Recuperar una casa chorizo

casa chorizo

Dos antiguas casas de principios del siglo XX, en las que convivían varias familias alojadas en habitaciones contiguas, fueron unidas y recicladas para conformar la vivienda de una pareja de filósofos.




"Ante todo quisimos mantener el espíritu de las casas originales, pero con un estilo de vida contemporáneo", dice Ignacio Montaldo, del estudio de arquitectura Moarqs, quien se encargó de llevar a cabo el reciclaje de esta antigua casa ubicada en el barrio porteño de Barracas.

En sus orígenes, la casa había sido dividida en dos típicas casas chorizo: una adelante y otra atrás. A esta última se accedía por un pasillo lateral.

Ambas casas, como todas las casas chorizo de principios del siglo pasado, contenían varias piezas unidas entre ellas por un patio o galería  –espacio infaltable en cualquier vivienda de este estilo–, en donde convivían distintas familias compartiendo baños y cocina.

Las casas chorizo, tan típicas de la arquitectura porteña, se caracterizaban por esta disposición de las habitaciones que estaban vinculadas una con otra a través de puertas internas y también con el exterior. La doble circulación que se generaba entonces –interna y externa– estaba basada en la lógica del patio central, en donde confluían todas las puertas de la casa.

"Si bien hoy no es posible pensar en unir habitaciones a través de puertas sucesivas, respetamos materiales, las formas de colocarlos, detalles constructivos y reciclamos todo lo que fuimos sacando para reutilizarlo", cuenta Ignacio.

"Decidimos demoler la casa de atrás, que era lo que estaba en peor estado, y de ese modo generamos el espacio para el jardín. En la casa de adelante se tiraron las paredes entre habitaciones pero se conservó la estructura: los marcos de puertas, las puertas, los pisos de pinotea, los calcáreos del patio, los postigones, las celosías, las molduras y los rosetones de los techos". Ignacio agrega que fue tal la voluntad de mantener los materiales originales, que como el cielo raso original se caía a pedazos, lo reconstruyeron con la misma técnica de la casa original y luego recolocaron los rosetones que adornan el techo a la vista. "Fue un trabajo muy meticuloso, pero queríamos a toda costa mantener la identidad original de la vivienda".

Con esta consigna, también generaron materiales nuevos que imitan los antiguos y originales. Tal es el caso de los calcáreos del patio (que fueron hechos por un taller artesanal) y de las aberturas que dan al jardín, que se compraron en una demolición y se adaptaron para ser similares a las originales de la casa.

Asimismo, los muebles de cocina, la escalera y la pantalla que recubre la escalera son de madera de pinotea recuperada de la demolición de la casa de atrás.

Por su parte, el piso de pinotea de la casa de adelante se levantó íntegramente para la reestructuración de la casa y después se recolocó respetando la cámara de aire original para mantener el sonido hueco que genera ese tipo de instalación utilizada a principios del siglo pasado. "Se hacía de esa forma para aislar la casa de la humedad natural del terreno. Hoy en día esa técnica no se usa más, ya que hay productos para generar aislación y la madera se coloca directamente sobre la carpeta", explica Ignacio.

El segundo piso de la casa, donde están los dormitorios y la terraza, fue incorporado durante la obra. La idea de construirlo con arquitectura moderna, para contrastar con la arquitectura original, fue absolutamente consciente. "Queríamos lograr un efecto diferenciador", concluye Ignacio.

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Ideas que inspiran. Una tipología clásica en la arquitectura porteña recuperada y traída a la actualidad.

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