Representante regional de la ACNUR para el sur de América Latina: “La protección de fronteras no es incompatible con las necesidades humanitarias”

Venezolanos en Tumbes, en la frontera de Perú con Ecuador, en su travesía por la región.

En entrevista con La Tercera, Juan Carlos Murillo destaca que la respuesta de la región frente a la migración venezolana ha sido “sumamente generosa”. Sin embargo, advierte que “tenemos grandes desafíos”, ya que “el éxodo se va a acrecentar”.


Más de cinco millones de venezolanos habrán emigrado de su país hacia fines de este año, según cifras de Naciones Unidas si la situación actual se mantiene. Se trata del mayor movimiento migratorio en la región. Pero Centroamérica, por su parte, también ha visto a miles de ciudadanos del Triángulo Norte emigrar hacia Estados Unidos, a través de México, por las crecientes amenazas del crimen organizado. En 2018, 29.600 migrantes solicitaron refugio en México, país de tránsito y destino (2.136 en 2014). Dos fenómenos que hoy desafían las políticas migratorias de los países de la región. Los Estados han respondido con generosidad y solidaridad a las oleadas migratorias, según sostiene en esta entrevista con La Tercera el representante regional de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) para el sur de América Latina, Juan Carlos Murillo. De todas formas, este creciente flujo se mantendría puesto que Murillo asegura que “no hay perspectivas a corto y mediano plazo de que se encuentre una solución que permita a las personas no tener que tomar la decisión de abandonar sus países”.

¿Cómo cree que ha respondido la región a la migración venezolana?
La respuesta de la región, en particular de América Latina y el Caribe, ha sido sumamente generosa, en un contexto en el cual se trata de los movimientos poblacionales más grandes en la historia reciente de la región. Tenemos que reconocer que nos movemos en un contexto político difícil en la medida que atendemos las consecuencias humanitarias de quienes salen, pero no hay perspectivas a corto y mediano plazo de que se encuentre una solución que permita a las personas no tener que tomar la decisión de abandonar sus países. Con esto quiero decir que la situación en términos políticos, socioeconómicos, de DD.HH., en Venezuela hace que las personas tomen la decisión de abandonar su país. La respuesta de la región ha sido muy generosa, pero obviamente tenemos grandes desafíos.

¿Se espera que este flujo migratorio aumente para este año en la región?
Sobre la base de las perspectivas y las estimaciones hechas por las distintas agencias de la ONU, pero también de otros sectores humanitarios, se espera que con un ritmo de más de 5.000 personas saliendo cada día de Venezuela, para finales de 2019 tengamos aproximadamente 5,2 millones de personas migrantes y refugiados que provengan de Venezuela. Eso quiere decir que el éxodo se va a acrecentar y la respuesta generosa que vemos por parte de los distintos Estados deberá ser fortalecida.

¿Cuál cree que ha sido el impacto de esta migración venezolana en Chile?
El impacto en toda la región ha sido importante en términos de que son personas que necesitan satisfacer sus necesidades básicas y que tienen la voluntad y la experiencia concreta para efectos de aportar a las comunidades que los reciben. Habría que resaltar que en términos de reciprocidad Venezuela acogió a lo largo de su historia a millones personas, muchas de ellas refugiados y migrantes. Hoy debemos tenderles una mano a los hermanos venezolanos.

Sobre la caravana de centroamericanos que busca llegar a EE.UU., ¿cree que medidas como las anunciadas por AMLO, que dará protección a los migrantes, podrían disuadir sus deseos de llegar a ese país?
Yo creo que es una respuesta positiva, pero en el caso de los países del Triángulo Norte se requieren respuestas más integrales, donde haya una verdadera responsabilidad compartida por parte de los distintos países. Aquí me refiero tanto a países de origen, de tránsito, como a países de destino. Ciertamente, tenemos que buscar responder a las causas que generan la migración forzada y la migración socioeconómica en el caso de estos países de Centroamérica, para lo cual se va a requerir mucha mayor inversión en términos de actividades de generación de ingresos, pero también a la posibilidad de las personas de mejorar sus niveles educativos y acceder a servicios básicos por parte del Estado. En el caso de esos países, muchas de las personas que abandonan su país no lo hacen por motivos socioeconómicos, sino por el accionar del crimen organizado transnacional, como un nuevo actor que genera igualmente desplazamiento forzado y frente al cual la acción estatal no tiene la suficiente capacidad para dar respuestas de protección.

¿Cómo ve usted la voluntad de EE.UU. respecto a esta materia?
Tenemos que llegar a un contexto en el que se entienda que la gestión migratoria y la protección de fronteras no es incompatible con las necesidades humanitarias de las personas. Lo que se impone es que haya una consideración nacional y regional que permita hacer un balance entre legítimas consideraciones de seguridad y las necesidades de protección de las personas. En este sentido, EE.UU. ha sido durante décadas un país que tradicionalmente ha dado respuestas efectivas a la condición de refugiados, y confiamos que lo podamos ir generando con el diálogo y la responsabilidad compartida de los distintos Estados.

¿Qué le parece la decisión de Chile y otros países de no firmar el Pacto migratorio de la ONU?
Los pactos son acuerdos que permiten a los distintos Estados dar respuestas a temas migratorios y de refugiados. Los pactos no son vinculantes y es completamente entendible que un Estado quiera o no adherir a ellos. Eso no contradice la política que puedan tener frente a refugiados o en materia de migración. Es una decisión soberana de cada Estado decidir si adhiere o no. Lo que sí buscan los pactos es que haya una respuesta colectiva de la comunidad internacional frente a fenómenos crecientes de flujos masivos tanto de migrantes como de refugiados. Lo más importante es que haya una política generosa, solidaria con respecto a los movimientos poblacionales, y eso no necesariamente depende de si un país decide adherir o no a los pactos.

¿Cómo observa la repatriación de haitianos que ha efectuado Chile?
Los principios internacionales con respecto a la repatriación voluntaria son clarísimos, en la medida en que sea una decisión individual tomada por la persona de manera voluntaria. La repatriación voluntaria es una solución por excelencia.

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