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Columna de Fuad Chahín, presidente de la DC: Frei Montalva, un estadista cuyo legado trasciende a su época

Autor: Fuad Chahín

Nuestro líder al fin encuentra justicia –o más bien el comienzo de ella-, porque si bien el juez Madrid ha decidido en su competencia sobre lo que sucedió, ahora es el tiempo para que la Democracia Cristiana y de los demócratas de Chile entero hagan su propia justicia en la promoción de su figura y legado.


La verdad judicial en el caso de la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva ha sido certera y brutal: magnicidio. Esto es, el asesinato de un líder cuyo móvil principal es el propio cargo o liderazgo que detenta. Lo culpables serán castigados; sus cómplices, sancionados. Chile está conmovido frente a un hecho brutal que dimensiona con exactitud cómo fueron los días oscuros de la Dictadura y el valor de la democracia.

Nuestro líder al fin encuentra justicia –o más bien el comienzo de ella-, porque si bien el juez Madrid ha decidido en su competencia sobre lo que sucedió, ahora es el tiempo para que la Democracia Cristiana y de los demócratas de Chile entero hagan su propia justicia en la promoción de su figura y legado; el legado de un estadista cuyo privilegio al diálogo y el énfasis en lo social, fue el sello de prosperidad en tiempos nada fáciles. Ni para el país ni para sus gobernantes.

Eduardo Frei Montalva fue un cristiano consecuente que defendió la democracia, la libertad, la justicia social y la dignidad de la persona humana con convicción; todo lo contrario, a lo que hacen los oportunistas, demagogos y populistas tan triunfantes hoy. Tal como titulaba uno de sus libros más representativos, unió en su figura “la política y el espíritu”. Tal vez eran días que requerían de la brillantez y porte estadista para dirigir un país de forma exitosa. O tal vez fue el azar feliz que hizo que contásemos con su histórica presencia.

Para poder graficar lo que afirmo, un solo ejemplo: participó en política activa casi por medio siglo y en todo ese tiempo ocupó muchos cargos, realizó innumerables discursos y entrevistas, escribió más de una docena de libros. En todos ellos, confrontaba ideas, argumentaba propuestas y también disensos, pero siempre respetando y dando garantías a todos. Por eso pudo unir y gobernar un país en paz; aun en tiempos de la Guerra Fría donde naciones pequeñas eran pasto de cultivo para el choque de ideologías.

Bajo su Gobierno el país sintió el progreso real y directo gracias a políticas sociales innovadoras y arriesgadas. Y lo hizo, porque entendía que no existía justicia social si las oportunidades no llegaban a todos sin distinción. Y entonces puso en marcha la reforma agraria, la chilenización del cobre, la sindicalización campesina, la jornada de 8 horas, la reforma educacional, la reforma universitaria, promoción popular, la construcción del Metro de Santiago, la vía entre Arica y Puerto Montt, el levantamiento de 260 mil viviendas y 45 hospitales, entre muchas otras obras. Todas ellas, medidas urgentes y vanguardistas para la época y que siguen vigentes incluso hoy.

Cuando las fundaciones con que se construye un país son firmes, no se cae en retrocesos. Después de Frei Montalva hubo campesinos, pero nunca más inquilinos sin derechos. Tal vez aparecieron nuevas necesidades y desafíos, pero la lección de la dignidad no se perdió. Ese fue quizás su mayor legado, su mayor política exitosa, pues tal como decía: “trabajo para que todos puedan sentir que la vida vale la pena ser vivida”.

Como estadista desafió dos actitudes que significaban –y significan- la negación de todo humanismo cristiano: la de quienes creen que nada puede cambiar, y la de quienes quieren cambiarlo todo a cualquier precio. La primera actitud le parecía miope, la segunda, irresponsable. Siempre se opuso a la conocida frase de uno de nuestros presidentes menos recordados: “hay dos clases de problemas, los que se solucionan solos y los que no tienen solución”. Para nuestro líder dejar las cosas como estaban eran dejar las injusticias tal como están. Y eso era inaceptable.

¿Por qué creemos que el Presidente Frei Montalva es un ejemplo para el país? Por su coherencia y su férreo compromiso con la democracia, lo cual le costó la vida. En aquel mítico discurso en Dictadura pronunciado en el Teatro Caupolicán ya nos clarificó algo que debe ser promovido y enseñado hoy: “la democracia no es el caos” y lo que hemos ganado con el sacrifico e incluso la vida de muchos, jamás lo dejaremos morir.

Chile es una continuidad que merecer ser valorada, asumida y mejorada. Las construcciones humanas son imperfectas, y el Chile democrático nos es una excepción. Hoy necesitamos de ese estadista y su lenguaje positivo, reformista, tolerante y que combatía populismos. Hoy nos urge contar con su figura como un ejemplo frente a la democracia en peligro, que admite tan infelizmente descalificaciones, incumplimiento de lo acordado, bajeza en las palabras y actos de agresión y corrupción.

Amigas y amigos, este es el Frei que con toda justicia queremos promover. El Frei cuyo magnicidio cambia la historia. No fue alguien perfecto, sino mucho mejor: un hombre coherente. Construyó una familia; dejó lecciones que solo caben a los estadistas; supo construir un país, realizar una revolución en libertad, un demócrata de excelencia y un cristiano de verdad.

Un estadista para el Chile de hoy y de mañana.

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