Política de Covid Cero de Xi agota a extranjeros y gatilla éxodo desde China

Un trabajador sanitario en un edificio en cuarentena en Beijing. Foto: Reuters.

Hartos de las cuarentenas y de la estricta política sanitaria china, son muchos los expatriados que han decidido dejar sus negocios y trabajos para volver a sus países o continuar migrando.


“China era mi hogar, y lo ha sido durante 11 años. No tenía intención de irme: fue estrictamente el modo en que lidiaron con las cuarentenas”. Con esas palabras Belinda, una ciudadana norteamericana, expresaba a ABCNews el gran motivo que la llevó a dejar Shanghai y volverse a Estados Unidos.

La pandemia del covid está a punto de cumplir tres años, pero las cuarentenas en el gigante asiático siguen igual y más estrictas que en un principio. Mientras en el resto del mundo las mascarillas parecen algo del pasado, los extranjeros en China miran con frustración –desde sus piezas– que el encierro da para largo en el país que eligieron como hogar.

La salida de los extranjeros en China no es algo nuevo: si en 2010, 208 mil extranjeros vivían en Shanghai, la cifra cayó a 163 mil en 2020, según cifras oficiales. En la capital, Beijing, la caída alcanza un 40% en el mismo periodo. Sin otras cifras estatales, se espera que esa salida se haya acelerado durante la pandemia.

Un niño usando mascarilla y andando en scooter pasa por el lado de un trabajador sanitario en Beijing. Foto: AP.

Ya de antes, a causa del creciente deterioro de las relaciones entre China y Estados Unidos, existía una tendencia: cada vez más empresas de origen chino que de a poco se instalaron o registraron en Singapur. Dos de los ejemplos más relevantes de esto fue la tienda online Shein y el fabricante de autos eléctricos Nio.

La ciudad isla, conocida por su alto nivel de vida, se ha vuelto en los últimos años un “refugio” para los millonarios”. Dominic Volek, que asesora a millonarios para mudarse al extranjero, contó a RFI al respecto: “Se espera un flujo récord de millonarios en 2023. Singapur es claramente un país que atrae, especialmente a los chinos. Y no sólo para transferir fondos, crear una oficina familiar o abrir una cuenta bancaria. Porque cuando transfieren su dinero allí, siguiendo un determinado protocolo, pueden establecerse con su familia y aprovechar el excelente sistema educativo de Singapur, su sistema sanitario y su clima.”

Residentes esperan en una fila por un test rutinario de Covid 19en Beijing. Foto: AP.

Andrew es inglés, y está preparando sus papeles para irse de Shanghai. “Vine a China porque quería explorar, trabajar y viajar cuanto pudiera, y eventualmente empecé a hacer eventos. Ya llevo una década acá”, comentó a La Tercera.

Cuenta que uno de los mayores temores que tiene es el de terminar en un “campo de cuarentena”. “He estado viviendo esto con paranoia un poco, me aterra eso. Durante la cuarentena, tuve que depender de las porciones de comida que había en mi empresa, porque no se podía conseguir de otra manera. Mi mascota casi muere de hambre porque era imposible conseguirle comida, pero felizmente lo conseguí. Escuché de muchas otras personas que vieron a sus mascotas morir lentamente”, cuenta Andrew.

Javier se instaló en China hace casi 12 años, pero ahora está en Europa. De origen chileno, compartía el miedo de ser enviado a los “campos de cuarentena: “Son gimnasios gigantes con camas, sin duchas, y tengo amigos que me han mandado videos desde allí, las condiciones no son aceptables para una persona, encuentro”, señaló a La Tercera. Al igual que Andrew, el chileno temía por sus animales.

En un principio, tuvo que estar confinado como todo el mundo, los primeros dos meses y medio del 2020. Pero después se produjeron muchas cuarentenas intermitentes, que terminaron de colmar su paciencia. “Ahí entre medio, me encerraban 2 a3 días si el comité sospechaba que alguno del edificio había estado en contacto cercano con otro contacto de alguien que habia tenido el virus. Cada mañana tenía que bajar y ver si estábamos encerrados o no”.

“Habían rumores que andaban dando vuelta, de que si a alguien lo pillaban con covid, le mataban a los animales. Era una cosa que estresaba, por mis gatos, porque si me encontraban positivo, me mandaban también a otra parte y no sabía quién alimentaría a mis gatos. Por suerte, nos pusimos con de acuerdo con vecinos, y dijimos que si a alguno lo llevaban a un campo, al menos entre nosotros nos cuidaríamos a los animales”, comenta Javier.

