PDI detiene a cinco personas por lavado de activos en operación “Laguna Azul”: líder de la banda operaba desde la cárcel de San Miguel como servicio de cajero y prestamista

Referencia de archivo.

Las reclusas transferían dinero a las cuentas de la imputada y ella les entregaba el efectivo. También transfería a cuentas del exterior tras recibir el dinero de las internas que requerían de su servicio. “Era un cajero, una caja bancaria al interior”, señaló el subcomisario Víctor Contreras, de la Brigada de Lavado de Activos de la PDI. Esta es la primera detención en Chile por infracción al artículo 39 de la Ley de Bancos.




Una investigación trabajada por más de un año por detectives de la Brigada de Lavado de Activos de la Policía de Investigaciones en conjunto con la Fiscalía Metropolitana Oriente, culmina con la detención de cinco personas en la denominada operación “Laguna Azul”.

El grupo fue detenido por el delito de lavado de Activos teniendo como delito base el tráfico de drogas e Infracción a la Ley de Bancos.

La líder de la banda operaba desde dentro del Centro Penitenciario Femenino de San Miguel, en donde otorgaba un servicio informal de préstamos, depósitos y retiros de efectivo para las reclusas, cobrando un 15% del valor de cada operación y obteniendo ganancias semanales de entre $800.000 y $1.000.000. El resto de la banda operaba desde fuera como testaferros.

Esta es la primera detención en Chile por infracción al artículo 39 de la Ley de Bancos, donde se tipifica el funcionamiento irregular de la explotación del giro bancario por persona no autorizada (mitiga la actividad de prestamistas y el gota a gota).

Se incautaron propiedades por $615 millones, además de especies como televisores, celulares, relojes y carteras de alta gama, además de dinero en efectivo y dos pistolas lanza balines, por un total de $20 millones.

El subcomisario Víctor Contreras, de la Brigada de Lavado de Activos de la PDI explicó que la investigación se inició en 2019 con la Fiscalía de Alta Complejidad Oriente.

“Junto a su grupo familiar y personas que externamente le ayudaban a administrar bienes y prestar cuentas, conforma un servicio al interior del centro penitenciario en que se encontraba que tenía por finalidad ofrecer giros y depósitos. De esta manera ella semanalmente ingresa dinero en efectivo el cual pone a disposición de las reclusas. Ella cobraba un porcentaje por cada una de las transacciones cercano al 15%”, detalló.

Las reclusas ingresaban transferencias a las cuentas de la imputada y ella les entregaba el efectivo o ella transfería a cuentas del exterior tras recibir el dinero de las internas que requerían de sus servicio. “Era un cajero, una caja bancaria al interior”, señaló el subcomisario Contreras.

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