Ataques en Sri Lanka desnudan fallas de seguridad y críticas apuntan al gobierno

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Soldados de Sri Lanka montan guardia tras la explosión de un auto, en Colombo.

Diez días antes de los atentados terroristas del domingo, el país recibió alertas de posibles ataques del grupo islámico radical National Thowheeth Jama'ath contra iglesias. El estado de emergencia por las explosiones que dejaron 290 fallecidos, mantenía a los militares en las calles en medio de un toque de queda. Equipos del FBI e Interpol llegaron a la isla.


"Información de un supuesto plan de ataque". Ese era el título del filtrado memorándum confidencial de seguridad enviado por un alto oficial de la policía de Sri Lanka a sus jefes, el pasado 11 de abril, donde alertaba sobre posibles ataques del grupo islámico radical National Thowheeth Jama'ath (NTJ). Así, al menos 10 días antes de las ocho explosiones perpetradas simultáneamente el domingo contra cuatro hoteles y tres iglesias de la paradisíaca ciudad costera de Colombo, que dejaron 290 fallecidos y 450 heridos, las agencias de seguridad ya estaban al tanto de la inminente amenaza. La tragedia, de este modo, dejó al descubierto las fallas de seguridad y las extendidas conexiones de grupos extremistas por el mundo.

"Nombres, direcciones y números de teléfonos" de sospechosos, eran parte de la información que Sri Lanka manejó durante los días previos a las explosiones suicidas que aterraron al país insular, cuya capital es Sri Jayawardenapura Kotte. Según el diario The New York Times, el 4 de abril India informó a su aliado sobre la posibilidad de ataques contra iglesias por parte del NTJ y su líder, Mohammed Zaharan, un extremista reconocido por publicar en internet mensajes de odio y del que se desconoce el paradero. Por ello el grupo, surgido en 2015 tras ataques contra musulmanes, fue puesto bajo vigilancia. En enero, cuando la policía investigaba la destrucción de varias estatuas budistas -acción vinculada al NTJ-, encontraron un depósito al noreste del país con más de 100 kilos entre armas, explosivos, detonadores y propaganda religiosa. Esto significó varias reuniones del Consejo de Seguridad Nacional de las que, sin embargo, no habrían participado ni el primer ministro Ranil Wickremesinghe, ni el ministro de Defensa Ruwan Wijewardene, lo que generó críticas contra el gobierno.

"Inteligencia nunca indicó que iba a ser un ataque de esta magnitud. Hablaban de incidentes aislados. Además, no hay ninguna emergencia en este país. No podemos pedir a las FF.AA. que vengan y ayuden, ya que solo podemos depender de la policía", dijo el secretario del Ministerio de Defensa, Hemasiri Fernando.

Militares a las calles

El país de 21 millones de habitantes despertó hoy en alerta. En medio de un toque de queda y el cierre de escuelas hasta el miércoles, más de 1.000 militares en las calles continuaban hoy buscando artefactos explosivos tras asumir nuevos poderes producto del estado de emergencia: detener, interrogar y mantener por más de 24 horas a sospechosos en custodia.

Según el diario local Daily Mirror, el FBI e Interpol desplegaron equipos de investigación en la isla. Hasta hoy, al menos 26 personas fueron detenidas por vínculos con el NTJ los que serán investigados, mientras se comienza a desentrañar el modus operandi de la matanza.

Las autoridades confirmaron que en al menos tres de los hoteles de lujo atacados (Shangri-La, Cinnamon Grand y The Kingsbury), los atacantes suicidas se registraron con el mismo nombre y número de identidad, haciéndose pasar como turistas hasta el momento de los ataques.

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