Artemis I: La misión que nos llevará nuevamente a pisar la luna

Artemis I.

Los primeros días de septiembre, el poderoso cohete SLS, de la misión Artemis I, debería despegar de la Tierra y concretar su llegada a la órbita lunar. Es un viaje sin tripulantes, que busca determinar el camino y las formas que deberán seguir las siguientes exploraciones, que sí llevarán astronautas en la nave. “Sería nuestro primer trampolín. Es mucho más fácil salir de la Luna, porque tiene menor gravedad. Desde ahí se pueden hacer misiones a Marte, a los asteroides, misiones tripuladas”, explica el director del Instituto de Astrofísica de Universidad Andrés Bello, Dante Minniti, quien grafica así la importancia de esta misión.



Su lanzamiento falló el lunes 29, pero se espera que en esta segunda ventana -el sábado 3 de septiembre a las 14,17 h- los astros se alineen y el megacohete SLS (Space Launch System) pueda despegar sin dificultades desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, en dirección a la Luna. Después de 50 años, a nuestro satélite natural de nuevo.

Nadie pisará la Luna en esta oportunidad porque se trata del primer viaje de prueba de la misión Artemis. Por eso en esta fase se le llama Artemis I. El lunes pasado, la primera fecha dada para su lanzamiento, se produjo un problema porque uno de sus motores no pudo alcanzar el rango de temperatura adecuado para el despegue. Tampoco el tiempo ayudó: hubo precipitaciones y relámpagos en Florida. Si algo por el estilo vuelve a pasar, hay una tercera fecha: lunes 5 de septiembre. Después de todo, y como dijo el presidente John Kennedy cuando anunció que llegarían a la Luna, en 1962, siete años antes de que la pisaran Neil Armstrong y Buzz Aldrin, “Hemos decidido ir a la Luna en esta década y hacer otras cosas no porque son fáciles, sino porque son difíciles”.

En su cima, el cohete lunar llevará la cápsula Orión, donde deberían ir los astronautas para desacoplarse después. Pero ningún humano irá ahí tampoco. En su lugar irán un maniquí vestido de astronauta, llamado Moonikin Campos, y dos torsos femeninos, Helga y Zohar. No es un dato anecdótico, por supuesto. Estarán ahí para medir diferentes variables, desde lo que ocurre con el uniforme del que pilota la nave hasta cómo reaccionan tejidos de cuerpos femeninos ante la fuerte radiación, entre otras cosas.

Nada ha quedado al azar. Porque si a fines de los 60 la meta era ganar la Guerra Fría, la carrera armamentista y también la espacial, esta vez el firme objetivo es regresar a la Luna y, quizás en la próxima década, tener armada ya una base permanente. Esa es la palabra que lo explica todo: ‘Permanencia’. Y desde ahí llegar lo más lejos posible. Marte, como principal conquista, y más allá.

Dante Minniti, director del Instituto de Astrofísica de la Universidad Andrés Bello (UNAB) e investigador también de CATA, señala que la importancia de esta misión radica en la posibilidad de explorar el resto del Sistema Solar. “Sería nuestro primer trampolín. Es mucho más fácil salir de la Luna, porque tiene menor gravedad. Desde ahí se pueden hacer misiones a Marte, a los asteroides, misiones tripuladas… desde la Luna se hace mucho más asequible la exploración del resto del Sistema Solar y del Universo”.

EL CAMINO A MARTE

El programa Artemis consta de varias fases. A la de estos días le seguirán Artemis II, en 2024, cuando la misión sí lleve cuatro tripulantes para orbitar la Luna, como se hará ahora. Y en 2025 vendrá Artemis III, probablemente la crucial, porque se volverá a pisar la superficie lunar y lo hará una mujer. Ella, además, viajará acompañada de una persona de color.

Para poder cumplir con estos propósitos resulta fundamental que todo esté bajo control en este próximo lanzamiento. El académico e investigador de la UNAB está optimista respecto del éxito de la misión y sobre un futuro cercano con seres humanos investigando en la Luna. “Es un plan bien ambicioso, que demora varios años y tiene varias etapas. Ahora estamos en la inicial, se diseñó este cohete superpoderoso para enviar a los astronautas a la Luna y, como fase primera, requiere un testeo bien clave, y eso están haciendo, chequeando que todo funcione. Claramente debían hacerlo antes sin astronautas, porque la idea es llevarlos después a salvo y traerlos de regreso. Ellos van a ir a órbita y luego van a entrar de vuelta, por eso hay que ver que todo marche perfecto, los paracaídas, el ingreso a la atmósfera a alta velocidad… Es una empresa bien compleja”.

