La “batalla” de los cinco nuevos administradores apostólicos

02 de Junio de 2013/SANTIAGO_. Monseñor Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago, preside eucaristía acompañado de obispos auxiliares, vicarios, sacerdotes y religiosos, en la Iglesia San Francisco, en el marco de la celebración Corpus Christi. FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO_.

Recomponer las confianzas. El Papa habló de “restablecer la comunión”. Cuatro obispos auxiliares y un sacerdote son, durante este primer mes de cambios, la renovación inicial en la Iglesia chilena, dictada desde el Vaticano.


El reciente jueves 28 de junio, el Papa Francisco aceptó la renuncia de los obispos Alejandro Goic (Rancagua) y Horacio Valenzuela (Talca). Y en esas diócesis nombró como administradores apostólicos a Fernando Ramos y Galo Fernández, respectivamente, ambos prelados auxiliares de Santiago.

Ellos se sumaron así a Pedro Ossandón (Valparaíso), Jorge Concha (Osorno) y Ricardo Morales (Puerto Montt), también designados en ese rol por el Pontífice el pasado 11 de junio.

A la fecha, en un mes, cinco de las 27 jurisdicciones eclesiásticas de Chile quedaron bajo la tutela de sacerdotes teóricamente transitorios. Como se sabe, todas atravesadas por diversos conflictos: comunidades en pugna y en alguna medida distantes de sus autoridades religiosas, denuncias de situaciones irregulares de sacerdotes o derechamente casos de abusos en proceso canónico, obispos cuestionados por su vieja cercanía con Karadima, laicados críticos a la gestión episcopal y, en algunas zonas, incluso investigaciones en curso del Ministerio Público sobre posibles ilícitos.

Solamente Valdivia, que antes de la crisis ya tenía un administrador apostólico, es la excepción a este crudo escenario eclesial.

Respecto del rótulo, la Conferencia Episcopal (Cech) aclaró que “el administrador apostólico goza de derechos y obligaciones semejantes a las del obispo residencial, con algunas excepciones que determina el Código de Derecho Canónico, y forman parte de la Cech”.

Ellos son los llamados a “ordenar la casa”. Esas casas.

¿Cómo han sido las primeras semanas para los cinco?

No parece tarea fácil. Ya se advierten ciertos desafíos. Todos han celebrado misas en lugares emblemáticos de cada sector. Su opinión de los obispos salientes es respetuosa, normalmente hablan de “don”, y salvo en Talca y Osorno, han trabajado en coordinación con ellos y se les ha visto juntos en las conferencias de prensa y las liturgias de despedida. Una de sus misiones, por cierto, es “restablecer la comunión”, como pidió el mismo Papa.

En conversación con La Tercera también, sutilmente, dejan ver algunos desafíos centrales que enfrentarán. Entre ellos, examinar a fondo el estado financiero de cada diócesis, trabajar con el clero y reencantar al laicado, que parece mucho más crítico que antaño, exigente, reticente, totalmente empoderado de sus “derechos” como pueblo de Dios.

“Ya no reciben a quien llega como designado por el Papa así como así; lo evalúan, lo tasan, lo aprueban”, dice una fuente de Iglesia respecto de la suspicacia reinante en el ambiente.

Los tiempos cambian. En el breve plazo se esperan más novedades sobre renuncias en el Episcopado. Mientras, estos cinco administradores apostólicos son la primera avanzada de lo que Francisco definió como “cambios en el corto plazo”. Son su cara.

Galo Fernández, diócesis de Talca: “Podemos hacer una Iglesia más participativa”

“Percibo miradas distintas. Por un lado, una acogida muy grande, están muy deseosos de retomar la habitualidad de la Iglesia, pero también hay una cuota de dolor, de haber estado en una situación en que venía un cambio, que había grupos que tenían miradas muy encontradas”. Ese es, de modo general, el diagnóstico que hace Galo Fernández, obispo auxiliar de Santiago, sobre el estado de las cosas en la diócesis de Talca, a la que el pasado 28 de junio llegó como su administrador apostólico.

Se trata de uno de los obispados “complejos”, en el cual el Papa le aceptó la renuncia al prelado Horacio Valenzuela, cuestionado por su cercanía con Fernando Karadima.

Respecto de ese tema, y de su relación con el laicado, Fernández es claro: “Yo soy padre y pastor de todos. Mi primer deber es acogerlos, ya tenemos fijado un encuentro y mi intención es dialogar”.

Sobre la solicitud de estos grupos, de “hacer de esta una Iglesia más democrática”, el titular se muestra ecléctico. “La Iglesia Católica no es democrática, porque no se funda en la opinión de un grupo determinado, sino en el Evangelio de Jesucristo. La autoridad viene del Papa y de la sucesión apostólica. Pero sí hay mucho que crecer en participación, de tal manera de tomar en consideración las propuestas activas del pueblo de Dios. Podemos hacer una Iglesia más participativa, tenemos los espacios”.

También dice que tendrá una reunión con todo el equipo económico y que este le entregará un informe del estado de la diócesis.

