El implacable reloj que marca la vida en pareja durante la pandemia

Imagen referencial: AGENCIAUNO

La brecha laboral, remunerada y doméstica, es pronunciada. Y el daño a la salud mental, un índice preocupante.




Marcela Pérez tiene 36 años y dos hijos, de 3 y 8. Rancagüina, casada con Felipe, quien cumple horario en las dependencias de un banco de la ciudad. Ella también es profesora de lenguaje en el Instituto Tecnológico Minero Bernardo O’Higgins e imparte clases en línea a alumnos de quinto y sexto básico. Su padre, Óscar, bordea los 75, tiene una lesión grave en el hombro y comparte hogar con el matrimonio. Una familia normal, ambos profesionales, pero que en días de pandemia han debido aprender a (con)vivir de otra manera. Aprender a distribuirse entre distintas tareas y obligaciones.

El horario cambió. Según Marcela, se hace infinito. Y es justamente ese fenómeno el que aborda un estudio realizado por el Centro de Economía y Políticas Sociales (CEAS), de la Universidad Mayor. Se trata de 1.510 chilenos y su nueva vida con las medidas de restricción por la pandemia. ¿Cómo se utiliza y se redistribuye el tiempo en los hogares biparentales y cómo afecta la salud mental de sus miembros? Esa pregunta se busca responder, sopesando aspectos sociales y de género.

Claudia Sanhueza, doctora en Economía y directora del CEAS de la U. Mayor, fue quien dirigió la investigación. “El contexto país en que realizamos este análisis es una muy buena oportunidad para encontrar información muy interesante. Este tipo de estudios, en Estados Unidos por ejemplo, se realiza hace décadas. En Chile recién desde 2015”, apunta la académica.

Y entre los resultados más destacados, hay datos decidores. Por ejemplo, que en hogares biparentales en comunas bajo cuarentena, con las mismas obligaciones de teletrabajo, hay una diferencia de casi dos horas entre las tareas domésticas no remuneradas que realiza la mujer por sobre el hombre. Mientras los varones dedican, en promedio, 3,8 horas al día en estos deberes, las mujeres ocupan 5,6 horas.

Este es un indicador relevante, que evidencia la brecha de género que aún está presente en Chile. “Acá todavía se considera que barrer la casa no es trabajar, porque no es pagado. Es una discusión que está planteada hace tiempo. Hay corrientes en economía que consideran que trabajo es todo lo que puede hacer una persona por ti”, resalta Claudia Sanhueza.

El chileno, como gran parte del planeta, ha tenido que aprender a diversificar sus actividades bajo el mismo techo. Y es ahí donde despunta otra información interesante: el poco tiempo que se dedica al ocio (2 horas, hombre y mujer) y el cuidado personal (6 horas), considerando que este último ítem incluye el tiempo para dormir.

La mala distribución del tiempo, refrenda la investigación, genera daños colaterales de distinto orden, que apuntan principalmente a la salud mental de las personas. Así lo relata Marcela, la profesora rancagüina con que parte esta historia.

Me levanto a las 7, me acuesto cerca de las 11 de la noche. Tiempo para libros o televisión ya no hay. Casi el único minuto que tengo para mí es la sesión con mi sicóloga una vez a la semana, porque me di cuenta de que debía pedir ayuda.

Marcela Pérez, profesora de enseñanza básica

La relación teletrabajo, trabajos domésticos, cuidados a terceros y falta de cuidado personal ha golpeado la salud mental del chileno. Según las cifras entregadas por la U. Mayor, la principal concentración de depresión moderada o severa se presenta en los niveles sociales bajos y medios, aunque hay un resultado llamativo y preocupante. En cualquier estrato, incluyendo el alto, se detecta algún tipo de trastorno emocional en más del 50% de los consultados.

Comenta