Canelo metía miedo

Autor: La Tercera

Se inició en la filial de Santiago Wanderers en Santiago, junto con Hugo Berly, su vecino en la Juan Antonio Ríos, una población pródiga en futbolistas.

“Llegué a Wanderers en 1958, con José Pérez de entrenador. Los laterales titulares eran Francisco Julio y Reinaldo Coloma y también jugaba Aldo Valentini. Ese año, Wanderers fue campeón. En 1959 conquistamos la Copa Chile con Valentini en la derecha y yo en la izquierda. Y en 1961 volvimos a ganar la Copa Chile con Valentini en la derecha y yo alternaba en la izquierda con Berly”, recuerda Manuel Adolfo Canelo Carter, quien nació el 19 de diciembre de 1941 en Santiago (cumplió 75 años), y medía 1,72 metros y pesaba 71 kilos cuando defendió con dientes y muelas las camisetas de Santiago Wanderers, O’Higgins, Huachipato, Audax Italiano y Unión San Felipe.

“Una vez el caricaturista Lukas publicó un dibujo en que me bautizó como Zapatitos con sangre… Lo tengo en un marco en mi casa en la Villa Chena, San Bernardo. Sí, sí, fui el primer Zapatitos con sangre, antes que Leonel Herrera”, cuenta Canelo.

Lateral derecho, a veces izquierdo o zaguero central, Canelo ganó fama de dureza por su característica de no dar ni pedir cuartel y su rostro de pocos amigos, con el párpado izquierdo caído a raíz de un cabezazo casual con su compañero Berly.

“Me dediqué ciento por ciento al fútbol, era el primero en gimnasia y tenía mucha fuerza, pero nunca lesioné a un rival y jamás fui expulsado”.

En 1963, O’Higgins contrató en la banca a José Pérez y el Gallego pidió en préstamo por dos años a Canelo, quien se transformó en el regalón de los hinchas rancagüinos. En 1964 los celestes dieron la vuelta olímpica del ascenso. Retornó a Santiago Wanderers y fue campeón en 1968, otra vez con José Pérez como entrenador.

“Era el equipo de los Panzer, los tanques. Fuimos tres los jugadores que actuamos en todos los partidos: el arquero Juan Olivares, yo y el Pochoco Luis Acevedo. Las dos universidades tenían grandes equipos, pero en el último partido Palestino le empató 3-3 a la U y el gol de José Moris nos dio el título”.

En 1969 fue llamado por Salvador Nocetti a la Selección Nacional: “Pero justo tuve un pellizcamiento de meniscos en la rodilla izquierda. Durante dos años había sido elegido el mejor lateral derecho”.

¿Quién fue su ídolo? “En el Mundial de 1962 tuve la suerte de enfrentar como sparring a Brasil en la cancha de la Compañía Chilena de Tabacos. Me tocaba marcar al astro Garrincha, que me bailaba, pero lo que le vi hacer a Pelé en los entrenamientos era de otro mundo. Así es que le pedí que se sacara una fotografía conmigo: la tengo enmarcada”.

Antes se daban los enfrentamientos individuales entre el marcador y el puntero izquierdo. Con Leonel Sánchez sacaban astillas en cada choque. “Con Leonel había que jugar fuerte porque él era picado, entraba con los codos, escupía y pegaba patadas… Con Everton había una gran rivalidad y el Pollo Leonardo Véliz no arrugaba, era cochino y golpeaba por detrás… El Mago Manuel Saavedra, de Unión La Calera, creaba problemas por su habilidad y porque también era duro. Otros difíciles, el Chico Orlando Villegas, de Ferrobadminton; el brasileño Roberto Frojuelo, de Colo Colo, Fabián Capot, de Santiago Morning, con su dribbling endemoniado… Mario Ramírez, de Unión Española, agachaba la cabeza y tomaba la moto… El Pata Bendita, Osvaldo Castro, de Unión La Calera, era mañoso y dejaba puesta la plancha… El Loco Miguel Ángel Gamboa, de Audax Italiano, era firme…”.

¿Está seguro de que nunca lesionó a un delantero? “¡A uno! Al brasileño Elson Beyruth, de Colo Colo: fui al piso y sin querer le fracturé un dedo del pie. Años después, él se tomó desquite y me quebró el dedo medio de la mano derecha”.

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