Alberto Fuguet: "No le pidan a un escritor que no mienta o no exagere”

Tras siete años, reedita Missing, un libro sobre su tío perdido en EEUU, con un epílogo que narra lo que pasó tras la publicación. Relata el intento de Cristián Bofill, ex director de La Tercera, de entrevistar a su tío, y cómo fue él quien respondió la entrevista.

Alberto Fuguet estaciona en el ingreso a un motel de Denver. “Carlos está allá adentro”, le dicen. “Te está esperando”. Desde hace años, el escritor tiene el proyecto de escribir sobre Carlos: un libro sobre su tío perdido, su tío favorito, que nació en Ñuñoa y que llegó a EEUU con 19 años, fue reclutado en los días de Vietnam, se hizo hippie, conducía un Mustang y escuchaba a Led Zeppelin; que luego cayó preso y de pronto, en 1986, desapareció de la faz de la tierra. Nadie supo más de él. Presumían que estaba en Cuba o en México, tal vez muerto o involucrado en drogas. La figura del tío perdido o fugado se volvió una obsesión para Fuguet. Y ese sábado de junio de 2003 está a punto de encontrarlo.

Fuguet entra al lobby. Es un lugar sencillo y desangelado. Detrás del mesón, con una polera blanca con insignia del motel, está Carlos. “Está vivo. Gordo. Bajo. Calvo. Pero es él. Es Carlos y está vivo”. Han pasado 17 años. Se saludan, se abrazan. “Sabía que serías tú, sabía que si algún día me encontraban ese serías tú”, le dice Carlos, y su sobrino se emociona.

La historia es parte de Missing, una investigación, el libro de Fuguet que relata la historia de su tío Carlos Fuguet, de sus razones para desaparecer y de cómo lo encontró. También, de cómo se encontró a sí mismo y reencontró a su padre.

Missing se publicó en 2009 y de algún modo marcó un hito en la trayectoria de Fuguet. Siete años después el autor lo reedita con agregados. Cuenta lo que pasó tras la publicación, y revela un episodio en especial: el intento de Cristian Bofill, ex director de La Tercera, por entrevistar a su tío. La entrevista se publicó en el cuerpo de Reportajes, pero quien la respondió en realidad fue Alberto Fuguet. Y la nueva edición la reproduce.

¿Cómo cambió en estos siete años?

Para mejor, creo. Sin duda que para mejor aunque yo con el pasado tengo bastante buena relación: de ahí salen todas mis historias. En el pasado están mis libros que siguen vivos. Ha sido un año intenso y algo sobregirado, mucha exposición. Ando creativo y contento con lo que he creado. No ficción y Sudor me han conectado con muchos más lectores en todos los países hispanos y acá. Y de esa vibra surge la idea de presentar Missing con un extra y su edición definitiva y hasta una portada nueva. Amo la vieja portada de mi tío Carlos con una bandera americana, pero también entiendo de donde vino: yo sentía que lo que contaba era mi historia o, para ser más específico, su historia; ahora la nueva portada, que es muy caminera, americana, muy Edward Hopper, cinematográfica, remite más bien a una historia mayor: de todas las familias o de una historia que no termina con la mía sino empieza con ella. Todos se han perdido o desean hacerlo; en toda familia hay algo no resuelto. Yo pensé que Missing era sobre mí hace siete años y que hasta estaba revelando secretos; hoy entiendo que yo me dedico a contar historias plurales usando mi yo.

En sus libros hay una fijación con personajes que se pierden. ¿De dónde viene?

Creo que de un profundo narcisismo: yo durante años me sentía un perdido. Y me atraen esos personajes. Me provoca curiosidad los no armados, los incompletos, los raros. Esos son los tipos que me intrigan literariamente. Me llevo mal con los poderosos, los resueltos. Todos mis personajes tiene ese ADN.

Missing parece ser sobre su tío pero en el fondo es sobre Ud.

Está entre lo más personales. Es cercano, personal y casi todo es verdad. Coincido contigo: es más acerca de mí. Es como yo conecté con la idea o la historia de Carlos. Mi tío fue mi alter-ego; y fue mi fantasía. Yo quise ser como él y fugarme, perderme. Creo que todos necesitan conectar con otros antes de poder mirarse. Uno necesita espejos. Carlos lo fue. Missing es, digamos, el prólogo de mis futuras memorias.

