Conclusiones post pasarelas

<img alt="" src="https://static-latercera-qa.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/sites/7/200911/586905.jpg" style="padding: 0pt; margin: 0pt;" width="60" height="13"> Al observar los desfiles de las colecciones otoño-invierno 2010 de Nueva York, Londres, Milán y París, una inferencia es clara: renace la ropa abrigadora, con peso y buen corte.<br>




Durante varias temporadas los diseñadores nos tuvieron sumidos en una especie de ambigüedad climática en que las prendas, tanto en su materialidad como en su look y colorido, no diferían mucho entre invierno y verano. Fue la repercusión del calentamiento global en las pasarelas y que transformó los clósets en un flujo continuo de la misma clase de ropa para enfrentar las cuatro estaciones sin grandes cambios de atuendo. Pero las cosas están volviendo a su orden natural. Este invierno veremos un renacer de la ropa de estación, vale decir, la ropa verdaderamente de invierno: pesada y abrigadora.

La sobrepoblación de cueros, pieles, chaquetas, chiporros, capas, abrigos y capuchas exhibida en las recientes semanas europeas de la moda otoño invierno 2010, dejó de manifiesto que la materialidad de las telas, su peso y especificidad pertenecen intrínsecamente a la estación del frío. Y definió para este período un look que trae consigo toda la personalidad de la estación más evocadora a la hora de articular una tenida.

Los diseñadores -según vimos en las pasarelas- también se han afanado concienzudamente en la exploración profunda de la sastrería -lo que los gringos llaman tailoring-. En ese sentido, ésta fue una temporada muy atractiva para quienes aman las formas. La gran mayoría de ellos mostró una devoción sin precedentes por la línea y el corte, lo que ha resultado en siluetas llenas de forma, con una estructura inteligente y radical, que permite deducir que han tenido en mente a la mujer y a lo que ella quiere usar.

La ropa que nos legaron las pasarelas es la que la mujer adulta necesita y la que mejor corresponde al ánimo de la estación para la que fue concebida. Es un rescate de lo mejor y más puro de aquello que la sastrería masculina ha aportado a la moda, para dotar a la mujer de carácter y poder y, a la vez, permitir que ella devuelva a la tenida su sensualidad y estilo. Vasos comunicantes que prueban una vez más que un corte impecable siempre será lo más sexy, aunque no muestre ni un centímetro de piel. Es la temporada de los trajes, abrigos, camisas y vestidos que la mujer puede llevar y no "los que la llevan a ella", como declaró en una entrevista el diseñador de Lanvin, Alber Elbaz, una de las pocas leyendas vivientes de la moda.

La gran mayoría de los diseñadores mostró una devoción sin precedentes por la línea y el corte, cuyo resultado se aprecia en siluetas llenas de forma, con una estructura inteligente y radical, pensada para lo que la mujer realmente quiere usar.

La sobrepoblación de cueros, pieles, chaquetas, chiporros, capas, abrigos y capuchas exhibida en las recientes semanas europeas de la moda otoño invierno 2010 dejó de manifiesto que la materialidad de las telas y su peso abrigador pertenecen intrínsecamente a la estación del frío.

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