Carlos Tromben: "La historia hace del héroe una estatua"

Autor: La Tercera

La próxima semana aparece la novela Huáscar que, a través del barco peruano, narra el inicio de la Guerra del Pacífico.

Un nombre misterioso que para muchos era sinónimo de fatalidad. “El Huáscar, el más temible de los blindados peruanos, avanzaba en su dirección como una ballena asesina. Lo precedía el zumbido monótono e implacable de su máquina”, se lee en la nueva novela del escritor nacional Carlos Tromben, que recrea no sólo la travesía y la captura del barco que hundió a la Esmeralda, con Arturo Prat  abordo, en el Combate Naval de Iquique, sino la aventura marítima de quienes participaron a lo largo del primer año de la Guerra del Pacífico, en 1879. 

“El señor Grau aterroriza nuestras costas, captura barcos con hombres y pertrechos, burla a nuestros marinos y condena a nuestros soldados a la inmovilidad más humillante”, anota Tromben en el libro Huáscar, publicado por Ediciones B, que se presentará el  próximo martes 19, a las 19.30, en la Fundación Cultural de Providencia. 

En el ejemplar, el autor de títulos como Prácticas rituales, reconstruye una aventura con personajes de carne y hueso, donde se puede dimensionar la inteligencia de Miguel Grau, comandante del Huáscar; las aspiraciones políticas de Domingo Santa María, mientras el Presidente de Chile era Aníbal Pinto; la influencia de la familia Edwards, hasta la incursión histórica de Eusebio Lillo, más allá de haber creado la letra del himno nacional.  

“Escribí desde julio del año pasado y por siete meses todos los días tres horas diarias”, dice Tromben. El proyecto nació de una invitación del escritor y editor Patricio Jara, quien le propuso escribir la historia sobre el barco que hoy flota frente al mar de Talcahuano.

El Huáscar  está dividido en tres capítulos, La búsqueda, El encuentro y El combate, y comienza con dos epígrafes. Uno de Joseph Conrad y el otro es de Julio Verne. 

“El 40% de la novela es pura especulación. Pero la imaginación acá es el mito del mar, de la aventura. ¡Imagínate lo que es estar de noche en alta mar bajo las estrellas! El mar es una epopeya superior”, dice Tromben, nacido en 1966 en Valparaíso, ciudad donde se desarrollan muchos hechos en la novela.

¿Cómo trabajó con el material histórico para usar, por ejemplo, la jerga naval?

Mi padre, que es historiador naval, me facilitó una bibliografía chilena y peruana de muy alto nivel. La historia, dependiendo qué país la cuente, es variable, hay matices y es ahí donde el novelista toma partido. Incluso qué relato hace más sentido dramático. El historiador trabaja sobre evidencia dura; el novelista, no. Con respecto a términos marineros, es una capa muy superficial en la novela. Quería que esta fuese verosímil, pero no hiperrealista. Sin embargo, existen para consultar planos bidimensionales de la trayectoria de las naves a través de cartografías. También hay relatos en cartas de sobrevivientes del Huáscar. 

Campaña en tierra y mar

La novela arranca en Caldera, el 22 de mayo de 1879. Es cuando el viejo telegrafista Flavio Norambuena  le dice a su ayudante: “Recuerde también este nombre, joven Bernardo. Huáscar, el príncipe inca, el flagelo del mar”. 

La historia sigue en Iquique, en el mes de julio. Luego en agosto y septiembre, en Valparaíso, y ya en octubre la narración se instala en Mejillones donde, en Punta Angamos y tras una operación estratégica militar, el Huáscar es capturado con Grau, quien es descrito como “el mejor marino de América del Sur”.

¿Cómo fue elaborar las personalidades de personajes como Grau?

Generalmente la historia hace del héroe una estatua. Por lo mismo nunca duda, sabe lo que tiene que hacer. Con respecto a Grau, hay antecedentes y se lo describe como un hombre muy introvertido y solitario. Con rasgos de grandeza, pero también por una biografía marcada por el dolor y la pérdida. Su madre, de alta alcurnia del Perú, lo niega. Y su padre y su hijo mueren en Valparaíso. 

Eusebio Lillo parece un operador político más que el autor del himno nacional…

Las guerras se narran desde el punto de vista militar y rara vez desde el punto de vista político, que es el centro de la guerra, que es desde donde se pierde o se gana. Por eso Chile ganó la guerra, por tener un mando político que se pone encima del mando militar. Y ese acto se logró nombrando a un ministro de Guerra en campaña, el civil Rafael Sotomayor, y Eusebio Lillo como secretario de la escuadra, quien tenía un fuerte sentido político.   

A través de la familia Edwards se pueden conocer los procesos económicos de la época, ¿no?

La familia era dueña de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta y el aumento de los impuestos gatilló la guerra. Ese hecho fue el casus belli. Había una clase empresarial que estaba con hambre, necesitaba mercado, y entre 1881 y 1888 se produce la expansión de Chile. Y el progresismo era a través de la guerra, y eso era legítimo. Por eso la prensa de la época era importante para construir realidad. A través de la prensa se llamaba a la opinión pública a un estado de exaltación nacionalista. La figura de Grau también se construye desde ese imaginario: la paranoia ante la amenaza. 

¿Pero el Huáscar sí era una amenaza para la Armada chilena? 

Tenía fuertes limitaciones marineras y de artillería, pero era veloz y era comandado por un gran estratega del mar. Grau conocía bien la costa y sabía dónde esconderse y cómo moverse. Y por eso su captura fue una operación de inteligencia. 

Hoy Chile y Bolivia se enfrentan en La Haya… ¿Parece que el pasado siempre remite al presente? 

Es singular que en estos momentos los límites y territorios de pertenencia estén siendo revisados y cuestionados. Con Bolivia por el norte, en el sur con el conflicto mapuche y en Isla de Pascua como anexo de Chile… Al parecer algo pasa ¿no?

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