El bombero salva vidas de Villarrica

Registro captado momentos antes de la tragedia. Con traje amarillo Nicolás Soto, quien sería impactado por un canasto de agua.

Nicolás Soto Estroz (20) falleció la semana pasada, luego de estar siete días con muerte cerebral. Al ayudar a un compañero, el canasto de agua de un helicóptero lo golpeó en medio de los incendios. Lo definen como trabajador y soñador. Además, sus órganos fueron donados a cuatro personas.


Sector Pancul Mañío, provincia de Cautín, comuna de Nueva Imperial, La Araucanía. Con esas coordenadas claras, la Tercera Compañía de Bomberos de Villarrica enfiló hacia el lugar para combatir los incendios que el 2 de febrero arrasaban con los bosquejos cerros de la región.

Entre los voluntarios que salieron rumbo al incendio estaba Nicolás Soto Estroz (20), bombero desde los 16 años, hermano mayor y único hombre del hogar. Ese día el joven se quedó hasta la madrugada con su equipo combatiendo el fuego, logrando salir ileso. Esa vez.

El grupo retornó a Villarrica y nuevamente se acuartelaron, dada la contingencia, recuerdan algunos de sus compañeros. Soto no volvió a su casa, pasó la noche en la compañía, porque al otro día debían continuar ayudando a combatir los incendios que esta temporada se dejaron caer sin tregua en La Araucanía, siendo el foco más activo de los siniestros durante este verano.

En casa, a Nicolás Soto lo esperaba su mamá y sus hermanas de 13 y 17 años. “Joven trabajador, muy bueno para los deportes y también muy solidario”, así lo define brevemente su abuelo Ariel Estroz, quien en la última palabra definió los actos por lo que el joven se transformó en el rostro humano de los incendios de este verano. El resto de su familia ha preferido el silencio.

Su abuelo agrega que el voluntario “soñaba con estudiar alguna carrera relacionada con la informática y que para eso trabajaba en un supermercado, y así poder financiar en parte sus estudios”. Quienes han podido compartir con la familia de Nicolás, en tanto, señalaron que “Ximena, su madre, dijo que quería que su hijo fuera un ejemplo para otras personas”.

Soto pasó la noche del 2 de febrero en el cuartel para en la mañana volver a Nueva Imperial, pues el incendio no bajó y, al contrario, el viento había elevado y propagado las llamas.

A pocos kilómetros del lugar estaba Sebastián Curivil Villagrán (24), de la compañía de Bomberos de Nueva Imperial. Junto a sus compañeros recibieron el llamado de que los “colegas” de Villarrica se estaban quedando sin agua. Curivil sería el que después recibiría la mano de vuelta.

“Estaban complicados con el agua, así que fuimos ayudar, nos pusimos a disposición de un comandante que estaba en el lugar y empezamos hacer cortafuegos. Lo que pasó después fue terrible, eso sí”, recuerda Cristián Sepúlveda, de la compañía de Nueva Imperial y compañero de Sebastián Curivil.

Y “lo que pasó después” fue la tragedia, la que no vino directamente desde las llamas, sino que paradójicamente desde el agua.

Sepúlveda relata así los hechos: “El helicóptero de la Conaf que estaba tirando agua bajó demasiado y con el canasto de agua se acercó mucho a donde estábamos los bomberos. Iba directo a pegar a Sebastián y lo empujaron, pero la persona que lo salvó recibió el golpe en la cabeza”.

El joven que auxilió a Sebastián y que recibió el golpe fue Nicolás Soto, quien fue trasladado al Hospital Regional de Temuco, donde estuvo internado por casi una semana en la UCI hasta que no aguantó más, falleciendo durante la mañana del martes pasado, enlutando Villarrica, transformándose en el mártir 318 del Cuerpo de Bomberos de Chile.

“Era un muchacho siempre atento, quería que su compañía estuviera bien. Era muy dedicado a revisar los equipos de las unidades. Su muerte fue tratando de evitar que su compañero de Imperial, que había conocido hacía 10 minutos, resultara lesionado”, recuerda su jefe en la compañía de Bomberos de Villarrica, el capitán Eduardo Pilquiman.

El voluntario, además de lamentar el deceso de Soto, criticó la poca sintonía que existe con Conaf para enfrentar estos eventos. “Falta un poco de coordinación entre sus helicópteros y bomberos. A nosotros nos toca colaborar en los incendios forestales que están llegando a las viviendas. Ese día a la compañía le tocó como misión proteger una sede social y una iglesia. En eso estábamos cuando repentinamente aparece el helicóptero. Llevo más de 25 años en la institución y nunca había visto que una aeronave trabaje tan bajo, porque generalmente descarga el agua sobre los cinco metros, como mínimo, y en esta ocasión iba a ras de suelo”.

Para que se investiguen las responsabilidades del accidente, el cuerpo de Bomberos de Nueva Imperial se querelló por cuasidelito de homicidio. “Los voluntarios dicen que andaba volando bajo y que no tenía la baliza, ni la sirena. Esto debe investigarse”, dijo el superintendente de Bomberos de la zona, Gabriel Millar. De esta manera se abre también un escenario judicial sobre la muerte de Nicolás Soto.

Para Sebastián Curivil, en tanto, esa frase común de “te debo la vida”, cobró un sentido literal y real que nunca antes había tenido más significado. “Gracias a él estoy con vida”, reconoció el joven en una entrevista a un canal de televisión en Nueva Imperial.

Pero no solo fue él a quien salvó Soto. Cuatro personas se beneficiaron de la donación de órganos de Nicolás, entre ellos un niño de seis años. El gesto del hoy bombero más querido de Villarrica hace honor a la máxima bomberil: “Hay vidas que salvar”.

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