Adoptados irlandeses podrán acceder a registros de sus familias que estuvieron por décadas bajo secreto

Entrada a donde estuvo ubicada la casa de madres e hijos de Tuam. Foto: AFP

Luego del escándalo desatado por instituciones religiosas que presionaban a mujeres solteras a dar sus bebés en adopción, los irlandeses van a tener el derecho a saber sus datos de nacimiento verídicos y contactar a sus familiares biológicos.


En un país donde las madres solteras fueron presionadas durante décadas para que renunciaran a sus bebés, la decisión tomada por Irlanda ha sido calificada como un paso potencialmente trascendental. Las autoridades abrieron un servicio online para que decenas de miles de personas que fueron adoptadas o dieron niños en adopción allí puedan acceder a su información de nacimiento, luego de años de secretismo y casos de separaciones forzadas de madres e hijos, en el contexto de los “Mother and Baby Homes”, orfanatos religiosos que albergaron a mujeres solteras embarazadas y sus bebés durante gran parte del siglo XX.

Para las decenas de miles de personas adoptadas en el país, incluyendo no solo a los hijos sino también a los padres adoptivos, esta información estuvo guardada bajo llave. Ahora, desde donde sea que vivan, los irlandeses tendrán derecho a conocer los nombres de sus “madres de nacimiento”. El servicio incluye también una posibilidad de “rastreo”, que permite a quien lo desee conocer y contactar a sus familiares perdidos.

La iniciativa presentada la semana pasada le da 30 días al Estado para responder la solicitud de información, y por el momento los activistas de los derechos de la adopción esperan para ver cómo se instalará el sistema. De todos modos, hay esperanza de que este sea un paso significativo en el reconocimiento al doloroso legado de maltratos sufridos por las madres solteras y sus hijos durante el siglo XX.

Monjas, madres y bebés en el orfanato de la localidad de Tuam, en Irlanda.

Toda esta historia empieza con el escándalo de los “Mother and Baby Homes” (hogares de madres y bebés), cuando en 2012 la historiadora local de Tuam, Catherine Corless, se puso a investigar un orfanato religioso y halló centenares de certificados de bebés y menores muertos, enterrados en alcantarillas entre 1925 y 1962. Así, se descubrió el trato inhumano que se le daba a madres solteras e hijos, y luego de hacerse público en 2014, se inició la Comisión para la Investigación de Casas de Acogida, que durante años buscó en otras instituciones en el país.

A pesar de la oposición velada, tanto de las iglesias como del Estado, el reporte terminó revelando una tenebrosa verdad: cerca de 9.000 niños, un 15% de los 57.000 investigados en cerca de 18 instituciones, habían muerto entre 1922 y 1998. Durante décadas, cientos de mujeres y niñas embarazadas fueron confinadas en estos hogares, administrados por la Iglesia, donde se les presionaba para que dieran a sus hijos al nacer. La comisión descubrió en 2021 las pobres condiciones de vida en aquellas casas, una alta tasa de decesos y abusos.

La mayoría de las muertes, señala la investigación, fueron consecuencia de infecciones respiratorias y de gastroenteritis. A pesar de que, en los medios de comunicación irlandeses, se ha hecho referencia en numerosas ocasiones a posibles casos de malnutrición.

Si por un lado están los bebés muertos, por el otro están los miles de irlandeses que hasta el momento sabían que eran adoptados, pero no tenían información sobre las condiciones en que sus madres los daban en adopción. En 2018 se descubrió que muchos certificados de nacimiento fueron falsificados, en miras a hacer creer a los hijos que sus padres adoptivos eran biológicos. En este caso específico, que afecta a 126 personas, el afectado más joven tiene 49 años, y el mayor, 72.

Carmel Larkin, sobreviviente del hogar de Tuam, en el lugar donde se conmemora a los muertos del orfanato.

Las protestas de víctimas y de distintas organizaciones ha obligado, finalmente, a que el gobierno irlandés abra estos expedientes para así conocer la identidad de las madres biológicas, aún cuando algunas no quieren que se sepa, o se conozcan las circunstancias de la adopción.

Según la Autoridad de Adopciones de Irlanda, en los primeros tres días de puesto a andar el servicio, ya se recibieron más de mil solicitudes. El último mes, en tanto, 16.634 personas adoptadas, padres biológicos y familiares registraron su deseo de ser contactados. Menos de 400 personas manifestaron su rechazo a ser ubicadas.

Patricia Carey, la jefa ejecutiva de la Autoridad de Adopciones, declaró a The New York Times: “En el pasado, había una vergüenza respecto al nacimiento y la adopción, pero hoy la gente está más dispuesta a ver que, al enfrentarlo, eso acaba con la vergüenza, porque en realidad no hay nada de lo que avergonzarse”.

Algunas de las personas solicitando esta información, sin embargo, puede que no encuentren nada en esta plataforma. El marco legal de adopciones en Irlanda se puso en marcha en 1953 y hasta el momento apunta a que más de 48 mil personas han sido adoptadas en el país. Sin embargo, se estima que decenas de miles de personas ya habían sido adoptadas informalmente antes, siendo algunas registradas ilegalmente, al nacer, como hijos de sus padres adoptivos.

Cartel a la salida del lugar donde estuvo el "Hogar de Madres e Hijos" de Tuam, que dice "En memoria de aquellos que fueron enterrados acá, descansen en paz".

Otra de las cosas que los activistas por los derechos de la adopción miran con insatisfacción es el desbalance entre madres biológicas e hijos: ellas solo recibirán información si su hijo se ha registrado como alguien que quiere ser contactado. Por el otro lado, aún si la madre solicita no ser contactada, los adoptados pueden recibir su certificado de nacimiento con el nombre de la madre biológica, ya que tienen derecho a la información personal.

Por el momento, también se está preparando una página web como parte del memorial a todas las personas que sufrieron y murieron en los “Mother and Baby Homes”, y en otros dos tipos de instituciones similares: las “escuelas industriales”, mezcla de orfanatos y prisiones juveniles que reclutaba a niños de sus casas; y las llamadas “Lavanderías de las Magdalenas”, negocios administrados por la Iglesia donde se confinaba a niñas y mujeres “conflictivas” a trabajar sin pago.

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