Alvaro Bisama: "Escribir es despojarse"

El autor nacional habla de El brujo, su última novela, publicada por editorial Alfaguara. El título narra la historia de un fotógrafo en los 80 que luego se aleja del mundo.

Un hijo cuenta el pasado de su padre. Y de esa manera, también el de su familia, así como de parte de la historia del Chile de los 80. “Mi padre comenzó a trabajar como fotógrafo de prensa en 1984”, se lee en El brujo, la última novela del escritor Alvaro Bisama (41).

Es la voz del hijo que durante la mayor parte del libro contará cómo su padre sobrevivió luego de trabajar para una agencia inglesa de noticias, cubriendo las protestas, y cómo tomó una de las fotografías que quedó en la memoria colectiva al representar la violencia de la dictadura. 

“Sus fotos eran claras, eran nítidas, no tenían dobles lecturas. La mirada de mi padre era directa, no había tiempo para ninguna profundidad”, cuenta el hijo, quien lleva el mismo nombre que su padre. 

El fue el hombre que un día fue enviado por la agencia para registrar los lugares donde los militares habían hecho desaparecer los cadáveres. El fotógrafo que también había sido torturado, toma una decisión. Algo se rompe en él para siempre. 

Un amigo le ofrece viajar a Buenos Aires, pero él prefiere irse a una casa en Chiloé, cerca de Dalcahue. Allá hace clases de arte en una escuela, se dedica a pintar reproducciones de retratos de familias y cuida a Copito, el gato que le regaló su hijo, quien lo visita en vacaciones.

Detrás del personaje    

“El padre es alguien que se retira. Es un fantasma. Alguien que ya no tolera nada. Ya no tolera la luz. Borrarse significaba que su propia voz cambiaba, se iba trizando”, dice Bisama, quien presenta un relato de escritura lineal en El brujo. Una novela más tradicional, para quien está acostumbrado a narrar desde la fragmentación y la cultura pop. 

No fue premeditado, dice. “Estrellas muertas, Ruido y Taxidermia, en cierto modo, son novelas montadas. Pero  es bueno trabajar contra lo que te sale fácil”, comenta Bisama, y agrega: “Siempre pensé que la novela tenía que ser lo menos imbricada posible, y me di cuenta que no fue necesario el uso de la cita, mezclar las voces, por ejemplo. Había una suerte de efecto de despojamiento. También es bonito pensar esa idea, que escribir es despojarse. Acercarse al silencio. En la novela, padre e hijo se están despojando de cosas”. 

En su primera parte El brujo es una historia narrada de manera simple, ambientada en un momento oscuro del país. Después, en la isla de Chiloé, donde el horizonte es más amplio y limpio que en Santiago, los hechos se vuelven escabrosos. Es cuando ocurre un doble crimen. Es cuando hay una huida y entra la voz del padre. La novela sobre la dictadura se convierte en un policial.  

“Más que el argumento, me preocupa esa extraña intimidad que provee la frase. Mientras escribía sentía que estaba detrás del personaje y trataba de percibir hasta dónde puede llegar esto, cuál es el límite”, dice Bisama, director de la Escuela de Literatura Creativa de la UDP. 

“No sé qué es una novela ni nunca lo he sabido. Entonces escribía esta narración sin ninguna clase de certeza, de preconceptos. Quería que fuese un trayecto, no solo del argumento, que está presente, sino también del lenguaje, que fuese sencillo. Un trayecto que va de lo más transparente a lo más opaco”, señala el autor, quien sigue trabajando, dice, en sus territorios y obsesiones.   

“Ahora estoy escribiendo una cuestión totalmente experimental. Estoy en otra. Volví al delirio”, agrega riendo.

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