El contingente que viajó con Fidel Castro a Chile

Documentos diplomáticos detallan quiénes fueron los hombres que acompañaron al gobernante cubano a nuestro país, hace 45 años, un periplo que se convirtió en un hito clave durante el gobierno de Salvador Allende.

Una nota diplomática de la embajada cubana a la Cancillería chilena, con fecha 8 de noviembre de 1971, informaba de la llegada a Santiago el día 10, a las 5 de la tarde, de una delegación oficial del gobierno cubano, encabezada por Fidel Castro. Viajaba en su calidad de primer ministro y primer secretario del Comité Central del Partido de Comunista de Cuba (recién en 1976 Castro asumiría como presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros). Y tal como se había anunciado, lo hizo en un avión Ilyushin Il-62, en un vuelo directo desde La Habana, y fue recibido en el aeropuerto por el Presidente Salvador Allende.

Según el mismo documento, la delegación estaba integrada por Armando Hart (ex ministro de Educación y quien luego sería ministro de Cultura), los comandantes Pedro Miret Prieto (entonces ministro de Minería), Belarmino Castilla Mas (ministro de Educación) y Arnaldo Ochoa Sánchez (en ese tiempo jefe del Ejército de La Habana) y Mario García Incháustegui, embajador en Chile. Y también viajaban con esta comitiva el viceministro del Interior, José Abrantes; el director de Protocolo de la Cancillería cubana, Roberto Meléndez, y el rector de la Universidad de La Habana, José Miyar Barruecos.

Pero ellos no eran los únicos que acompañaron a Fidel Castro en esta visita que se convirtió en un hito histórico y de la que ahora se cumplen 45 años. Un cable de la embajada chilena en La Habana al Ministerio de Relaciones Exteriores, en Santiago, con fecha 1 de diciembre y firmado por el encargado de negocios Manuel Sánchez Navarro, detalla los funcionarios cubanos a los que se les otorgaron visas diplomáticas durante noviembre para poder viajar a Chile. Entre el 1 y el 9 de noviembre se entregaron 45 visas.

Con el número 798/346 se le otorgó una “visa oficial” a Fidel Castro Ruz. Y en los días siguientes de ese mes se aprobaron visas para otros 42 cubanos. Una verdadera avalancha de oficiales y funcionarios de la isla a Chile coincidiendo con el viaje de Castro, que comenzó días después del primer aniversario de la llegada de Salvador Allende a la Presidencia.

La visita encierra una serie de elementos clave, ya que era el primer viaje de Fidel Castro al extranjero en siete años desde su última aventura a Moscú (un evidente aislamiento internacional), cuando el gobierno de la Unidad Popular intentaba hacer realidad la llamada “vía chilena” o “vía democrática” al socialismo, y en momentos en que estaba en discusión entre la izquierda cuál era el camino que debían seguir, las armas o los votos. No por nada el propio Fidel Castro declaró antes de salir de La Habana que ésta era una “visita simbólica… entre dos procesos históricos”.

El viaje del gobernante cubano, quien había sido invitado por Salvador Allende, iba a durar 10 días pero se extendió por 24, hasta el 4 de diciembre. Recorrió todo el país y arengó a los miles que se reunían para escucharlo. Fue a Iquique, Chuquicamata, las salitreras, Antofagasta, Valparaíso, Santiago, Rancagua, Santa Cruz, Punta Arenas y Tierra del Fuego.

Y a medida que se iba alargando el recorrido y los discursos rayaban en la injerencia interna, la visita comenzó a ser molesta para algunos miembros de la Unidad Popular, tensó la escena política local, al punto que durante su viaje se llevó a cabo la primera “marcha de las cacerolas” de la derecha, y la inteligencia norteamericana redobló sus esfuerzos por sacar del poder a Allende. “En Chile, el problema para nosotros no era Allende, sino Fidel Castro”, por lo que la visita de Fidel “nosotros la tomamos como clara evidencia de una alianza entre los dos países para llevar adelante la revolución”, explicó William Colby, entonces director ejecutivo de la CIA, citado por Georgie Anne Geyer en su libro El patriarca de las guerrillas.

