Migrantes repletan oficina del Mineduc en busca de colegios

Autor: Carlos Said

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Gabriela y Angélica Ochoa, junto a sus hijos, llegaron el 13 de febrero a Chile. Foto: Benjamín Rodríguez

En Santiago, la Seremi de Educación atiende a cerca de 500 extranjeros al día, quienes llegan pidiendo un cupo para sus hijos. Estas son sus historias.


La ciudad colombiana de Cúcuta, hoy en el centro de la atención internacional, fue a inicios de febrero la vía de escape elegida por la venezolana Gabriela Ochoa, quien huyó de su país junto a sus hijas de uno y nueve años de edad, su hermana y su sobrino de cinco años. La semana pasada llegaron a Chile y una de sus primeras tareas fue buscar un colegio para los niños.

“Nos asustamos muchísimo. Veníamos nerviosas por el conflicto sobre la ayuda humanitaria y nos daba miedo salir. Decían que iba a haber una guerra, y en Cúcuta nos dijeron que había tanquetas de Colombia. Gracias a Dios, cuando cruzamos no pasó nada”, cuenta Ochoa.

Este jueves, ella y muchos de sus compatriotas, al igual que numerosos extranjeros, hacían fila en la Seremi Metropolitana de Educación para solicitar un RUT provisional que se les da a estudiantes extranjeros. El trámite permite a los niños y jóvenes migrantes tener acceso a los cupos que quedan libres en establecimientos educacionales. Debido a que las matrículas se cerraron en diciembre, este verano las consultas se dispararon, al punto que las dependencias atienden alrededor de 500 casos diarios.

“La visa de responsabilidad democrática venció el 13 de febrero, así que preferí venir con mi hijo sin pasaporte y pedimos refugio. Me dijeron que ningún niño se puede quedar sin educación, así que me informaron que podía pedir el RUT provisorio”, explica la venezolana Yeksaré Monsalve.

Otros inmigrantes están haciendo el trámite de manera adelantada. Milagro Rincón, por ejemplo, estaba haciendo el trámite para sus dos sobrinas, quienes vienen  por tierra desde Venezuela. Deberían llegar la próxima semana.

“Ellas allá no han podido estudiar porque no hay maestros, no hay clases y tampoco hay transporte, porque no hay dinero en efectivo para pagar lo que cuesta ir al colegio. Ellas vienen escapando para ver qué podemos hacer aquí en Chile, porque acá la educación no se paga y hay mejores oportunidades”, describe Rincón.

Si en 2016 había 711 estudiantes venezolanos en Chile, el año pasado ya eran 16.081, lo que da cuenta del explosivo aumento de los migrantes de ese país. No obstante, las otras nacionalidades también han crecido: los haitianos pasaron de 916 a 10.863 en el mismo lapso. Y solo en la Región Metropolitana fueron tramitadas 13.650 matrículas para extranjeros en el último año.

Mesa de trabajo

Los nuevos escolares tienen distintos orígenes. La peruana Paulina Miranda llegó el jueves a Chile y hoy ya estaba haciendo el trámite para sus hijas de siete y 11 años. “Cuando uno sale de su país lo hace por algo mejor, y espero que nos vaya bien acá, en especial por los niños. Vengo a trabajar, pero lo primero que quiero es que mis hijas estén bien”, dice.

John Castrellón se trasladó en 2013 desde Colombia, pero su hijo de siete años entró a Chile recién el domingo pasado. “Soñamos con tener una casa y un mejor futuro para él”, reconoce. Y la dominicana Zuleika Fortunato, quien ingresó de manera irregular hace cinco años, hoy buscaba colegio para su hijastro, un adolescente de 13 años que arribó al país hace una semana.

La seremi Bárbara Soto explica que este es un tema de primera prioridad, al punto que anuncia la creación de una mesa de trabajo en marzo, junto a representantes comunales de Santiago, Independencia, Estación Central, Maipú, Quilicura, Recoleta, Puente Alto y La Florida, para abordar la diversidad cultural en los colegios.

“No basta con dar matrícula a los extranjeros. Debemos valorar su diversidad cultural, para evitar situaciones de bullying por xenofobia. Por ello convoqué a esta mesa para que los municipios nos cuenten su experiencia y desarrollemos ideas de inclusión”, afirma.

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