El niño del Parque de los Reyes

Un menor de 13 años protagonizó el martes pasado, junto a otras tres personas, una violación en contra de una mujer en Santiago Centro. Violencia intrafamiliar y deserción escolar marcan la historia del pequeño que, de no hacer nada, puede convertirse en amenaza.


La pareja se encontraba al interior del Parque de los Reyes, en la zona de más altura, cercana a la ribera del río Mapocho. Estaban escuchando música cuando a las 23.30 horas del martes recién pasado fueron abordados por cuatros hombres vestidos con polerones con capucha. Dos de ellos eran menores de edad. Tras ser amenazados con cuchillos y un fierro, se llevaron a la mujer a un sector oscuro mientras su pareja corrió hacia la Avenida Balmaceda, en la comuna de Santiago, en busca de ayuda. De acuerdo a la información que maneja el Ministerio Público, tres de los cuatro hombres violaron a la joven de manera casi simultánea, mientras un cuarto vigilaba. Cinco minutos después del ataque, según el parte policial, a las 23.35 horas llegó carabineros y logró atrapar a dos menores de edad: uno de ellos C.A.F.L., de 16 años, pasó al Centro de Internación Provisoria de San Joaquín, y H.L.R.B., de 13 años, fue entregado al cuidado de su madre, pues al ser menor de 14 años, aún es inimputable por la justicia.

“Ni ahí con nada”

Cuando la exprofesora jefa conoció a H.L. hace cinco años, quedó sorprendida. Estaba en tercero básico y recuerda que recién a sus ocho años ya registraba expulsiones de tres colegios municipales por sus problemas de conducta. La mujer, que prefiere mantener en reserva su nombre por temor a su exalumno, dice que era rebelde. En una breve pero lapidaria descripción lo explica: “Cuando llegó al colegio no estaba ni ahí con nada”.

El pequeño vive en una mediagua en la Villa Ecológica de Quilicura. Pero no siempre fue así. La casa de material sólido que la familia poseía hace casi dos décadas se incendió hace tres años.

Hoy, H.L. comparte casa junto a sus padres y sus hermanos mayores. Tres de ellos son hombres y una es mujer, quien también vive en la precaria vivienda con su pololo. El padre del menor es alcohólico y permaneció postrado durante años por su adicción. Su mamá, quien se lo llevó a la casa luego del grave incidente, trabaja como empleada doméstica. Es una mujer de esfuerzo que vivió en el campo y llegó a la capital hace algunos años.

La hermana de H.L. es conocida en el sector por su consumo habitual de drogas, al igual que su hermano, apodado “El Beño”, quien es considerado por sus cercanos como su principal influencia: en el 2016 ambos hermanos fueron sorprendidos por Carabineros al interior del colegio donde el más pequeño estudió tres años, cursaba sexto básico. Tenían la intención de robar, pero fueron sorprendidos, dice la directora del establecimiento. Intentaron arrancar de la patrulla policial. “Una vez que los pillaron, los carabineros los detuvieron. Los chiquillos se trataron de arrancar con el motor andando, fue todo un escándalo”.

Tras pasar la noche en la comisaría, H.L. y “El Beño” volvieron al colegio y como venganza quebraron más de 70 vidrios. “No podíamos ni caminar”, recuerda uno de los trabajadores del lugar.

En el colegio dicen que intentaron ayudarlo de distintas formas, principalmente con motivación para que hiciera deporte. “El fútbol era lo suyo”, dice la docente, quien recuerda que el sueño de H.L. era ser jugador profesional.

En dos oportunidades recibió una beca en escuelas de fútbol en la comuna, pero finalmente abandonó.

Violencia intrafamiliar

Según la educadora, su contexto familiar influía en su comportamiento. Mientras su mamá trabajaba casi todo el día para mantener la casa, él permanecía junto a sus hermanos y su padre, que de acuerdo a cercanos, estaba siempre borracho y era reconocido por maltratar a sus hijos. Este último registra dos denuncias por violencia intrafamiliar. La primera en mayo de 2006, cuando H.L. tenía tres años. En esa oportunidad, llegaron funcionarios policiales a su casa en Quilicura, luego de que su madre acusara agresiones. En el parte se describía cómo el hombre apodado “El Tito” amenazó a su familia de muerte con un cuchillo, en aparente estado de ebriedad y drogado. Nunca llegó al tribunal y la causa se sobreseyó.

Cuatro años después, la madre del menor volvió a denunciarlo. Esa vez, los golpes llegaron a tal grado que la mujer perdió el conocimiento. El hecho también fue sobreseído.

Su exprofesora recuerda que el niño repetía las conductas violentas de su progenitor en el colegio, lo que terminó en una expulsión. “Las niñas se quejaban de manera constante de que él las molestaba, no de acoso sexual, pero sí físico. Por ejemplo, pasaba por el lado de ellas y les pegaba o les decía una tontera, siempre agrediéndolas. Les decía cosas como ‘maraca’, creo que también un poco en rebeldía a lo que le había tocado vivir”, rememora.

Desde el entorno familiar del menor asumen que la vida no les ha sido fácil: “No somos una mala familia, somos una familia de campo, a los niños uno no los puede llevar de un viaje (sic), porque la vida de ahora no es como la vida de antes. No tenemos la misma suerte, hasta para poder comprarle un par de zapatillas tenemos que hacer mérito, pero no por eso a uno le van a salir los niños malos, uno trata de luchar”.

Hoy, H.L. no asiste al colegio. Si lo intentara ahora, sería la sexta vez que busca reinsertarse en el sistema escolar. El 21 de septiembre cumplirá 14 años. Si cae nuevamente tras esa fecha, deberá enfrentar la justicia.

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