Dentro de los intereses principales está Marte. Después de instalar una base con humanos en la Luna, la tarea clave sería la de ir tras el planeta rojo. Leidy Peña, astrónoma y divulgadora de la Universidad de Concepción, explica: “Luego de aprender sobre la Luna y sus alrededores se dará el próximo salto, que es enviar astronautas a Marte. Lo que se quiere ahora es enviarlos al polo sur lunar para encontrar y hacer uso del agua y de los recursos críticos que sean necesarios para la exploración a largo plazo y encontrar las tecnologías que se necesitan para misiones más largas como Marte, que pueden tomar hasta tres años de ida y vuelta”.

Aunque Marte esté en toda la literatura de las ambiciones espaciales, ¿por qué? Dante Minniti explica que ahí también es posible establecer una colonia humana permanente. “La Luna es muy agreste, no tiene atmósfera, por ejemplo. Habría que llevar aire propio, y eso se lleva en tanques líquidos. Marte tiene algo de atmósfera y a futuro es un planeta en el cual el ser humano podría sobrevivir con relativo poco riesgo. De todas maneras, no se puede sobrevivir sin traje en su superficie, porque es demasiado fría, la temperatura en promedio llega a unos 60 grados bajo cero, más frío que la Antártica. Así y todo, es el planeta menos agreste para los seres humanos”.

El viaje de Artemis I será de seis semanas. El 10 de octubre debería caer en el Océano Pacífico, frente a las costas de San Diego.

En 1972, Eugene Cernan y Harrison Schmitt, de la misión Apolo 17, fueron los últimos en pisar la Luna. Después todo se frenó. José Utreras, doctor en Astronomía de la Universidad de Chile y divulgador del Centro de Astrofísica CATA, señala varias justificaciones. “Una principal es el dinero. Ir a la Luna y proteger a los astronautas es muy costoso, porque primero necesitamos las condiciones para que sobrevivan el viaje; tienen que llevar nitrógeno y oxígeno para poder recrear aire y respirar en las cápsulas, necesitan comida, agua, y eso ya hace costoso el viaje, sólo por esos recursos. También requieren protección. Por eso siempre ha sido más fácil enviar robots, satélites, sacar fotos, y luego analizar todo desde la Tierra”.

Agrega, sin embargo, que el objetivo ahora es diferente: “No es simplemente la exploración espacial, sino la estancia permanente de la humanidad en otros lugares ajenos a la Tierra y también la idea de tal vez, en el futuro, convertir a la humanidad en una civilización que pueda viajar por el espacio, o por los planetas de al menos del Sistema Solar”.

Los esfuerzos en los programas de exploración hacia la Luna se retomaron durante el gobierno de Barack Obama y finalmente fueron definidos en la administración de Donald Trump. En 2019 lo rebautizaron como Artemis (o Artemisa, la diosa griega gemela de Apolo, quien dio el nombre a las misiones anteriores), porque era un hecho que debía poner sobre el satélite a la primera mujer.

Hoy, no sólo la Nasa o la Esa (European Space Agency) están involucradas en estas exploraciones, se incorporó también el mundo privado. “Los organismos encargados, de distintas naciones, se tornaron un poco burocráticos -dice Leidy Peña-. Pero acá estamos y ahora ha habido un avance tecnológico muy grande. Entró bien la empresa privada en la investigación espacial y tiene un gran impulso, porque se está viendo que puede tener retorno, puede ser lucrativa la exploración del espacio a futuro”.

¿Turismo espacial? El director del Instituto de Astrofísica de la UNAB lo ve con buenos ojos. “Sí, es una de las cosas que obviamente nos interesan a todos. A mí me encantaría darme una vuelta por el espacio. Al principio es carísimo, para multimillonarios, pero quién sabe si nuestros nietos podrán gozar de unas vacaciones en otro planeta en un futuro”.

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