Agustín Prat, el último guardián del 62

En una semana marcada por el fallecimiento de Armando Tobar, otro emblemático seleccionado chileno del Mundial del 62, El Deportivo se reúne con Agustín Prat (93), el único dirigente vivo de los que organizaron aquel histórico certamen. Ésta es una conversación de dos horas y cinco minutos a bordo de una corbeta llamada fútbol.

Es el único superviviente de cuantos hicieron posible la celebración de la Copa del Mundo en Chile, en 1962, y también descendiente directo del héroe nacional Arturo Prat, que combatió en la Guerra del Pacífico y que murió en aguas de Iquique el 21 de mayo de 1879, cuando el reloj marcaba las 12.10. Es Bombero retirado, consejero de la Cámara de Comercio y fanático de Santiago Wanderers, y tiene -dice- la receta para llegar a los 93 años sin padecerlos ni representarlos. “Hay que ser activo y reírse todo lo que se pueda”, proclama, mientras toma asiento en el salón de reuniones del tercer piso del Edificio del Comercio, exactamente en el momento en que dan las 10 de la mañana

Don Agustín Prat Valdés nació el 10 de febrero de 1923 en el Cerro San Juan de Dios de Valparaíso, mirando al mar. Ese mismo que 44 años antes se había llevado a su tío abuelo en la más célebre batalla naval librada en la historia de la armada chilena y saldada con el hundimiento de la corbeta Esmeralda. Un acontecimiento histórico clave del que Agustín no puede o no quiere desmarcarse. Porque recordar, en señal de duelo, día tras día, aquel naufragio, forma parte ya de su rutina. Por eso, cada mañana, cuando a las 12.10 suena en la sede del Caleuche (el Centro de Ex Cadetes y Oficiales de la Armada) la marcha militar Brazas a Ceñir y repican las campanas en memoria de la Esmeralda, el longevo dirigente interrumpe su jornada. “Yo siempre que puedo voy al Caleuche. Y si no puedo, estoy pendiente, porque hay que seguir la rutina. Y de aquí, cuando vengo, me retiro siempre a esa hora. Si pregunta a qué hora se va Don Agustín, le dirán: a las 12.10”.

Fue en el puerto principal y a comienzos de los años 30 cuando Agustín Prat descubrió el fútbol. Dos periodistas deportivos que se hospedaban en la Residencial regentada por su madre, decidieron llevarlo una tarde al estadio, situado en Playa Ancha, y el niño, entonces de ocho años, simplemente se enamoró. Tiempo más tarde llegó la confirmación, en el Seminario, en donde solía jugar a la pelota como primer reserva, y en donde conoció al sacerdote que presidía la Asociación de Fútbol de Valparaíso.

En 1956, el año en que Prat era designado nuevo director tesorero del Club de Deportes Santiago Wanderers, un congreso de la FIFA celebrado en Lisboa estaba a punto de cambiar el futuro del balompié chileno para siempre.

Un Mundial hecho a pulso

Agustín Prat tiene dos archivos infalibles; una memoria privilegiada y una prolija colección de recuerdos. Por eso le resulta tan fácil regresar a aquel año, 1962, y restituirlo en este amplio salón de la calle Monjitas y en este preciso momento. Tan solo pide dos cosas antes de iniciar la regresión; que bajemos la vista a la mesa, sobre la que yacen, perfectamente ordenados, insignias, documentos oficiales y toda suerte de vestigios de aquel certamen; y que le hablemos alto y claro al oído izquierdo. “Son cosas de la edad”, se excusa, innecesariamente.

De entre todos los objetos que atesora -y que manipula ahora, con sus manos arrugadas por el fútbol y por el tiempo- llaman la atención dos documentos recientes, rigurosamente actualizados; los registros de los jugadores y dirigentes de 1962 fallecidos hasta la fecha. Una especie de recuento vital del que forma parte ya Armando Tobar. Un auténtico inventario de ausencias. “Con los otros dirigentes prometimos juntarnos todos los 30 de mayo, que fue la fecha en que empezó el Mundial, y con mi amigo Enrique Nielsen lo hacíamos, pero ya sólo quedo yo”, comenta, todavía sonriente, mientras recorre con su tembloroso dedo índice el largo listado hasta detenerse en el útimo de los nombres, el del dirigente número 74.

A los cuatro primeros de la lista -Carlos Dittborn, Juan Pinto Durán, Ernesto Alveal y Manuel Bianchi Gundián- Agustín Prat los denomina “los cuatro mosqueteros”, porque sin ellos, asegura, la Copa del Mundo no se habría llegado a disputar jamás en suelo chileno.

No en vano, hay quien sostiene que la designación de Chile como país sede del Mundial, tras superar en la votación a la otra candidata (la archifavorita Argentina), no se habría llegado a producir de no haber sido por la dialéctica de Dittborn, responsable de aquella memorable frase en Lisboa: “Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”. “Claro, porque nosotros no teníamos nada más que el entusiasmo de ser”, refrenda hoy su ex compañero, nombrado integrante del Consejo del Comité Ejecutivo del Mundial en 1961, tan solo un año antes del inicio de la justa.

Un certamen que Carlos Dittborn, fallecido 32 días antes del arranque de la competencia, jamás llegó a presenciar. “El momento más triste que he vivido en el fútbol fue cuando supe la muerte de Carlos (Dittborn). Porque después de haber trabajado con él durante toda la organización, tener esa mala suerte, que un hombre joven, inteligente, lleno de vida, que un dirigente tan habilidoso muriera justo antes del inicio del Mundial, fue algo demasiado cruel”, explica, con turbación.