En cuanto al obispo emérito Horacio Valenzuela, trascendió que el prelado está actualmente residiendo con su familia, posiblemente en Santiago.

Sobre el tema de denuncias de abusos en la zona, Galo Fernández manifiesta que “en los casos que he escuchado, don Horacio escuchó a las víctimas y también inició los procesos que debía. Por mi parte, yo obviamente escucharé a las víctimas y procuraré también acogerlos. El Papa nos ha pedido muy fuertemente escuchar, no solo en favor de que se hagan los procesos debidos, para remover al sacerdote que tenga un problema, sino para comprender el dolor, para estar con el corazón alerta para prevenir que estas situaciones no se repitan”.

Sobre el clero, cuenta que “me han dado mucha acogida y ánimo, con una excelente disposición a trabajar juntos”.

Pedro Ossandón, diócesis de Valparaíso. Los masivos encuentros con el laicado porteño

“Nos hemos reunido con las religiosas, diáconos y sacerdotes, personal del obispado, movimientos de laicos y, gracias a la fiesta de San Pedro y al Sindicato de Pescadores de la Caleta El Membrillo, tuvimos también un primer encuentro con algunas autoridades de Valparaíso”, cuenta el obispo auxiliar de Santiago y ahora administrador apostólico en la ciudad puerto, Pedro Ossandón (60).

El prelado forma parte de la primera “oleada” de designaciones del Papa, del pasado 11 de junio, y este mes ha sido el round de estudio. Conversar con mucha gente. Escuchar a todos. Demostrar apertura de diálogo, en una diócesis que durante las últimas semanas vio reactivarse el tema de supuestos abusos y acusaciones que involucran incluso al prelado saliente, Gonzalo Duarte, que tenía la edad para retirarse.

El martes de esta semana, en la sede del obispado, frente a la Plaza Victoria, se marcó un hito relevante. En una inédita convocatoria para todos los movimientos laicos, donde se esperaba a cerca de 40 representantes, Ossandón tuvo que recibir a más de 120 personas. “Dentro de las medidas está escuchar y apoyar a todos, a los responsables de la pastoral y los servicios especializados, fortalecer el Consejo Diocesano de Prevención de Abusos, conocer la administración económica, discernir en las convocatorias”, señaló en esa oportunidad el religioso.

Carlos Arias, coordinador del movimiento “Los Madrugadores”, dice que para agosto está fijado un segundo encuentro: “Nunca antes estuvimos con un obispo, es una buena manera de avanzar, pienso que lo hará bien. Y también queremos estar al tanto de lo que se informa al Vaticano”.

Ricardo Morales, arquidiócesis P. Montt: “La gente quiere que las cosas se hagan bien y con verdad”

“Creo que el Papa ha sido muy claro. Él habló del abuso del encubrimiento. Eso es muy fuerte, porque muchas personas vivieron en ese ambiente. La cultura no se cambia de un día para otro, tampoco poniendo un administrador apostólico”, sentencia Ricardo Morales, justamente el administrador apostólico de Puerto Montt, donde reemplazó al renunciado (por edad) arzobispo Cristián Caro.

Sacerdote mercedario, de 45 años, Morales es, hasta ahora, el único de los nuevos cargos designados por el Papa que no es obispo auxiliar de Santiago. Sobre eventuales nuevas denuncias por abuso contra menores, enfatiza que “ojalá la legislación chilena vaya en el sentido de que estos delitos no tengan prescripción de 10 años, sino que deben ser imprescriptibles. Una persona que fue abusada sexualmente cuando niño se puede tardar 40 a 50 años en reaccionar”.

Precisa que mañana lunes tendrá su primer encuentro con el clero. “Al día de hoy no tengo una visión completa del estado actual de la arquidiócesis y en esa oportunidad podré escucharlos y conocerlos”.

Sobre el estado de ánimo de los fieles, indicó que “no he notado un desencanto, pero sí incertidumbre, porque todos los días aparecen noticias sobre la Iglesia que nos dejan impresionados”.

También subraya el cambio con su gestión, señalando que “la gente quiere que las cosas se hagan bien, que los sacerdotes den testimonio, de que se actúe con verdad y que se haga justicia”.

Respecto del estado financiero del arzobispado, Morales señala que por ahora desconoce la situación: “Pero mi interés es solicitar una auditoría externa, para tener absoluta claridad de los dineros y de quiénes tienen responsabilidad sobre su administración”.

Jorge Concha Cayuqueo, diócesis de Osorno: “No he sabido nada más de Barros”

Excluyendo a Santiago, Osorno, que hasta el 11 de junio acogió al obispo Juan Barros Madrid, fue el epicentro de la crisis de la Iglesia en Chile. Donde finalmente todo estalló. Allí, el actual administrador apostólico, el franciscano Jorge Concha Cayuqueo, asegura a La Tercera que las comisiones de la diócesis sobre prevención y denuncia de abusos estarán conformadas en un plazo de 15 días, e integradas por laicos y religiosos. “Hay que ver que quienes quieran participar tengan las competencias y la disponibilidad”, subraya.

