Colombia entregó a comitiva de Piñera informe Farc para presionar al gobierno

Colombia envió, por vía oficial a otros países, información sobre las redes de la guerrilla, pero al considerar que algunos países estaban "arrastrando los pies" con los antecedentes, se recurrió a conductos informales.

Un alto funcionario del gobierno colombiano le entregó a un integrante de la comitiva de Sebastián Piñera -durante su gira a Bogotá, en julio- el informe de inteligencia sobre las redes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) en Chile a modo de presión sobre el gobierno chileno. Esa es la conclusión unánime a la que conducen las informaciones recibidas por La Tercera de manos de diversas fuentes en Colombia, cercanas a la Presidencia, el Ministerio de Defensa y la Cancillería.

La entrega ocurrió después de una conversación con la comitiva del candidato presidencial chileno, en la que se detallaron los motivos por los cuales el gobierno de Uribe estaba insatisfecho con la forma en que las autoridades de Santiago estaban manejando el tema.

Aunque entre fines de mayo y comienzos de junio hubo canales oficiales que trasladaron a las autoridades chilenas la información sobre los correos electrónicos encontrados en el computador de Raúl Reyes -el número 2 de las Farc abatido el 1 de marzo en su campamento en territorio ecuatoriano-, Bogotá juzgó necesario aumentar la presión sobre Santiago, cinco semanas después usando canales informales.

Por eso, importantes antecedentes de inteligencia sobre vínculos entre las Farc y extremistas mapuches, el MIR y el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez (ex FPMR) -además de los nexos de un funcionario de La Moneda, el periodista Hugo Guzmán- acabó en manos de la comitiva Piñera, quien viajó acompañado de los senadores Andrés Allamand y Alberto Espina. En todo caso, lo que se entregó no son los únicos datos que maneja el gobierno colombiano, cuyos sistemas de inteligencia han acumulado mucho material sobre las redes del grupo terrorista en el continente.

A CHILE Y BRASIL
El gobierno colombiano no sólo usó el recurso de desclasificar extraoficialmente un dossier sobre Chile, sino que lo hizo también con algunos otros países cuyos gobiernos, según nuestras fuentes, “arrastraban un poco los pies” con respecto a la red internacional de las Farc y habían “criticado a Colombia en tono duro” por la incursión del Ejército colombiano en territorio ecuatoriano para liquidar a Raúl Reyes el 1 de marzo.

Otro de los países a los que Colombia puso en evidencia fue Brasil, donde también en julio fue filtrada a manos ajenas al gobierno de Lula (en ese caso, a la prensa brasileña) la información según la cual había habido contactos entre las Farc y miembros del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, incluyendo hombres cercanos a la Presidencia.

La prensa brasileña, abastecida por Bogotá, sacó a la luz los contactos con las Farc de Gilberto Carvalho, jefe de gabinete del Presidente Lula. Cuando la información se hizo pública, el gobierno brasileño, visiblemente enojado, alegó, por boca del asesor presidencial Marco Aurelio García, que “hubo algunos intentos de las Farc de aproximarse a gente del gobierno, pero no tuvieron consecuencias”. Sin embargo, Carvalho admitió que en 2006 había intercedido en favor de un sacerdote colombiano, Antonio Cadena, al que se dio refugio a cambio de que se desvinculara de las Farc. Según nuestras fuentes de Defensa, “el gobierno de Colombia cree que el sacerdote no se desvinculó de las Farc y que al igual que en muchos otros casos el estatus de refugiado fue utilizado por las Farc para expandirse por América Latina”. La prueba estaría, al parecer, en los correos enviados por el cura a Raúl Reyes desde Brasil.

VIAS PARALELAS
El camino que va del ordenador de Raúl Reyes hasta algunos políticos y medios de comunicación latinoamericanos es largo y tortuoso. Inmediatamente después de incautarse los discos duros de Raúl Reyes en las dos incursiones al campamento ecuatoriano (la primera en la madrugada del día del ataque, la segunda a la mañana siguiente), el Ejército colombiano puso el material bajo control de la Dipol (Dirección de Inteligencia de la Policía), que depende del Ministerio de Defensa. El general Oscar Naranjo, en estrecho contacto con el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, puso a trabajar a un equipo de expertos en informática y analistas de inteligencia. Una vez que la información fue recolectada, Naranjo se la hizo llegar a Santos, que la compartió con el Presidente Uribe.

A partir de ese momento, según una fuente de Defensa de Colombia que exigió el anonimato para hablar con La Tercera, “esto tomó dos vías paralelas, una oficial y la otra más informal. La oficial consistió en todo lo que es público: Colombia envió el material a la Interpol para que este organismo lo autentificara. Una vez que Interpol le dio validez, la Policía, que depende del Ministerio de Defensa, se lo pasó a la fiscalía para iniciar las investigaciones. Al mismo tiempo, las autoridades, por orden de Uribe, hicieron llegar a los gobiernos correspondientes, incluyendo el chileno, por vía diplomática oficial, la información de que los archivos contenían asuntos sensibles sobre la red de las Farc en sus países”. En algunos casos, como el de Chile, se pidió que se enviara a Bogotá a personas escogidas para recoger personalmente la información, tarea de la que se encargó el director de la Agencia Nacional de Inteligencia, Gustavo Villalobos.

Todo eso fue el canal oficial. Pero hubo uno no oficial. “El ministro de Defensa y el Presidente entendieron que dada la naturaleza delicada del material incautado podría haber gobiernos que arrastraran los pies”. Por eso, se tomó “al más alto nivel” -lo que en este contexto sólo puede querer decir Uribe y Santos, los únicos que controlaban el 100% de la información junto con el jefe de la Dipol antes de que la Fiscalía entrara a fondo-, “la decisión de hacer envíos de información al exterior adicionales a los del conducto oficial, como ocurrió en los casos de Brasil y Chile”.

En el caso chileno, facilitó mucho la tarea utilizar como canal informal el viaje de Sebastián Piñera a Colombia a mediados de julio. Como se recuerda, Piñera y su comitiva viajaron en el avión de Uribe junto con Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa. Nuestras fuentes no nos aclaran si la entrega se hizo durante ese viaje o después.

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