A 35 años de su debut, cómo la teleserie La Madrastra cambió las reglas del género en Chile

La producción fue estrenada el 21 de abril de 1981 y hasta hoy es un referente del rubro.

Al interior del Café Villa Real de Providencia, uno de los emblemáticos lugares de los 80, Jael Unger recuerda los ecos que trajo a su vida el avasallador éxito de La Madrastra, aquella teleserie emitida por Canal 13 que se convirtió en un fenómeno de audiencia. Pero las réplicas del suceso no sólo la golpearon a ella y al resto del elenco: estrenada hace 35 años, el 21 de abril de 1981, la producción marcó un hito en la TV local y estableció los principios para todo el género facturado en los años posteriores.

Por lo demás,  en el ejercicio de la memoria, Unger habla del ex presidente Jorge Alessandri, un fiel seguidor de la historia escrita por Arturo Moya Grau; de Gloria Münchmeyer, quien se vio obligada a dormir fuera de su casa el día en que el público se enteró que su personaje era el asesino; y habla también de aquellas personas que apuraban la locomoción para llegar a casa y develar el misterio: ¿quién mató a Patricia? 

Fue así como, desde abril hasta septiembre de 1981, el país fue involucrándose más y más con la historia que alcanzó una audiencia de 80 puntos en su último capítulo. “Yo salía prácticamente todos los días en portada, era una historia que se seguía mucho. Pero en la calle no me preguntaban quien era el asesino, a mi me acompañaban en la búsqueda”, ejemplifica Unger.

“El éxito de La Madrastra sugiere una fórmula muy característica que se ve en las teleseries chilenas que se han internacionalizado y es el sello del suspenso, del enigma, que se ha convertido en una impronta muy chilena. El amor es importante, pero también es súper importante descubrir lo que está escondido”, subraya Constanza Mujica, académica de la Facultad de Comunicaciones UC. 

“La Madrastra echó mano a los mejores recursos de la novela policial. Plantear desde el principio una gran intriga: un cadáver, un misterioso asesinato, un criminal desconocido, un grupo de sospechosos. Al mejor estilo de Agatha Christie, organizó un mundo cerrado, donde los posibles asesinos pertenecían al mismo universo”, señala el guionista radicado en Miami, José Ignacio Valenzuela. Luego agrega: “Ese estilo se mantiene vigente hasta hoy. Cada vez que se ha hecho una telenovela de corte policial, las reglas planteadas por La Madrastra vuelven a surgir y aparecer”. 

Los Títeres (Canal 13), Fuera de Control (Canal 13), La familia de al lado (TVN), ¿Dónde está Elisa? (TVN), El laberinto de Alicia (TVN), Témpano (TVN), El Regreso (TVN), Esa no soy yo (TVN) y la lista podría seguir engrosándose. Los residuos del suspenso y del enigma están desperdigados en la historia de las teleseries.

“Al llevar a la televisión la comedia y el melodrama, hay una vuelta de tuerca: darnos una polaroid del momento que se vivía. En lo doméstico hay una capacidad de crear tensiones. Sus casas ostentosas construyen impecables radiografías de época. Y lo más perturbador de esas casas fastuosas es que uno sabe que están a punto de derrumbarse. Y la pregunta es: cómo esto va a ocurrir”, reflexiona Cristián Opazo, profesor de Letras UC. Pablo Illanes, guionista que también ha tomado el suspenso como esencia de sus historias, acota: “Es la primera teleserie moderna. Antes de ella se tendía al melodrama más clásico: amores imposible, clases sociales, mundo opuestos. Acá, hay un conflicto policial”.

Areas dramáticas

Si bien previo a 1981 la televisión en Chile había desarrollado sus primeras piezas dramáticas, el éxito de la teleserie que dirigió Óscar Rodríguez abrió el apetito de los canales. “Sin La Madrastra -agrega Mujica- la industria de la telenovela chilena no sé si no existiría, pero se hubiese retrasado. El ser una producción de ficción con ese éxito de audiencia, significaba para los canales un lugar para invertir, y  fue cuando le dieron espalda a este género”.

En la industria chilena, además de situar en el sillón del éxito al área dramática de la entonces señal católica, sembró en Televisión Nacional de Chile la necesidad de generar más ficciones. Una estación que -según recuerda la propia Unger- tenía vetados a muchos actores de izquierda -incluida a ella-, y que se vio obligada a retractarse para convocarlos nuevamente. “La Madrastra no tiene parangón. A muchas les fue bien, a Ángel malo por ejemplo, pero ninguna le llegó ni a los talones”, reflexiona la actriz.

Luego agrega: “Muchos decían que encontrar al verdadero culpable y hacer justicia fue el motivo del éxito. Porque la gente clamaba por justicia en esos años”. Una lectura que cobra sentido si se piensa que su personaje era una mujer que estuvo 20 años en prisión de manera injusta. 

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