Brasil y el fantasma de 1989

Jair Bolsonaro, Fernando Haddad y Ciro Gomes.

La distribución en tres tercios de las intenciones de voto de cara a las elecciones de octubre se asemeja a la observada previo a los comicios de 1989, que ganó Fernando Collor de Mello. Hoy el líder en los sondeos, el ultraderechista Jair Bolsonaro, exhibe un apoyo similar. Sin embargo, el alto nivel de sufragio blanco y nulo puede marcar la diferencia.


A dos semanas de la primera vuelta presidencial en Brasil, la última encuesta de Datafolha apunta a que el escenario actual es uno de los más disputados tras el regreso a la democracia en el país. Por primera vez desde la elección de 1989, la primera con voto directo desde el fin de la dictadura, el líder de los sondeos tiene menos de 30% de las intenciones de voto. Y no solo eso. El electorado aparece dividido en tres conjuntos casi iguales.

En una columna publicada en el diario Folha de Sao Paulo, Mauro Paulino y Alessandro Janoni, director general y director de encuestas de Datafolha, respectivamente, desglosan el último sondeo de la compañía. Así, destacan que hoy casi un tercio de los brasileños apuesta por “un líder de derecha, de discurso beligerante, conservador y antipetista”, representado por el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, que tiene un 28% de respaldo. Un porcentaje similar (31%) lo captan candidaturas “inclinadas a la izquierda, más liberales en comportamiento, no tanto en economía y con fuerte apelación a la inclusión social”, en otras palabras, las de Fernando Haddad (PT), Ciro Gomes (PDT), Vera Lucía (PSTU) y Guilherme Boulos (PSOL). El 36% restante, destacan los encuestadores, “evita la polarización, ya sea optando por candidatos de centro o votando en blanco o nulo”.

Esta distribución de las intenciones de voto recuerda, en opinión de Paulino y Janoni, a la que se producía en 1989 y en las elecciones previas. Ello, porque en todos los comicios posteriores, el líder de la encuesta de Datafolha tenía, en el período equivalente, por lo menos el 40% de las preferencias.

A tres semanas de los comicios de 1989, Fernando Collor de Mello conseguía el 26% de las preferencias. “Cerca de un tercio estaba a favor del discurso antipetista y contra la corrupción”, explica Janoni a La Tercera. “El Collor de esa época es el Bolsonaro de ahora”, agrega.

“Otro tercio se dividía entre candidaturas fuertes de izquierda, representadas por el PT y PDT (hace 30 años Lula da Silva y Leonel Brizola eran lo que Haddad y Ciro hoy) y el resto se diluía en partidos hacia el centro, con baja performance del candidato de mayor tiempo en la televisión (Ulysses Guimarães, del PMDB, es el Geraldo Alckmin de ahora)”, comenta Janoni.

Folha pone de relieve que la última encuesta de Datafolha apunta precisamente “a la anemia de las candidaturas asociadas al centro del espectro ideológico, que oscilaron hacia abajo o se mantuvieron estancadas en relación al sondeo anterior”. Entre los candidatos de centro se cuentan a Marina Silva (Rede), Geraldo Alckmin (PSDB), João Amoêdo (Novo), Henrique Meirelles (MDB) y Alvaro Dias (Podemos), que juntos suman un 24% de las preferencias. “Hoy, Bolsonaro es el candidato que mejor consigue personificar el antipetismo, lo que acaba atrayendo a electores del centro”, dice Janoni.

Pero el director de encuestas de Datafolha destaca que una de las grandes diferencias respecto a 1989 tiene que ver con “el porcentaje de los que quieren votar en blanco o anular el voto”. Hace 30 años ese índice era de 2% y hoy llega al 12%, un “récord histórico para el período correspondiente”. Además, el 60% de los que votarán en blanco o nulo dice que no cambiará su opinión.

Para Paulino, el alto índice de intenciones de voto nulo o blanco -y de convicción- revela una “manifestación de descontento de los votantes, de no sentirse contemplados por la oferta de candidatos y de partidos que está ahí”. Un escenario, que según Folha, favorece al candidato que está liderando, ya que disminuye el universo de los votos válidos y, por consiguiente, el número de votos necesarios para pasar a la segunda vuelta o para ser elegido en primera vuelta.

De ahí que los bolsonaristas ya sueñen con un escenario similar al protagonizado por Fernando Henrique Cardoso, en 1998. En esa ocasión, el tucano fue reelecto con el 43% del total de los votos contra el 26% de Lula (PT) y el 9% de Ciro Gomes (PPS), justamente porque la tasa de blancos y nulos llegó a 19%.

Pero Janoni explica que se requiere “una combinación de factores” para que se repita ese escenario. “Bolsonaro tendría que crecer significativamente (más del 42% de las intenciones de voto al menos) y los votos blancos y nulos deberían aproximarse o sobrepasar el 20%”, comenta a La Tercera. “Hoy, Bolsonaro tiene una franja de variabilidad de su voto que va del 25% al 32%. A largo plazo, su techo podría llegar al 42%. La gran duda es si tendrá tiempo suficiente para explotar ese potencial”, agrega.

A pesar de liderar las encuestas, la alta tasa de rechazo de Bolsonaro (44%) puede ser su principal obstáculo en un eventual balotaje. El portal brasileño UOL recuerda que Collor tenía un rechazo del 29% y cayó en las encuestas cerca de la elección. Sin embargo, acabó siendo elegido en 1989, si bien en 1992 renunció en el marco de un proceso de impeachment por corrupción. Y UOL agrega otro dato no menor: nunca un candidato que estuvo a la cabeza de los sondeos a menos de un mes de la votación dejó de ser elegido.

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