El Mundial de 1962 será siempre recordado como aquel en que la selección chilena, dirigida por Fernando Riera, obtuvo la mejor clasificación de su historia, adjudicándose el tercer puesto. Pero también, desde un punto de vista organizativo, como la Copa de las dificultades. “Después del terremoto de Valdivia (1960) creíamos que el gobierno nos iba a poner problemas para poder hacerlo, pero fue un Mundial, como decimos nosotros, hecho a pulso. La publicidad era muy poca y televisión, que era el gran recurso, no había”, rememora Prat.

Y por si fuera poco, el segundo duelo disputado por la Roja, ante Italia (2-0), iba a pasar a la posteridad como uno de los partidos más violentos en la historia de este deporte. La Batalla de Santiago, dieron en llamarle. “Yo no estuve ese día en la cancha, pero que Leonel (Sánchez) le pegó el combo al italiano, ya te digo que se lo pegó. Y Leonel era hijo de un boxeador”, recuerda el dirigente.

Pero el de 1962 fue también el del triunfo chileno ante la URSS (“el 2-1 a Rusia en Arica es de los recuerdos más lindos que guardo, por todo lo que significó”); el del agónico gol de Eladio Rojas para colgarse el bronce; y el de un Brasil -sin Pelé, pero con Garrincha-que logró revalidar en Chile su cetro planetario. Y todo, cuentan, gracias a un perro. El que se coló en la cancha de Sausalito cuando la verdeamarela no podía con Inglaterra en cuartos de final. Y el que una vez que se marchó, allanó el camino hacia el triunfo de los brasileños.

Tal fue el supersticioso fervor generado por aquel animal que Garrincha había tratado de sacar del terreno de juego, que tres días después de la conclusión del torneo, Prat, encargado de la sede de Viña del Mar, recibió una llamada en su despacho. Era de Brasil. “El jueves viene un avión militar a buscar al perro porque le van a rendir un homenaje en el carnaval de Río, me dijeron. Y entonces llamé al administrador de Sausalito y le dije: ‘¿te acuerdas del perro del partido?, Necesito ubicar al perro, hüeón, porque vienen de Brasil a buscarlo”, relata, con tono jovial, el dirigente. Pero todos los esfuerzos fueron en vano. “A los dos días, llego a la ANFP y Antonio Labán, el presidente, me dice: ‘agarra cualquier quiltro y mándalo. Y los haces felices’. Pero yo, que en esa época era un poco exagerado, no me atreví. Así que llamé y dije que no habíamos podido encontrarlo. Y el perro se quedó sin homenaje”, concluye.

55 años de fútbol

En 1966, Agustín Prat presidió la delegación chilena que viajó al Mundial de Inglaterra, ése en el que el portugués Eusebio deslumbró al mundo y en el que los ingleses lograron, merced a un gol fantasma de Hurst, el primer y único título planetario que poseen. Pero la participación de la Roja, con un plantel muy similar al del 62 y con un jovencísimo Elías Figueroa en cancha, fue decepcionante. Quedó eliminada en la fase de grupos, sin sumar ninguna victoria. Prat, se excusa: “La gente pierde las proporciones. Casi íbamos con la obligación de ganar el Mundial. Y hay que considerar dos cosas. Primero, que ser local, sobre todo en aquella época, era muy importante. Y segundo, que no había la abundancia que hay ahora. Y los resultados no fueron tan terribles, pero parecía que había que llegar aquí de vuelta con la cola entre las piernas”, denuncia.

Pero al menos, el dinero obtenido en aquella justa planetaria, llegó a salvo. Y de una forma más bien curiosa: “Al terminar el Mundial nos preguntaron si nos transferían las libras, que era lo normal, pero yo, como buen y apretado tesorero, les dije: ‘no, yo preferiría llevarme las libras’. Y compramos unas cartucheras, junté a todos los jugadores, y les metí por todos lados los billetes. Llegamos a Chile con todo. Nada de esperar la transferencia”.

Desde 1961, Agustín Prat, que también llegó a ser presidente de Santiago Wanderers, trabajó para la ANFP. Su último cargo fue el de integrante del Tribunal de Honor del organismo, en el que se desempeñó entre 2001 y 2011. Pero 48 horas antes de que el ente rector invistiese como presidente a Sergio Jadue, presentó su renuncia indeclinable. El simple hecho de recordarlo, modifica su ánimo. “Es que cuando tú me preguntaste por la mayor pena que yo viví en el fútbol, si fuera ahora, diría que eso. Porque nunca antes había habido fraude en el fútbol chileno. Nunca”, sentencia enojado.

Pero si hay otra cosa que molesta al dirigente, además de tener que referirse a Jadue, es que le pregunten cuál es la verdadera época dorada del balompié chileno. Para ello, claro, se reserva una respuesta salomónica: “Para mí estas comparaciones no caben. Soy un admirador de lo que está pasando ahora, pero sin perder de vista el mérito de lo que sucedió en el 62, por lo medios que había”. Y puede que sea cierto y esas dos realidades tan opuestas no tengan por qué ser incompatibles.

Él, después de todo, que lleva 50 años viviendo en Santiago y añorando cada día los 39 cerros de su infancia, debe saberlo mejor que nadie. “Cada vez que vuelvo a Valparaíso, llegando a Curacaví tengo ya 20 años menos”, confiesa emocionado. Y la entrevista termina, cuando faltan apenas cinco minutos para que den las 12:10.

Santiago 17/11/2016 entrevista a agustin prat, descendiente directo del arturo prat y unico dirigente chileno vivo del mundial de futbol de 1962. En la foto Carnet otorgado por la fifa a don agustin prat Foto: Mario Tellez / La Tercera

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