Salvini visita zona cero de desembarcos de migrantes en Italia

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Salvini a su arribo ayer a un centro de atención de inmigrantes en Pozzallo.

El vicepresidente y ministro del Interior italiano inició su mandato con un viaje a Sicilia.




La política es, para Matteo Salvini, nuevo vicepresidente de Italia y flamante ministro del Interior, una campaña electoral infinita. El primer día de trabajo invitó a la prensa a su despacho para demostrar en directo su entusiasmo estajanovista con el jefe de la Policía. Y ayer tomó un avión para irse directo a la zona cero de la crisis migratoria que ha vivido Italia en los últimos años. Pozzallo, al sur de Sicilia, es el puerto donde atracan la mayoría de barcos que rescatan a migrantes en alta mar. Él llama taxistas a esas ONG que se juegan la vida a diario. "Vicetraficantes", los calificó ya siendo el titular de la cartera de Interior. Justo ahí está uno de los dos centros de acogida con mayor volumen de identificaciones, donde ayer esperaban noticias sobre su destino alrededor de 100 migrantes. La mayoría tunecinos.

Salvini, que lanzó estos días una petición a los italianos para que consuman productos patrios, llegó en un auto alemán al centro de acogida. Lo esperaban el gobernador de la región, Nello Musumeci, y la plana mayor de las fuerzas del orden. Dio una vuelta por las instalaciones, no habló con nadie -"están aprendiendo italiano, pero ahora solo hablan francés", respondió a este periódico- y salió a hablar con la prensa, donde se encuentra mucho más cómodo. "Italia dirá no a la reforma del tratado de Dublín", lanzó para comenzar la andanada. "No hay casa ni trabajo para los italianos, imaginemos para media África. Sicilia no puede ser un centro de refugiados". Fuera, apostados en la reja, partidarios y detractores se peleaban a grito pelado.

Para Salvini, el país vive una invasión. Pero los desembarcos en Italia -más de 600.000 en los últimos cinco años, según la ONU- disminuyeron en 2017 un 70%. Pero Salvini, siempre atento al entorno, no adaptó esta vez su discurso a las circunstancias. La inmigración es la herida en la que ha edificado la nueva Liga. Un artefacto político a imagen y semejanza del Frente Nacional de Marine Le Pen, que grita "Italia para los italianos". Apenas empezó a trabajar, el mismo viernes por la noche, el ministro del Interior anunció un "bonito recorte" en los 5.000 millones de euros que Italia destina a la acogida.

En realidad son menos y será complicado que lo haga, porque en gran parte son fondos europeos que no puede tocar. Pero la amenaza ahí queda. "Los ilegales deben hacer las maletas, con calma, pero se irán. Los estados deben volver a ejercer como tales y los vicetraficantes no atracarán en ningún puerto italiano", lanzó el sábado. El acuerdo de gobierno entre M5S y Liga señala a 500.000 personas como objeto de expulsión.

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