Tercera PM

Presenta:

Francisco Javier Díaz

Francisco Javier Díaz

Abogado, ex subsecretario del Trabajo.

La Tercera PM

¿Y pa’ qué ganamos?

El exministro Gerardo Varela, tras dejar el cargo de ministro de Educación. Foto: Mario Téllez

Un cambio de gabinete a menos de 5 meses de asumir está cerca del récord del cambio de gabinete que ocasionaron los pingüinos en 2006. Y al menos dos ministros que no salieron (Valente y Santelices) siguen en capilla.


Un fantasma recorre Sanhattan. Poco a poco, las propias huestes se sienten más incómodas con su gobierno. Primero, porque la expectativa de enmendar rumbo no se ha cumplido. Segundo, porque los desaciertos del elenco ya son muy repetitivos, y el cambio de gabinete se ve insuficiente. Y tercero, porque de lo que se ha hecho, se ve más continuidad que cambio. Si ganamos por más de 600 mil votos, piensan, ¿por qué no hacer lo que queremos? Y si no se puede hacer lo que queremos, dicen, ¿pa’ qué ganamos?

El comienzo del gobierno del Presidente Piñera fue prometedor. Temas, agenda, disciplina comunicacional, núcleo férreo comandando. Orden público, inmigración, Carabineros, SENAME, como medidas inmediatas. Retórica de grandes acuerdos, y entre medio, un par de goles de media cancha al lograr convocar a algunos cándidos opositores a sus reuniones.

Los errores comunicacionales de los ministros nublaron en parte ese buen comienzo. Luego vino la reacción de la oposición, que logró mover en algo la buena foto que mostraba el equipo. Pero con todo, el gobierno se veía sólido, armado, y con buenas perspectivas.

Con todo ese envión, pensaban muchos en la derecha y el empresariado, era hora de comenzar a desmantelar la herencia Bachelet. Bajar impuestos, terminar con la gratuidad en educación, desarmar la reforma laboral, darle el 5% adicional de cotización a las AFP, entre otras materias. Es hora de gobernar con nuestras banderas, decían.

Pero Piñera fue bastante más realista que todo ese voluntarismo. El Presidente no se pierde en algo esencial: obtuvo 55% en segunda vuelta, pero solo 36% en primera. La derecha apenas sumó 45% en esa elección. Y no logró controlar ninguna de las cámaras. Sin poder aprobar leyes, intentó la vía administrativa. Pero el decretismo tiene sus límites, más aún cuando la oposición, liderada por el PS, estuvo atenta a alertar y frenar en parte esa tentación.

Por eso la Cuenta Presidencial de junio fue tan cauta y tan táctica. El Presidente evitó pronunciarse sobre los temas espinudos, pues sabe que no tiene ni votos en el Congreso, ni aprobación en la opinión pública como para entrar derechamente en ellos.

Desde entonces, el gobierno buscó driblear los temas difíciles y aumentar su base de apoyo en la opinión pública, llámense encuestas. El orden público y la inmigración asomaron como buenos temas para ganar los puntitos que necesitaba. Pero todo tiene su límite. El tiempo no le alcanzó.

Se le vino el invierno, el desempleo, despidos masivos, y el crecimiento no fue todo lo que esperaban. Buen crecimiento semestral, pero tres de seis meses fueron de Bachelet. Y alerta de que lo que viene no es tan halagüeño. Felipe Larraín pide inversiones de buena voluntad, pero los empresarios no le creen. Lo critican por haber cedido tan tempranamente y negarse a la rebaja de impuestos que todos esperaban.

En pocas semanas, el panorama se ensombreció. Más errores de los ministros. Un cambio de gabinete a menos de 5 meses de asumir está cerca del récord del cambio de gabinete que ocasionaron los pingüinos en 2006. Y al menos dos ministros que no salieron (Valente y Santelices) siguen en capilla. Se acabó drásticamente la luna de miel. A otros gobiernos les ha pasado, pero la diferencia, en este caso, es que sus bases son las más inquietas. No saben para qué ganaron si no pueden hacer lo que realmente quieren.

Pero aquellos críticos de derecha no se dan cuenta de que la elección 2017 no fue tan buena para ellos. La parlamentaria la perdieron. El gobierno debe saber acumular fuerza antes que lanzarse a piscinas sin agua. Pero siendo todo ello cierto, ¿Amerita gobernar mirando el people-meter en el Smart-phone? ¿Amerita ponerse tan nervioso por una entrevista de la Presidenta Bachelet en The Clinic?

Para el Presidente, la respuesta es afirmativa. Piñera sabe que si se asienta la idea de que los tiempos no fueron mejores, como le pasó en 2011 con la nueva forma de gobernar, puede ser el comienzo del fin de su idea de gobierno.

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