Son treinta, cuarenta, cincuenta

vendedores ambulantes
Vendedores ambulantes en sector de Puente paseo ahumada, santiago centro. Fotos: Patricio Fuentes Y./ La Tercera

Desde el estallido social hasta la fecha, los despidos han llegado a 100 mil puestos de trabajos perdidos, y seguramente se concentrarán en las PYMES. Esta situación, probablemente, aquejará en su gran mayoría a quienes no trabajan bajo un régimen formal. Y, lamentablemente, las actuales políticas públicas no serán un remedio.


No. El título de esta columna no tiene nada que ver con la canción de la "Sonora Tommy Rey" y el año más que estamos por pasar. Más bien, esta frase hace alusión a un gigantesco riesgo que se asoma por la esquina. El deterioro de la economía que estamos viviendo probablemente haga crecer aún más la cifra del casi 30% de trabajadores que están bajo la informalidad. Es cosa de ver el aumento que ha tenido el comercio ambulante durante el último tiempo. Y cómo podemos ponernos en los zapatos de este grupo, si a raíz del estallido social el parlamento y el gobierno han lanzado una cadena de ofertas audaces -tales como mejorar el salario mínimo, las 40 horas laborales, la sala cuna universal y el aumento de la tasa de cotización, entre otras- pero han olvidado la triste realidad que viven 7 de cada 10 trabajadores pertenecientes al 20% más desfavorecido. ¿Conocemos el real impacto que tendrán estas políticas, si ninguna de ellas está dirigida a este grupo que va en aumento?

El sector laboral informal está conformado principalmente por personas del primer quintil. Son, en su mayoría, mujeres e inmigrantes, reciben un ingreso menor a $260 mil, cuentan con pocos años de escolaridad y están completamente desprotegidos. El círculo vicioso de la informalidad conduce a bajos ingresos y a lagunas previsionales, empobreciendo el entorno cercano. Esto se profundiza aún más en grupos sociales como el de las mujeres, quienes, si comparamos su ingreso ($194 mil) frente al de los hombres ($316 mil) en iguales condiciones de informalidad, son evidentemente más desfavorecidas. Asimismo, cabe destacar que tres de cuatro trabajadores informales se emplean en PYMES.

A toda la caracterización anterior, hay que sumar el aumento en el desempleo, que superará las dos cifras el 2020. No olvidemos que desde el estallido social hasta la fecha, los despidos han llegado a 100 mil puestos de trabajos perdidos, y seguramente se concentrarán en las PYMES. Esta situación, probablemente, aquejará en su gran mayoría a quienes no trabajan bajo un régimen formal. Y, lamentablemente, las actuales políticas públicas no serán un remedio. ¿Por qué seguimos desprotegiendo a quienes ya están desprotegidos? A pesar de que los más vulnerables debiesen ser el foco de nuestras preocupaciones, paradójicamente, sólo verán un aumento en el costo de trabajar y una disminución en sus probabilidades de formalización.

En este contexto, urge reactivar la economía. Sin embargo, para incentivar esto, lo primero es una democracia estable, que apoye al trabajador mediante una legislación capaz de adaptarse a los cambios; que reconozca las nuevas formas en que opera el mundo laboral; que incorpore nuevas modalidades como el teletrabajo, y que posea una mayor flexibilidad que beneficie al trabajador informal que no ha tenido las mejores oportunidades. Hoy son un 30%, pero nos moveremos rápidamente a un 40% y -espero equivocarme- en un futuro no muy lejano, a un 50%. Cuidémonos. Ya cometimos el error de no actuar a tiempo.

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