Mascotas: una familia animal

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Son tus amigos de cuatro patas, hay que quererlos y también cuidarlos. Sofía, Violeta, Tomás y Maximiliano nos cuentan sus historias con ellos.


La llegada de un animalito a nuestras vidas es un momento que no olvidaremos. Una mascota es una conexión directa con la naturaleza y, también, una enorme responsabilidad. Se transforma en alguien a quien tenemos que cuidar y hacer feliz.

Si bien se convierte en un compañero de juegos y se torna parte de nuestra familia, tenemos que ser capaces de cuidarlos de buena manera. Por eso, como parte integral de la salud de la mascota es bueno llevarlos al doctor de animales. Los veterinarios te pueden ayudar con las dudas y vacunar o desparasitar al animal.

Macarena Zanelli, médico veterinario y jefa de carrera en la Universidad Santo Tomás de Puerto Montt, sabe mucho de mascotas: vive con nueve perros y con un gato de tres patas, el Inti. Ella cuenta que el cuidado de los animales debe nacer de un compromiso que tendremos de por vida.

Se convertirán en nuestros fieles compañeros, pero hay que hacerse muy responsable: "Deben de tener sus controles médicos al día, en los parques llevar una bolsita para poder recoger sus cacas y tirarlas a la basura. Es ideal que tengan un buen espacio para que se muevan".

Los zoológicos y circos, que siempre se visitan en vacaciones y en el mes de septiembre, son un pésimo ejemplo de animales felices. Ellos requieren mucho espacio para su desarrollo: grandes selvas o montañas. El quedarse recluido en una jaula o encadenado, no puede verse como algo normal.

Para evitar eso, es que Macarena da es un consejo bien fácil de cumplir y que las mascotas adoran: jugar con ellas. "Así puedan canalizar sus energías y evitamos que se pongan obesos. Yo pienso que debemos quererlos y respetarlos como lo hacemos con nuestros padres y hermanos, pues para ellos, nosotros somos todo lo que tienen en su vida. Entonces, no podemos abandonarlos ni dejarlos solos", cuenta la veterinaria.

"Es como tener una hija, hay que cuidarla y quererla"

Violeta Bustamante, 7 años.

Mi mascota es un cuye, blanquita con café oscuro. Se llama Rosita, la tengo desde el 30 de diciembre del año pasado. Mis papás me la dieron de sorpresa, ¡yo siempre había querido una mascota!

Es un roedor diurno y duerme de noche, igual que nosotros. Es cariñoso. En el día juega, corre y vive en una jaulita. Come pellets, pero a veces le damos algunas verduritas, heno, por ejemplo.

Tengo un tatami, una especie de gomita, donde a veces lo suelto: ahí corre y juega, también se esconde por varias partes.

Ronronea bonito también. Cuando le hago cariño en la cabecita y en el lomo, a ella le gusta. Hay que cuidarla bien, como a todos los animales y como a todos los herbívoros. Hay que limpiarle la casita, el pipí, todo eso. Hay que alimentarlo bien y quererlo. Algunos de mis amigos han conocido a Rosita. Ellos quieren tocarla a cada rato, hacerle cariño o darle comida. ¡Es muy suavecito!

Ha sido un poco difícil cuidarla, pero me gusta. Es difícil porque es como tener a un hijo: hay que cuidarlo, darle comida, quererlo como a un amigo más. Es un ser vivo también y me da cariño. Es una mascota buena para los niños, buena para aprender a cuidarlo. Estoy contenta con ella.

"Una vez cacé gusanos para él, pero no le gustaron"

Tomás Mattar, 11 años

Me gustan mucho los reptiles y el dragón barbudo es muy bonito. Proviene del centro de Australia, come verduras o hay que darle gusanos y bichos. Los gusanos se compran. Una vez intenté cazar algunos, pero no le gustó.

