La DC: La encrucijada de ser oposición (constructiva) y no morir en el intento

No forma parte del gobierno, no pertenece a ninguna coalición y deberá enfrentar el próximo ciclo de cuatro años en soledad. Si bien en el Partdo Demócrata Cristiano asumen que no es la posición ideal, aseguran que actuar con independencia los pone en un buen escenario. Volver a reconquistar el centro “reformista” y actuar con unidad, es el camino, afirman. Y si bien plantean que serán constructivos con el gobierno de Gabriel Boric, también sostienen que serán críticos cuando los cambios no sean con “gradualidad” y responsabilidad. Advierten, eso sí, que con cinco senadores y ocho diputados serán clave para el éxito de las iniciativas legales que impulse el Ejecutivo.




Oposición (sin apellido)”, “oposición constructiva”, “oposición crítica”, “colaboración autónoma”, “minoría dirimente”, “independencia constructiva”. Esos son algunos de los conceptos que circulan en la Democracia Cristiana a la hora de debatir cuál será el rol que tendrá la colectividad a partir de este 11 de marzo.

En noviembre pasado, en plena carrera por la segunda vuelta, la junta nacional de la DC, máxima instancia partidista, apoyó al entonces candidato de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, sin condicionar su respaldo ni pedir ingresar al futuro gobierno. Una vez electo, este confirmó que los democratacristianos no formarían parte de su administración y así será. ¿Pero cuáles son los alcances prácticos de esta decisión?

Si bien en la DC hay matices respecto de cómo van a enfrentar al nuevo gobierno, al menos en las intenciones iniciales, todos apuntan a que harán valer el peso de sus ocho diputados y cinco senadores. Estos, según advierten tanto en el partido como en la nueva administración, serán clave a la hora de aprobar o rechazar los proyectos impulsados por el Ejecutivo. De hecho, en las negociaciones por la presidencia de ambas cámaras, la DC trató de sostener que ellos debían llegar a la testera durante el periodo legislativo: lo lograron en la Cámara Baja para el periodo entre julio 2023 y marzo 2024, pero no así en el Senado, donde sólo tendrán una vicepresidencia en 2023.

Relación con el gobierno

En las huestes del partido de la flecha roja hoy existen matices respecto de cómo deberán enfrentar la relación con el gobierno encabezado por Boric y también respecto de las relaciones que tendrán con los otros partidos que antes fueron sus aliados.

“Yo no conozco ningún partido, en ninguna democracia, que no esté ni el gobierno ni en la oposición. No existe el limbo. Somos oposición”, señala un exdirigente de la colectividad. Y si bien varios han planteado públicamente que el partido tendrá una relación constructiva con la nueva administración, también sostienen que no formar parte de la alianza gobernante y no tener a representantes en cargos ministeriales y otros les permite tener libertad a la hora de negociar y votar las iniciativas legales.

“La DC tiene que actuar con autonomía, ya no estamos en coaliciones de gobierno”, recalca otra figura del partido.

Para el jefe de bancada de diputados DC en el inicio del periodo legislativo, Eric Aedo, “la DC va a jugar un rol de colaboración al gobierno, pero una colaboración autónoma, es decir, vamos a apoyar aquellos proyectos que estén encaminados a mayor justicia social, a desarrollo económico, y vamos a decir con mucha claridad aquellas cosas que no estemos de acuerdo”.

El expresidente de la DC Andrés Zaldívar sostiene que el partido debe actuar desde la vereda de la “independencia constructiva” y explica que “la DC está por los cambios, siempre que se hagan bien. La DC debe colaborar y aportar ideas para esos cambios que están pendientes, en salud, en educación, en vivienda, medioambiente, regionalización, pero tiene que hacerlo de forma independiente y para que se hagan de forma responsable”.

Sin embargo, en esa línea advierte que el partido “tiene que cumplir un rol de fiscalización y colaboración para que se ejecuten los cambios que el país necesita, y se hagan de manera responsable, con la gradualidad necesaria, sobre todo en materia de política fiscal, porque normalmente las crisis financieras afectan a las personas de menores recursos”.

Los futuros parlamentarios han descartado cualquier relación formal con el Ejecutivo, y esperan tener una relación institucional con el mismo y evitar lo que ha sido un gran dolor de cabeza para la colectividad en gobiernos anteriores: el “pirquineo” de votos. Es decir, que sus parlamentarios no actúen con unidad y desde La Moneda negocien votos individuales para apoyar o rechazar ciertas iniciativas legales.

“Sabemos que si hay pirquineos de parte del gobierno, no valemos nada”, sostiene otra figura.

Para el expresidente del partido y actual convencional constituyente Fuad Chahin, “hoy día la DC tiene la gran oportunidad de perfilarse como un partido con autonomía, con carácter, con personalidad, colaborador con el gobierno, pero de pie, no de rodillas”.

“Espero que la DC tenga una sola voz. La DC y ningún partido debe actuar de acuerdo a proyecciones o liderazgos personales. Debe actuar unida, salvo en algunas cosas particulares en que se pueda dar libertad de acción. Esa va a ser una tarea muy importante entre la directiva del partido y los parlamentarios”, añade Zaldívar.

En el partido sí parece haber una coincidencia transversal: no habrá política de alianzas con la derecha. No obstante, hay algunos que plantean que debe haber una mayor predisposición a hablar con los partidos de ese sector, aunque el foco esté en la centroizquierda.

Cómo enfrentar el aislamiento

¿Y cómo sobrevivir desde el aislamiento? Sin formar parte del gobierno, sin tener en el futuro una posible alianza política, en la DC ya apuntan a los factores claves para que la colectividad, con 65 años de historia como tal, no pase a la intrascendencia y continúe un camino hacia la baja.

Para el expresidente de la colectividad, Ignacio Walker, “ante la nueva hegemonía del Apruebo Dignidad en el gobierno y la Convención, la DC tiene la gran oportunidad y el desafío de contribuir a restablecer los equilibrios políticos. Tiene que hacerlo desde el centro reformista que es, sin complejos y con personalidad, en la perspectiva de una recomposición del espacio de la centroizquierda que ha quedado como un casillero vacío en la política chilena”.

Efectivamente, varios apuntan a que tomar la senda del “centro político” es el camino. No son pocos los que ven la posición actual de la Democracia Cristiana como “una oportunidad” o “un buen pie” para iniciar una reestructuración del mismo.

Para Chahin es necesario que el partido tenga un perfil propio, nítido y con claros liderazgos territoriales. Además, sostiene que la DC “tiene que sacar adelante la tarea interna de redefinición política-programática y de modelo de partido, que yo creo que es una tarea que nosotros iniciamos con el Congreso Ideológico, pero que no pudimos concluir, porque eso es fundamental. La indefinición es algo que mata a la DC”.

En esa línea, en el partido apuntan a que se “gastaron muchas energías en la política de alianzas” durante años y se dejó de lado la necesidad de repensar al partido para el siglo XXI.

Para Zaldívar, el aislamiento no debiese ser un gran problema, “estas cosas son transitorias, los gobiernos tienen duraciones, las posibilidades de alianzas tienen duraciones”.

En lo que sí coinciden todos es en que la relación de la directiva de la DC con sus bancadas y que la coordinación de los parlamentarios de ambas cámaras será clave para el fortalecimiento de la colectividad y que se debe dejar de lado en estos cuatro años la lucha interna entre las supuestas “dos almas” del partido.

Varios advierten que pueden dar la sorpresa.

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