Y sobre el mismo tema reafirma que, ante eventuales nuevos casos de abusos, se debe “informar de manera directa y obligatoria a la fiscalía, sobre todo cuando se trate de menores de edad”.

Respecto de la sombra de Barros y la división que se generó con su presencia, es directo: “No sé dónde está y no he sabido nada más de él”.

Eso es algo en lo que coincide Juan Carlos Claret, vocero de los laicos de Osorno, aquel grupo que lideró la oposición al prelado formado por Fernando Karadima, aunque agrega que “su próximo destino (de Barros) sería España”.

Concha también dice que, de parte del clero, ha tenido “un espíritu lleno de colaboración y cooperación”, pero también precisa que “aún falta diálogo y escucha entre los sacerdotes y yo, el administrador apostólico, pero estamos recién empezando y hay que darse tiempo”.

Sobre el estado general de la diócesis, tras el alejamiento de Barros, la nueva autoridad indica que “si bien ha habido tensiones entre fieles y comunidades, hay una buena disposición para desarrollar la vida eclesial en todas sus dimensiones, tanto pastorales, solidarias y a nivel de fraternidad, y trabajar por la reconciliación”.

Agrega que ya recibió un informe financiero-contable, hecho por el equipo económico del obispado: “Encontré todo normal. Es una comunidad que no tiene grandes excedentes, pero tampoco tiene déficits. No obstante, tengo que dedicar más tiempo a ver en detalle el documento”.

Claret, en tanto, espera que Concha tenga una hoja de ruta “a fines de julio o a principios de agosto. Confiamos en forma lúcida, pero no ciegamente, en el trabajo de Jorge”. Y añade que espera reunirse con él en los próximos días, para conocer de primera fuente sus ideas.

Fernando Ramos, diócesis de Rancagua. El ingeniero forestal que deberá aclarar los alcances de la “cofradía”

“Todos saben que estamos en una situación muy especial en la Iglesia chilena y que el Papa está realizando algunos movimientos respecto de los obispos. Desde esa perspectiva, quiero ponerme en sintonía con esa voluntad para colaborar lo mejor posible en nuestra misión de poner a Cristo en el centro y poder evangelizar”.

Así se plantea Fernando Ramos, administrador apostólico de Rancagua, respecto de su nueva misión, en la cual fue designado hace poco más de una semana.

“Lo recibo con mucha disponibilidad de servicio. He aceptado con muchas ganas poder colaborar en esta Iglesia local”, agrega el también obispo auxiliar de Santiago y secretario general de la Conferencia Episcopal, de 59 años, y quien además es ingeniero forestal de la Universidad de Chile.

La diócesis está convulsionada. Qué duda cabe. Los problemas aparecieron en el horizonte recién a mediados de mayo pasado, pero en ningún caso son recientes. Tienen larga data. El obispo saliente es Alejandro Goic, un referente del mundo católico criollo, pero sus últimos tres meses estuvieron marcados por la suspensión de 14 sacerdotes, todos investigados eclesialmente por conductas “impropias” -uno de ellos por presunto abuso sexual- y otras irregularidades monetarias o de conductas inapropiadas para un presbítero. De hecho, supuestamente integraban una llamada “cofradía”, lo que también es indagado por la fiscalía, aunque bajo parámetros más delictuales: todos por eventual abuso de menores.

En ese atribulado escenario, Ramos ya celebró su primera misa en la Catedral, cocelebró una liturgia de despedida junto a Goic y el miércoles último, en Pelequén, se reunió por primera vez con el clero. El punto crucial será el encuentro que deberá tener con los 14 sacerdotes suspendidos, reunión que está prevista, pero todavía no agendada con fecha.

En términos generales, Ramos dice sentirse “muy acogido por la comunidad rancagüina, que es amable (…). La comunidad, sin embargo, la constituimos todos, uno viene como un servidor, pero es la gente la que hace el pueblo de Dios”.

Respecto del estado de la feligresía, asegura que “todos aquellos que quieren presentar alguna situación en donde haya ocurrido algún delito, que se sientan con la más absoluta libertad para poder hacerlo; estamos atentos a poder responder a todas estas inquietudes”.

Algunos laicos también han tenido reuniones para apoyar al administrador apostólico. “Nos ha llegado un nuevo pastor para ordenar este rebaño, que está un poco descarriado. La Iglesia somos todos y esperamos la mejor gestión para don Fernando”, comenta María, integrante de la pastoral de la Parroquia El Sagrario.

En esta diócesis también se da otro fenómeno, que debería ser la norma, pero últimamente parece más bien una excepción: la fluida comunicación entre el obispo saliente y el administrador apostólico. Tras la salida de Goic, Ramos ha comentado que “hemos conversado muchísimo en estos días, con un espíritu de gran disposición, poniendo su experiencia y perspectiva para servir a este pueblo que él quiere tanto”.

#Tags


Seguir leyendo