El dragón se llama Ragnar, vive con nosotros hace dos años. De pronto me paro sobre él, me queda mirando y abre la boca e infla la garganta, parece decir que me dice "hola". Los amigos que lo han visto lo encuentran raro, algunos creen que una iguana. Se confunden. No lo conocen.

Son animales diferentes, con una manera más compleja para cuidarlos. Ragnar tiene que vivir con más temperatura, tiene una placa de calor donde vive y con eso se calienta. En el día está despierto, pero cuando para, parece una estatua. Toma poca agua, a veces he tenido problemas para darle comida. Le gusta harto el cariño: en la cabeza, en la barbita por la parte de abajo, en la cola no, porque se asusta. No se enoja nada. Es muy tranquilo.

Yo quería tener algo diferente, que fuera un reto para cuidar. Si quieres tener uno debes sacarlo o estar un rato con él, llevarlo al sol, tenerlo en un hábitat que pueda vivir con hartas ramas y rocas.

Mi hermano tiene un erizo de tierra.

"Mis gatas siempre están acostadas y calientitas"

Sofía de Terán, 7 años

Tengo tres gatitas: Mancha Negra, Pelusa y Luna. La Mancha Negra es la mamá, le decimos así porque tiene varias manchitas. Las tengo desde noviembre del año pasado.

Antes tuve otras gatitas: la Jenny y la Gatti. Siempre me han gustado los gatos. Son regalones. La más juguetona es la Luna, viene siempre corriendo a buscarme, a veces se pone en un macetero con una planta grande y me espera ahí. Se pone ronronear feliz altiro. Una vez la fuimos a operar y me preocupé mucho porque pensé que se estaba ahogando. Pero se mejoró.

Siempre estoy con ellas y no me gusta que se vayan. Las gatas están afuera, en el patio. Mi abuela no las deja entrar. Ellas se esconden en el patio de atrás. Una se escondió y no volvió más. Se fue.

Mis gatas siempre andan acostadas y calentitas. Me gustaría tener más gatitos. Dos más. Igual en mi departamento en Puente Alto, tengo dos gatos, el Rucio y el Nixio. Uno vino ayer en la noche y rasguñó mordió a mi hermano porque lo molestó mucho. Le quedó una herida, se puso a llorar y mi mamá fue a dejar el gato al sillón. En la noche me levanté y fui a ver si estaba bien. Después me volví a despertar y estaba acostado a mi lado. Les alimento con comida para gato y carne. No

cazan ratones. Me gusta mucho tener animales. Son parte de la familia.

Donde mis tatas tengo dos más: Gaya y Gati. ¡Tengo siete gatos!

"Mi perro ve fútbol, yo pienso que es de la Católica"

Maximiliano Agustín Mansilla, 9 años

Cuido el perro que era de mi Tata Lucho. Se llama Chino y tiene 15 años. Había otra más vieja, la Fanny con 18, pero ya murió. Ahora lo cuido porque se rompió la rodilla y está sangrando y cojo.

El Chino es juguetón. Cuando se levanta se pone de guatita para que le hagan cariño. Es regalón. Le gusta comer, cuando tiene hambre come galletas, huesos, pan, de todo. Nosotros llegamos a Santiago hace sólo cinco meses. En Chiloé teníamos gatitos.

Al "Chino" no lo podemos ni bañar porque después se enoja. No le gusta, muestra los dientes. Esta así desde que lo atropellaron, yo estaba en Chiloé en ese tiempo.

Cuando le tocas la cabeza hace un movimiento como si estuviera enojado, pero no, ¡está juguetón!, mueve la cola de contento. Cuando fue el cumpleaños de mi mamá, el Chino la fue a saludar y le dio un beso. ¡La lengüeteo!

Es un perro obediente y lo que más le gusta es flojear. Mira fútbol por la tele: las finales, la Champion, todos los partidos. Yo pienso que es de la Católica. El Chino es parte de la familia, me recuerda a mi Tata. Ellos iban a todas partes. Era su regalón y ahora es el mío.

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