional, el británico entregó lo máximo que puede, una mezcla de musical, cabaret y chistes de distintos calibres, algunos políticamente incorrectos para los tiempos que corren incluyendo recónditos deseos de intimidad con George Michael.

El ingreso de Williams fue precedido por una especie de himno en su honor con una letra para la chacota reivindicativa de sus triunfos y derrotas, subrayando que es conocido globalmente “excepto en USA”, la espina que nunca ha podido quitar de su carrera aunque grabe discos en Los Angeles con poses de crooner sin tener el garbo y menos la voz necesaria para tales aspiraciones.

Está plenamente consciente de aquello y de ahí una de sus mayores gracias, porque actúa en todo momento sabiendo que sus deseos superan sus talentos musicales convirtiendo una debilidad en fortaleza. Por lo demás, un trío coral femenino lo apoya en todo momento. Las bromas y las poses divertidas importan tanto como las canciones, y así se permitió levantar la falda que usó toda la noche para mostrar el trasero desde el primer corte que da nombre a la gira, The Heavy Entertainment Show, una promesa cumplida 100% en casi dos horas de espectáculo.

Manida y siempre efectiva metáfora, en los primeros minutos el escenario se transformó en un reducto con citas al boxeo incluyendo la voz de un anunciador, bailarinas con guantes lanzando golpes, el astro con bata e imágenes suyas en pantalla gigante tumbado en la lona. “¡Aquí está su papi!”, exclamó en perfecto español instalado al final de una pasarela que se adentraba en la cancha para luego cantar completamente desafinado Monsoon, que la banda empalmó con el clásico YMCA de Village People, interrumpida por el cantante rápidamente, un giro que es parte del guión del tour.

Siguió Party like a russian con espectaculares videos y el cuerpo coreográfico femenino ejecutando pasos militares. Las bailarinas se retiraron en Bodies, ambientada también con excelentes imágenes y luces ad hoc para crear un logrado pasaje futurista. Luego el inglés sacó el Freddie Mercury interno jugueteando con el público para continuar con Minnie the moocher, una pieza de cabaret con exigencias vocales que le superan, interpretación que remató metiéndose el micrófono a la boca.

Rindió homenaje a George Michael aclarando su heterosexualidad aun cuando precisó que con el fallecido ídolo habría hecho una excepción. Zorro, interpretó Freedom dejando que el público se hiciera cargo de las partes más complejas. Luego contó que es padre y relató una anécdota con su pequeña hija como antesala de Love my life, otra declaración de lo bien que se siente con su existencia.

Siguió jugueteando con el público sin músicos mediante canturreando clásicos de Bon Jovi, Amy Winehouse, A-ha, Human League, The Bee Gees y su antigua boys band Take that, en enésima demostración de carisma y humor. Pasó a Millenium, uno de sus primeros éxitos con la misma carnada de violines de Bitter sweet symphony de The Verve, y luego invitó al escenario a una chica uruguaya, Mica, para cantarle desde un sofá Somethin’ stupid, famosa por la versión de Frank y Nancy Sinatra.

La última media hora fue espectacular y al alza como un abanico de sus inquietudes contando el hip hop en Rudebox, la pócima reggae de Tripping y la balada infalible con She’s the one hasta llegar a Feel, su mejor canción con gran karaoke acompañado de lásers, y el súper hit Rock DJ -la única canción que le dio relevancia en EE.UU.- cuyo inolvidable video simboliza lo que siempre se propone, que no es otra cosa que dar todo cuanto tiene para entretener.

El bis, de antología. De smoking apareció su padre, el comediante Pete Conway, para canturrear Better man. Angels arrancó nuevamente sólo entre él y el público dejando fuera a la banda. El programa decía que cerraba con My way pero se quedó cantando de nuevo, a solas con la gente, las más coreadas de la noche, Feel y She’s the one, como una manera de subrayar en la memoria lo grandioso que puede ser un reencuentro con Robbie Williams. Sus planes de hacer televisión calzan perfecto con sus aptitudes. Ofrece un show total.

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