Un trabajador sanitario cruza una calle en Shanghai. Foto: Reuters.

Según Andrew, las restricciones están volviendo China un lugar peligroso para vivir. “En cualquier momento te pueden poner un código rojo, y una regla puede cambiar y significa que te tienen que llevar. El gobierno le ha ido poniendo código rojo en muchas ocasiones a personas por protestar o rebelarse. Es obvio que el sistema de códigos, en un inicio sanitario, está ahí para controlar oponentes políticos, más que para proteger a la gente del Covid”, dice el ciudadano inglés.

Un poco antes de irse a Europa, Javier recibió una llamada de su comunidad de vecinos señalando que un amigo suyo había cambiado a “código rojo”. “Tenía que hacerme un test en el mismo día o me iban a cambiar el código a rojo, y no iba a poder hacer ninguna actividad afuera de mi casa, incluyendo volar”.

Una de las cosas que más le molestaba a Javier respecto a las reglas puestas por el gobierno chino, tiene que ver con la arbitrariedad con que son interpretadas: “Un comité de vecinos puede interpretar las cosas de una manera, el otro comité de otra. Te podían mandar a un campo de covid, donde hay que ir una semana, y eso pasó en mi edificio. En un momento teníamos que hacer test que luego nos vendrían a buscar, y así todos los días durante tres días. Yo preguntaba entonces: ¿qué pasa si sale negativo? ¿Podemos salir, respirar? Y ellos me decían que no. ¿Entonces cuál es el punto hoy si nos haremos otro mañana? Y nadie te decía por qué. Lo ilógico de los procedimientos era algo que estresaba”.

Esta diferencia de aplicaciones terminaba impidiendo la movilidad de todo el mundo: “Al final no sabes cuales son las reglas, y tienes que estar pendiente que no te te topes con un comité menos ‘inteligente’ que te encierre por nada. Incluso te puede pasar yendo a visitar a un amigo. Tengo amigos que los encerraron en la oficina, ¡por 72 horas! Sin comida sin cama….”

Para Belinda, el punto de quiebre fue el agua. “Luego de un mes, cuando ya no podíamos pedir agua, fue cuando mi esposo y yo decidimos irnos. Ambos habíamos firmado contratos para quedarnos al menos un par de años más, pero el no ser capaz de ordenar comida o agua fue demasiado para nosotros”, indicó la norteamericana.

“Yo quería pasar el resto de mi vida en China. Pensé que las cosas volverían a la normalidad en un año, pero en cambio, China dobló la apuesta e introdujo estas cuarentenas barbáricas. La gente muere de hambre, de falta de medicinas vitales, se suicida. Es como si al gobierno no le importase nada, excepto que no mueras de Covid”, comenta por su parte Andrew.

Recordando también la época de las Cuatro Plagas, cuando el gobierno chino fomentó el exterminio de gorriones en su territorio, lo que provocó una gran hambruna en los años sesenta, el inglés comenta: “Es la misma actitud, en este caso, Xi todopoderoso debe tener la razón. Si la lógica y la ciencia dicen lo contrario, entonces son la lógica y la ciencia quienes se equivocan”.

Un hombre sostiene un papel blanco en una protestas contra las restricciones por el Covid. Foto: Reuters.

Respecto a las protestas que han tenido lugar esta última semana, Javier se muestra sorprendido: “En mis doce años nunca había visto protestas, pero creo que esto está siendo bastante fuerte para los chinos, que en general acatan lo que dice el gobierno. Ver un numero tan grande de personas en las calles es bastante increíble. Ahora que ya relajaron un poco las políticas por esto, puede que la gente se empiece a dar cuenta por lo mismo. También puede ser que la policía se ponga más violenta, el tema es preocupante. Da un poco de esperanza, de todos modos”.

Andrew, por su parte, fue a las protestas el primer día en Shanghai. “Ví manifestantes pacíficos, y ninguno recurrió a la violencia. Ví, sin embargo, muchos videos de las golpizas que propinó, tanto durante como después de los arrestos. Los simpatizantes del gobierno culpan a las ‘hostiles influencias extranjeras’, una idea desde ya racista que hace ver como si no fueran los chinos los actores en esto”, señala el inglés.

Según él, la juventud china ve estos últimos años de manera muy pesimista. “Los jóvenes en China ya no están pudiendo sacar pasaportes o dejar el país, están viendo como la economía se estanca, y ven como el futuro se les está robando. Están viendo gente que, literalmente, muere a causa del Covid Cero. No hay duda de por qué todas estas manifestaciones en esta ciudad son lideradas por estudiantes”, asegura.

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