¿Qué hay detrás del luto del azúcar en Linares?

Frontis de la planta de Iansa, en Linares.

Para algunos sectores, como turismo y servicios, casi nada. La vida sigue. Para otros, como el comercio o quienes compraron maquinarias, un desastre. Así son los días tras el anuncio de cierre de la planta de Iansa.

Vemos un decaimiento generalizado en Linares; no solo no llegan proyectos nuevos, sino que los que teníamos desaparecen”, dice Marcela Hidalgo, residente de la zona desde hace décadas, mientras camina por las calles de la ciudad maulina. Suena evidentemente frustrada.

Tras 60 años de funcionamiento, el directorio de Iansa informó, el pasado jueves 26 de julio, que la planta de Linares dejará de procesar remolacha, debido a las dificultades que afectan a la industria. Pocos días después de esa comunicación, la empresa Pastas Suazo confirmó el cierre de su planta en Curicó, poniendo fin a 80 años de funcionamiento.

Ha habido anuncios. Esta semana se reunieron los ministros de Economía, Agricultura y del Trabajo para comunicar las medidas del plan de reconversión para las familias del Maule, afectadas por el cierre de Iansa y Pastas Suazo. El propio titular de Economía, José Ramón Valente, afirmó que se han contactado con empresas privadas que ofrecieron su ayuda para darles empleo a las personas afectadas.

Con todo, la sensación térmica en las calles linarenses, tras el cierre del azúcar, parece haber levantado un manto de incertidumbre y desánimo entre sus habitantes. Linares, además, es la ciudad con mayor desempleo en la Región del Maule, con un 9,3 % en el trimestre abril-junio de 2018, según datos del INE.

Viviana Urrutia, presidenta (S) de la Cámara de Comercio, señala que “se notará una baja en la decisión de compra, pues son 32 millones de dólares que dejarán de circular en el comercio local y eso es impactante. En Linares se respira mucha incertidumbre, inseguridad y una extraña sensación”.

El alcalde Mario Meza (RN) coincide y agrega que “el cierre trajo un efecto de desánimo para todo El Maule Sur, porque la planta era la principal agroindustria que tenía Linares”.

Se estima que el cierre de la planta afectará de manera directa e indirecta a cuatro mil personas, pero el edil aclara que en la planta trabajaban 550 personas. De ellas, 250 son temporeros, quienes podrán ingresar a programas proempleo del municipio; 100 trabajadores profesionales serían reubicados, a través del Ministerio del Trabajo, en otras plantas de la agroindustria del país; otros 100 trabajadores serán reubicados por la propia Iansa y los 100 restantes, que son contratistas, están aún a la deriva. El edil recalca que “todo lo anterior se complementará con el apoyo de Sence, Fosis, Sercotec y Corfo, para emprendimientos”.

Maquinaria

La situación menos auspiciosa es la que enfrentan quienes prestaban servicios a Iansa, como Carmen Rojas: “Muchos tuvimos que modernizar nuestra maquinaria y hacer una inversión de más de $ 100 millones hace solo dos años; es decir, me endeudé y ahora estamos de brazos cruzados y sin saber qué hacer con toda la maquinaria que tenemos”.
Otros son más optimistas. Juan Pablo Carrión, dueño de un servicio técnico de máquinas agrícolas y de jardín, señala que “yo espero que el cierre de la planta no me afecte directamente, porque mis clientes son agricultores dedicados a otros cultivos, pero igual estoy expectante por lo que pueda pasar más adelante”.

Quienes se desempeñan en otros sectores, como el turismo, servicios o están ligados a otros cultivos, esperan que los efectos del cierre de la planta no los afecte, pero el presidente de los agricultores de Linares, Ricardo Escalona, señala que las reales consecuencias se podrán evaluar recién el próximo año. “El cierre de la planta fue anunciado en marzo, pero pensábamos que este sería parcializado”.

Escalona indica que durante los últimos años hubo una baja progresiva de 1.600 remolacheros a 400. “Para ellos, el problema es realmente mayúsculo, pues se les dice que deben reconvertirse, pero hay que entender que hay pequeños agricultores que siembran remolacha desde hace 60 años y para ellos no es fácil, de un día para otro, iniciar un nuevo cultivo, porque se necesita conocimiento, maquinaria e inversión. Es como partir de nuevo”, indicó.

Seguir leyendo