Roberto Salinas León, doctor en Filosofía Política: “No sabemos si AMLO va a ser un líder, un estadista o un redentor”

Para el analista, el mérito del candidato Andrés Manuel López Obrador ha sido captar el voto antiestablishment y “con justa razón”. Señala que su promesa de eliminar la corrupción desde el día uno es típico del populista latinoamericano. Además, dice que esta campaña, para los comicios del 1 de julio, ha tenido un debate muy pobre.


Roberto Salinas León es un destacado analista mexicano. Doctor en Filosofía Política, también es presidente de la cumbre de negocios Mexico Business Forum. Salinas, que estuvo de visita en Chile para participar del Latin America Liberty Forum organizado por Atlas Network y la Fundación para el Progreso, es un comentarista regular en CNN, Reuters, National Public Radio, y otros medios internacionales. En conversación con La Tercera, analiza el panorama electoral de cara a las elecciones del 1 de julio en México.

¿Cuáles son los desafíos que tiene el próximo gobierno mexicano, cualquiera sea el Presidente?

Quede quien quede tiene importantes desafíos en diversas áreas. Creo que uno de los más importantes será trabajar para restablecer algún tipo o alguna semblanza de relación, por lo menos cordial, con Estados Unidos. La relación comercial y de inversión con ellos en los últimos 25 años con el NAFTA, con el tratado de libre comercio, ha sido un detonador tan extraordinariamente importante de desarrollo económico. Ha sido curioso que la voz que quiere echar la cosa para atrás viene de Estados Unidos y no propiamente de México. Creo que esa va a ser una de las grandes prioridades. Otra es la educación. (Andrés Manuel) López Obrador ha hablado de cancelar la llamada reforma educativa que es simplemente cancelar el hecho de que hoy por hoy los maestros están sujetos a una evaluación. López Obrador se ha inventado el tremendo fake news de que esto es algo promovido por el Fondo Monetario Internacional. La razón por la que este candidato quiere echar atrás esta reforma educativa o esta parte de la reforma, es justamente porque al no tener evaluación, regresa todo el clientelismo que ha dominado a la comisión o el sindicato de trabajadores, que es un arma de control político sumamente importante. Quizás el tema más apremiante es el tema de la seguridad, es decir, este círculo vicioso de impunidad, corrupción, crimen, además de aquellas áreas en México que prácticamente son zonas fallidas, en el sentido de que no hay Estado.

Todo indica que López Obrador será el Presidente. ¿Cómo se vislumbra su gobierno?

El gran tema de López Obrador hoy en día es que ya al ver cercana una meta que ha tenido por años ha creado un enorme resentimiento, los buenos contra los malos. Él se ha autodescrito como el equivalente a un San Benedicto que va a venir a curar el alma de los mexicanos y eliminar la corrupción desde el día uno. Eso es típico del populista latinoamericano, que transformará desde el día uno a la sociedad mexicana. Pero López Obrador ha logrado captar muy bien lo que llaman el voto antiestablishment y con toda justa razón también. Porque el nivel de impunidad y corrupción durante esta última administración ha crecido a niveles que se han vuelto obscenos. Y viene desde antes, ya que con el PAN también sucedió. Yo no creo que está cantada la victoria, yo creo que va a ser más estrecho de lo que pensamos. ¿Y qué va a ser López Obrador? ¿Un líder, un estadista o va a ser un redentor? Creo que el lado pragmático puede ser el que le gane, después de todo él viene del viejo PRI patrimonialista. Quizás los primeros dos años van a ser años de acomodo, un día se despierta como el mejor Lula (da Silva), amigo de los empresarios, va a respetar la reforma energética, va a potenciar la inversión, va a respetar los derechos de propiedad y la libertad individual. Pero otro día se despierta como el peor (Hugo) Chávez y tiene a gente como (el escritor) Paco Taibo II que dice “a todos los pinches neoliberales, los vamos a fusilar en el cerro Las Campanas”. ¿Entonces cuál López Obrador va a ser el que va a asumir la silla presidencial en el caso que quede presidente? Esa es una gran incertidumbre. Yo creo que podemos confiar y tenemos que confiar en las instituciones mexicanas. Son más resilientes y mucho más poderosas de lo que la gente piensa.

Esta campaña ha sido calificada de muy sucia. ¿Cuán perjudicial puede ser para el país?

Yo nunca he visto un debate público tan pobre y, como diría otra observadora, la forma tan infantil y tan grosera como los candidatos han tratado al votante mexicano. El candidato supuestamente de la derecha moderada, Ricardo Anaya, que es un dictadorcito en potencia, enfermo del poder, él quiere un ingreso básico universal, quiere triplicar el salario mínimo, quiere subsidiar el precio de la gasolina y no quiere aumentar impuestos y no va a aumentar deuda. ¿De dónde va a sacar Anaya todo su dinero para el ingreso básico universal? Yo estoy de acuerdo que hay que tomar en serio el punto político progresivo, pero ¡caray!, al menos que hagan su matemática y que cuadren las cuentas fiscales. López Obrador por lo menos está diciendo que con el ahorro que va a generar al no haber corrupción eso lo va a repartir. Está muy raro el tema, pero ha sido muy venenoso el debate y verdaderamente no a la altura que nos merecemos los mexicanos.

¿Cómo evalúa la gestión del Presidente Enrique Peña Nieto?

Peña Nieto viene de un área del estado de México que se llama Tlacomulco y hay un dicho popular ahora que dice: “Podemos sacar a Peña Nieto de Tlacomulco, pero no podemos sacar a Tlacomulco de Peña Nieto”. O sea, las cosas no se arreglan a punta de billetazos y prostitutas. Perdón, así no se hacen las cosas cuando uno es estadista. Por un lado, tuvo la gran visión de poder convertir a México ya en un país de segundo mundo. En la reforma energética lo que hizo la administración de Peña Nieto fue por fin abrir a la inversión privada sin renunciar la propiedad nacional de los hidrocarburos y es algo que era urgente para México. La reforma educativa fue valiente. Sin embargo, en finanzas públicas empezaron con el síndrome de la repartitis, aumentó mucho la deuda pública y dejó finanzas públicas mucho más frágiles . El gran daño fue pensar que las cosas se podían hacer tipo Tlacomulco, que todo se podía controlar. Una torpeza como creerse la mentira de que no había corrupción y violencia. De hecho, la violencia está en el peor momento de la historia de México. El pensar que si no se habla de algo, no sucederá, no resultó ser cierta. Esa es la fantasía de Tlacomulco.

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