Según Geyer, Castro recorrió Chile “como un César moderno que hablaba a muchedumbres encantadas, hacía visitas y en todas partes empleaba sus técnicas brillantes, hipnotizantes”. Sin embargo, para el escritor cubano Norberto Fuentes, la apuesta de Fidel Castro era minar “a cabalidad y minuciosamente los cimientos del gobierno de la Unidad Popular. Un gobierno esencialmente civilista de relativa orientación marxista que no llega al poder por la vía de la violencia revolucionaria. Esa es una situación que Fidel Castro no puede permitirse”.

Fuentes, quien fue parte del estrecho círculo de amistades de Fidel y Raúl Castro, escribió en su libro Narcotráfico y tareas revolucionarias que Fidel se paseó “por todo Chile desplegando el lenguaje tremebundo de la dictadura del proletariado inevitable, de las nacionalizaciones imprescindibles y de la lucha de clases impostergable”.

En ese contexto se entiende que Fidel haya llegado con un enorme contingente que iba mucho más allá de los funcionarios de gobierno. Buena parte eran efectivos de la seguridad del gobernante, personal médico y mucha tropa de choque, encubiertos en otro tipo de funciones como periodistas, fotógrafos, analistas, etc.

Los miembros del equipo médico de Fidel Castro y que aparecen en la lista de visas diplomáticas, todo ellos con la función “misión científica”, son Jorge Aldereguía Valdés, Francisco Raúl Rojas Ochoa, Roberto Hernández Elías, Ramón Díaz Vallina, José Torres Collazo, Raúl Dorticós Torrado y Eugenio Selman Housein. Dorticós era hermano del entonces Presidente de Cuba, Osvaldo, y Selman se mantuvo como médico personal de Fidel hasta la crisis intestinal que sufrió el gobernante cubano y que lo alejó del poder en 2006.

Dentro de la escolta y el equipo de seguridad estaba Rafael Labacena Noa, Cesereo Rivero Crespo, Domingo Mainet Rodríguez (jefe de la escolta de Fidel), Ricardo Leyva Castro, Pedro Rodríguez Vargas (llegó a ser jefe de la escolta de Castro y general) y José Luis Domínguez Huerta. Todos aparecen como “misión oficial”. Además en este grupo pueden incluirse a Ochoa y Abrantes. El primero llegó a ser general y fue fusilado en el caso de supuesto narcotráfico conocido como la Causa N°1 en 1989 y el segundo llegó a ser ministro del Interior, y condenado en la Causa N°2 de desarticulación del Minint. Murió en prisión en 1991.

Entre el personal de prensa estaba Orestes Valera Valera, José Caíñas Sierra (uno de los jefes del Instituto Cubano de Radio y Televisión), Jesús Naon Hasch (fotógrafo de Granma y de Tropas Especiales del Ministerio del Interior), Pablo Caballero Cuza (fotógrafo) y Santiago Alvarez Román (del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos).

También destacan los oficiales de Tropas Especiales José Luis Padrón y Enrique Teuteló Carballo y los oficiales de la Dirección General de Inteligencia (DGI) Roberto González Caso “Papo” y Pedro López Biart. También con la justificación de “misión especial”, aparece Ramón Sánchez-Parodi, quien fue el primer jefe de la Sección de Intereses cubana en Washington, entre 1977 y 1989, y más tarde vicecanciller y embajador en Brasil.

En todo caso en esta relación no están incluidos los cubanos que habían llegado en los meses anteriores, como los gemelos Antonio y Patricio de la Guardia, y los 20 miembros del personal adscrito a la embajada cubana en Santiago, como Luis Fernández Oña, ministro consejero y yerno de Allende, o Juan Carretero, hombre del Departamento América del PCC, quien estuvo con el Che Guevara en Tanzania y Praga y que luego fue embajador en Irak e India.

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