El impulso de la pandemia para la campaña de Ardern

Jacinda Ardern se toma fotos con simpatizantes durante un acto de campaña en Auckland.

Con 15 puntos de ventaja en los sondeos, la premier de Nueva Zelandia se aseguraría una reelección en los comicios de mañana. Una de las claves de su popularidad es la gestión de crisis: el Covid-19 y ataques terroristas. Eso sí, deudas con la pobreza infantil y la vivienda le juegan en contra.




“Estamos en este trabajo por privilegio y no por derecho. Nunca doy por sentado este trabajo; siempre pueden estar seguros de que lo daré todo”, señaló, firme, la primera ministra de Nueva Zelandia, Jacinda Ardern, este jueves en el último debate presidencial previo a las elecciones de este sábado.

Ardern, de 40 años, ha ganado reconocimiento mundial como líder este año por su aplaudida gestión frente a la pandemia. Las encuestas le dan una ventaja de 15 puntos al Partido Laborista de Ardern, por sobre el Partido Nacional, con la candidata Judith Collins al frente.

Es su impresionante gestión de crisis lo que le ha permitido mantenerse como la favorita en el país de 4,9 millones de habitantes. Dos importantes crisis en sus tres años de mandato: el ataque terrorista contra dos mezquitas en Christchurch, que terminó con la vida de 51 personas, en marzo de 2019; y la pandemia de Covid-19. Nueva Zelandia ya se ha declarado dos veces libre del virus, mientras la mayoría de los países atraviesa con preocupación la segunda ola de contagios.

“Antes de la pandemia, el Partido Nacional iba primero en las encuestas y el Partido Laborista detrás. El gobierno de Jacinda Ardern actuó con decisión para hacer frente a la pandemia, demostrando una determinación inquebrantable de mantener a los neozelandeses a salvo, seguros y vivos. Se implementaron cierres fronterizos y cierres comunitarios, y la primera ministra, a diario, se comunicaba con los medios de comunicación y el público, de manera efectiva, explicando qué se estaba haciendo y por qué, con información basada en hechos de asesores científicamente creíbles”, explicó a La Tercera el analista político de Victoria University of Wellington, Stephen Levine.

El público siguió las recomendaciones del gobierno sobre el distanciamiento social, el rastreo de contactos, el lavado de manos y el uso de mascarillas. “Si (Dios no lo quiera) el país hubiera sufrido más extensamente como resultado del Covid-19 -si el gobierno no hubiera podido controlar efectivamente la transmisión de este virus- entonces sin duda la credibilidad de la premier, y la popularidad de su gobierno se habría reducido significativamente (con un resultado electoral muy diferente)”, asegura Levine.

Ardern eliminó todas las restricciones de coronavirus la semana pasada después de una segunda serie de bloqueos y medidas para eliminar la transmisión de Covid-19.

La encuesta Vote Compass de TVNZ preguntó a los neozelandeses: “¿Quién haría un mejor trabajo en términos de manejo de la pandemia Covid-19?”. El 64% dijo que Jacinda Ardern y el 20% optó por su rival, Judith Collins.

Las deudas de Ardern

Pese a su popularidad, Ardern sabe que su gobierno no ha logrado cumplir con todo lo prometido, algo que ella ha reconocido, como el costo de la vivienda y la pobreza infantil.

“Debajo de la aparente popularidad hay una gran decepción porque Ardern no cumplió con la pobreza infantil y de vivienda, incluido el abandono de la promesa de introducir un impuesto a las ganancias de capital, que su política insignia Kiwibuild fracasó gravemente, e incluso la Ley Cero Carbono que se aprobó es demasiado débil para tener demasiado impacto. Esto decepcionó a sus partidarios y votantes preocupados por la asequibilidad de la vivienda”, detalló a La Tercera Jennifer Lees-Marschment, experta en liderazgo político de la Universidad de Auckland.

Ardern había prometido terminar con la pobreza infantil, puesto que Nueva Zelandia tiene una de las peores tasas de pobreza y mortalidad infantil del mundo desarrollado, ubicándose en el puesto 35 de 41 países en un ranking realizado por UNICEF. “Su reconocimiento de esto ha tomado la forma de describir estas promesas como ‘ambiciosas’ y ‘aspiracionales’”, apunta Levine. De todas formas, la premier ha insistido en que necesita más de un periodo en el poder para cambiar el status quo y reparar décadas de abandono en vivienda, transporte y medio ambiente.

Pero además de estas deudas, que espera atender en un próximo mandato, la crisis sanitaria le suma un nuevo reto: manejar la crisis económica a largo plazo de la pandemia. Para el 29% de los votantes, la economía es la principal preocupación para estas elecciones, un aumento de 11 puntos en comparación a 2017.

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