Las casas vacías, vestigio de la diáspora venezolana

Vista de un dormitorio de un departamento vacío en Caracas, en septiembre. Foto: AFP

El precio de un departamento en Caracas se ha depreciado 50%. Muchas familias venezolanas se van con lo puesto y dejan sus casas cerradas.


El reloj de pared está detenido a las 10:40 y los cepillos de dientes siguen sobre el lavamanos. Nadie los usa. La casa abandonada de Francisco Rojas, fruto de años de esfuerzo, es un vestigio de la migración venezolana. En el refrigerador del antiguo hogar de Francisco y su esposa Elena sólo queda hielo y salsa de tomate. En el bar, la botella casi vacía del ron de su despedida. Hace tres años metieron lo esencial en cuatro maletas y partieron.

Se fueron asfixiados por la crisis socioeconómica. A Elena, de 33 años, le ofrecieron un puesto en Ecuador y no dudaron: en un mes gana lo que en Caracas le tomaba cuatro años.

Aunque hubiese ayudado, no vendieron el apartamento, en el este de Caracas, porque se ha depreciado 50%. Costaba 100.000 dólares hasta 2014, cuando recrudeció la crisis económica.

“Queríamos ver cómo nos iba. Ahora que estamos establecidos, es absurdo vender”, dijo a France Presse desde Guayaquil este periodista deportivo de 28 años.

Apartamentos donde nunca se enciende la luz, estacionamientos con puestos vacíos o autos cubiertos con fundas, y buzones atiborrados de correspondencia atestiguan el abandono en varias ciudades.

El living de un despartamento desocupado, en Caracas. Foto: AFP

El fenómeno es tal que se ofrecen servicios para administrar casas clausuradas: pago de servicios públicos, representación ante las juntas de condominio y hasta encendido de luces para engañar a los ladrones.

Según la ONU, unos 2,3 millones de venezolanos (7,5% de la población de 30,6 millones) vive en el exterior, de los cuales 1,6 millones migraron desde 2015.

“Dos maletas y ya”

Francisco y Elena se fueron cansados de la inseguridad, la escasez de alimentos y medicinas y la inflación, que según el FMI podría superar 1.000.000% este año.

“Si la situación mejora, veremos si volvemos a Venezuela o vendemos el apartamento”, expresó el periodista.

Roberto Orta, presidente de la Cámara Inmobiliaria Metropolitana, asegura que las viviendas en Venezuela cuestan entre 70% y 80% menos que hace cinco años.

“Tenía un departamento que costaba 170.000 dólares, hoy no cuesta más de 70.000. Ofrecieron 50.000 y la propietaria (que emigró) prefiere dejarlo cerrado”, corroboró a AFP Carolina Quintero, corredora inmobiliaria.

Unas cuantas poleras, zapatos y zapatillas, en el closet de uno de los tantos departamentos abandonados en Caracas. Foto: AFP

Mariana García, contadora de 41 años que se fue en 2017 con su esposo y dos hijos, tampoco quiere vender su quinta en Caracas, pues “perdió más de la mitad” del valor. “Dejamos la casa cerrada, intacta, nos fuimos con dos maletas y ya”, relató desde Estados Unidos, donde su esposo aceptó un trabajo tras emigrar primero a Ecuador.

Muchos migrantes no arriendan sus casas por temor a perderlas, pues a menudo las autoridades impiden los desalojos aunque haya incumplimientos. “Luego no puedes sacar a los inquilinos”, señaló Francisco. La ley establece que el arriendo debe ser mínimo por un año y obliga a prorrogarlo entre seis meses y tres años.

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