María Olivia Recart, nueva rectora de la Universidad Santo Tomás: “Queremos entrar a la gratuidad de todas maneras”

Autor: Carlos Said

María Olivia Recart (54) es economista y fue subsecretaria de Hacienda entre 2006 y 2010. Foto: Reinaldo Ubilla

La exsubsecretaria, quien se instala en un sector donde predominan los hombres, dice que proyectará la universidad para las futuras necesidades y que sacará al grupo Linzor del directorio.


El 2 de enero pasado, la exsubsecretaria de Hacienda y exvicepresidenta de Asuntos Corporativos de BHP, María Eugenia Recart, asumió como rectora de la Universidad Santo Tomás, transformándose en una de las seis mujeres que dirigen estas instituciones en el país. Y entra de inmediato en el mundo educacional: anuncia que sacará a Linzor y al grupo Hurtado Vicuña del directorio del plantel, que buscará que sus alumnos -son en total 30 mil- accedan a la gratuidad, y participará en la mesa de rectores que convocó la ministra del ramo, Marcela Cubillos.

¿Cómo fue que pasó de la minería a la educación?

He tenido una carrera en la que he saltado entre sectores muy distintos. Trabajé en una asociación gremial, en la Fundación Chile, en el gobierno, en BHP y me faltaba la academia. Fue una invitación interesante y tomé la decisión de venirme, por el desafío de abrirles oportunidades a los jóvenes que serán el futuro del país. La segunda razón es abrirles la puerta a las mujeres, y estaba segura de que si decía que no, iban a poner a un hombre. Eso es algo que no podía dejar pasar. Y la tercera razón es que estoy en un momento en que puedo asumir un desafío 24/7.

Dicen que en BHP tuvo conflictos internos, por su carácter duro. ¿Fue así?

No tuve conflictos. Puedo ser una persona enérgica, apasionada, comprometida y, a veces, cuando las mujeres somos así, se nos tilda con los adjetivos erróneos.

¿Qué desafíos le pidieron asumir en la universidad?

El desafío de cualquier universidad es pensarse para los próximos 15, 20 o 30 años, y eso es algo que sé hacer y me gusta. Y eso tiene dos cosas que no son fáciles: estamos formando jóvenes que alcanzarán su madurez en 10 a 15 años más, pero tenemos que pensar hoy qué competencias necesitan en el futuro. Desde mi perspectiva profesional, el haber venido del sector productivo tiene una ventaja enorme, porque lo que la minería sí sabe hacer muy bien es planificar el futuro. Y el segundo foco es el cambio interno para hacer a esta universidad más inclusiva, incorporando la reflexión regional y el trabajo con los adultos mayores, que es un tema de vanguardia y calidad de vida. Ese es un sello que quiero darle a la universidad.

¿Y ese sello en qué se traducirá?

En la transdisciplina, para que los estudiantes puedan hacer un camino, cumpliendo con sus ramos. Es como lo que hace la U. Adolfo Ibáñez con las artes liberales y la U. Católica con el Bachillerato, pero nosotros somos muy distintos a esas universidades. Vamos a buscar nuestro sello en esta reflexión que haremos.

La universidad debe renovar su acreditación en 2020. ¿Ya están trabajando en eso?

La universidad ha ido mejorando progresiva y continuamente. Aspiramos a obtener cinco años de acreditación, porque nos estamos poniendo objetivos altos.

Con cinco años podrían acceder a la gratuidad. ¿Van a postular?

Si uno tuviera que reflexionar sobre qué tipo de estudiantes pensó el legislador (al aprobar la gratuidad), esos son nuestros estudiantes. Son de primera generación, con pocas oportunidades de desarrollo en su etapa escolar, y de colegios públicos y particulares subvencionados, por lo que tenemos que buscar que puedan acceder a la mayor cantidad de beneficios. Además, en esta universidad el trabajo de eficiencia interna es enorme, por lo que nuestros aranceles están cercanos a los de referencia. Y nosotros estamos cerca de los cuatro años de acreditación que se requiere para la gratuidad.

Entonces, si todo sale bien, ¿postularán a la gratuidad?

Si tenemos acreditación suficiente, vamos a postular. Queremos entrar a la gratuidad de todas maneras.

Pero hay un tema con la propiedad: hoy, parte de la universidad pertenece a Linzor, que tiene un fondo de inversión que dura 10 años, plazo que se cumple ahora. ¿Cómo lo sacarán del plantel?

Parte del mandato que tengo, en el cortísimo plazo, es presentar una reforma a los estatutos de Santo Tomás, que significa que las personas jurídicas dejarán de estar en la junta directiva y habrá solo personas naturales, y que en el gobierno corporativo de la universidad estableceremos cinco representantes de los socios fundadores y cinco independientes.

¿Pero cómo saldrá Linzor?

En esta reforma de estatutos, habrá una fundación en la que se deja un patrimonio y Linzor saldrá de la propiedad inmobiliaria. Se venderá parte de la sociedad inmobiliaria a alguien inmobiliario, que no está relacionado con los dueños.

¿Y Linzor sacará su plata?

Linzor hizo su inversión, como lo hicieron los dueños de la U. San Sebastián, y está dispuesto ahora a formar una fundación con un patrimonio, y dejar parte del patrimonio en la fundación para hacer viable a la universidad en el largo plazo. Y los estatutos los queremos ingresar al Mineduc en enero.

Por último, ¿qué opina de la reforma a la educación superior que tramitó el gobierno anterior?

Según mi experiencia en políticas públicas, las reformas tan grandes, como las que se hicieron, siempre van a quedar un poco incompletas. Esta es una reforma que fue muy discutida y que les cambió las reglas del juego a actores importantes. Nosotros estamos de acuerdo con la gratuidad, creemos que es perfectible, pero todavía no vemos la reforma a full, con la nueva institucionalidad.

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