Missing tuvo efectos adicionales: lo reencontró con su padre.

Todo lo familiar fue para bien. Mi papá fue el primer aliado de Missing y lo ha sido de todos mis libros, partiendo por los últimos. Carlos también es pro Missing. Todo esto lo cuento en el prólogo. Missing tiene algo de ajuste de cuentas pero conmigo, con las historias, pero no con ellos. Toda mi familia ama Missing; el libro que odiaron fue Mala onda y Por favor rebobinar.

¿Qué le pareció la reacción de la crítica?

Exagerada. Fue lo peor de sacar Missing. Mucha crítica positiva, pero yo siempre la leí como que me decían por fin dejé de ser yo. O que por fin maduró. ¿Es mi libro más maduro? No sé. Espero que no. Por ahí dije: no es que yo maduré, la crítica maduró. Igual entiendo por qué gustó: parecía no tan mío, parecía mayor, centrado en un tipo que tiene cerca de 60, parecía menos pop. Pero ojo: parece. Missing es acerca de un tipo, es un libro que huele a USA, lleno de caminos y moteles, y está lleno de películas y de inglés y de canciones. Creo que sí tiene un tono distinto y ese tono lo veo en lo que estoy escribiendo ahora.

¿Debemos leer Missing como ficción o autoficción?

Es una investigación. Y no sé si deban leerla pero me gustaría que lo hicieran; o incluso la releyeran. Eso es, creo: una investigación. De ahí el subtítulo. Investigué a Carlos, a un país, a un sueño, a una familia, a mí; y también investigué los géneros, lo que es una memoria, una crónica, una entrevista y claro, lo que es una novela o a donde puede llevar. Missing, tal como Sudor y No Ficción, investigan si vale la pena novelalizar la historia o si es mejor contar cómo se hace. Las tres indagan y usan la máquinaria del making of, que capaz que sea un libro futuro mío: el behind the scenes de mis ficciones.

El director de La Tercera entonces, Cristián Bofill, quiso entrevistar a su tío. Le enviaron preguntas, pero el que las respondió fue Ud. ¿Por qué?

¿Un oso acaso no se come a un documentalista que cree en la bondad de los animales? Bofill se fue en volada con investigar la ficción. Fue algo surrealista. Carlos me dijo, prefiero pasar, esto no es lo mío, no entiendo por qué desean hablar conmigo. Hazlo tú, si tú eres mi voz, y lo hice, feliz. El querer entrevistar a un personaje de ficción le dio más ficción a algo que no era una novela sino una investigación. Esa entrevista hizo que el mismo libro pasara, sin alterar una palabra, de ser un libro de no ficción a otra cosa. ¿Me explico? Si quieren jugar con la ficción y la verdad, juguemos. Es más: ¿cómo sabes que soy yo el que escribe mis novelas y no un primo de Elena Ferrante? El periodismo casi nunca es ficción; pero leer una entrevista de verdad donde las respuestas son inventadas (basadas en lo real) es un perfecto artefacto y me deja feliz de haberlo hecho.

Le tomó el pelo a Bofill, y a los lectores.

Para nada. Uno siempre le toma los pelos (todos los pelos) a los lectores. De eso se trata: que te crean. Que casi todo lo que se cree está conectado a la verdad es otra cosa, pero no le pidan a un escritor que no mienta o no exagere. Fiscalizar la ficción o a un escritor como a un ministro me parece un despropósito. Engañar es sacar libros en los que uno no cree o copiarse o no creer que el lector puede aceptar distintas facetas de uno.

¿Por qué lo cuenta ahora?

Porque es una buena historia y porque hay un epílogo; el libro ya existía. Me parecía que las cosas importantes yo las debo contar por escrito, en textos míos. Yo me hago cargo de lo que escribo y por eso quise contar lo que sucedió después de publicar el libro. Tenía que pasar tiempo. Todo libro tiene al menos dos sagas: cómo se hizo y cómo fue recibido. Eso hice con Por favor rebobinar y ahora lo hago con Missing y creo que seguiré haciéndolo.

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