De colección: Conoce los tesoros perdidos del deporte chileno

Desde el certificado de nacimiento de Elías Figueroa a las primeras raquetas pagadas del tenis nacional. Revisa una lista con estos elementos históricos .

No están en museos ni en enciclopedias deportivas. Son documentos, implementos o premios guardados en un cajón o colgados en el muro de una casa, pero plenos de valor. Piezas de colección para la historia nacional. Revisa la siguiente lista:

El “certificado de nacimiento” de Elías Figueroa

El documento es histórico. Se redactó el 25 de julio de 1963 y corresponde al registro de Elías Figueroa en Santiago Wanderers. Es decir, es el primer pase del mejor futbolista chileno de todos los tiempos. 

El zaguero central, quien después sería considerado en tres ocasiones consecutivas como el Mejor Jugador de América, desconoce cómo pudo recuperar esa ficha, que hace un tiempo reveló a través de su cuenta en Twitter (@FigueroaChile).

La cifra que pagaron los porteños para inscribirlo es irrisoria para la actualidad, sobre todo considerando la enorme calidad del jugador que acaban de adquirir: mil doscientos pesos de la época.

“Estaba guardado por ahí. No me preguntes dónde, porque no lo sé. La responsable de haber rescatado algunos recuerdos de mi carrera es mi mujer. Ella me hizo álbumes durante 30 años. Los trofeos y galvanos están amontonados”, explica el ex central de Internacional de Porto Alegre y Peñarol. Mauricio, su nieto, se interesó en el último tiempo por organizar la memorabilia. “Es periodista y lo he visto sacándole fotos al material que hay en la casa. No podría negarle la autorización, porque es uno de mis regalones”, confiesa.

Eso sí, “Don Elías” recuerda con nitidez la primera crónica periodística que le dedicaron. Fue el día posterior a su debut con los “caturros”, con 16 años. “El diario El Mercurio de Valparaíso tituló ‘Promesas que se cristalizaron”, añade. 

Y también evoca su primer error en una negociación. “Cuando me hicieron contrato, no acepté un terreno de una hectárea. Era un peladero. Hoy, es Reñaca”.

Los títulos de campeón de Allí Gálvez
“Partí al revés”, dice entre risas Allí Gálvez cuando habla de sus tres títulos, los únicos recuerdos que el ex boxeador posee de su carrera de 11 años en el pugilismo. “Mi señora guarda más cosas. Diplomas, recortes, fotos. El resto lo vendí a otros colegas con los que peleé”, cuenta.
Primero fue el Latinoamericano minimosca de la WBA en 1988. “Fui a Estados Unidos a entrenar con Cardenio Ulloa y ‘Chifeo’ Mendoza. Ahí salió lo del Latino y lo disputé con Luis Paredes. Inauguraron el gimnasio Modelo en Cerro Navia con la pelea”, recuerda Gálvez.
De ahí se llevó el Sudamericano en 1991, ganando un combate en la misma Quinta Vergara. “Fue como mi gaviota. Como fue en verano, se hizo al aire libre”, cuenta.
Al final, ese mismo año, fue el Nacional, en el ex estadio Chile (hoy  Víctor Jara). “Fueron como cuatro mil personas, cuando el boxeo llevaba mucha gente. Nunca me lo pudieron quitar”, asegura.
Esos cinturones, que guarda y luce con orgullo, son los testigos de su trayectoria, que buscó culminar con el Mundial, pero que no logró. De sus intentos, recuerda el primero, ante el puertorriqueño José de Jesús. “Fue en La Tortuga de Talcahuano. Lamentablemente perdí por nocaut en el quinto. ¿Qué pasó? Todos los nocauts no deben pasar, son accidentes”, explica.
Eso le faltó a Gálvez, conocido como el “Maquillador”, por los pocos KO que sumó. El apodo no le molestó, dice. “Me lo puso alguien de La Cuarta, no recuerdo quién. Tenía otros sobrenombres, pero nunca les di importancia. Estaba mentalizado en pelear el título mundial”, asegura.
Los zapatos mundialistas de Jorge Toro

Una de las grandes figuras de la historia del fútbol chileno es Jorge Toro. El volante formado en Colo Colo es recordado por ser una de las figuras en el Mundial de 1962 y por ser el primer jugador nacional en ser transferido a Italia, a la Sampdoria.
El talentoso creador anotó uno de los dos goles de la “Roja” en el triunfo de 2-0 frente a Italia, en la recordada “Batalla de Santiago”, por la primera fase. Además, anotó uno de los descuentos frente a Brasil.
De esa participación que culminó con un histórico tercer lugar, Toro guarda un recuerdo personal de valor incalculable: los zapatos con los que anotó esos históricos tantos.
“Jugué con estos mismos zapatos, marca Alonso, desde 1960 hasta el Mundial. Son de suela y de estoperoles de punta de clavo. Yo mismo les pasaba una escofina para limarlos. Luego, me los llevé a Italia y ahí me los prohibieron, porque utilizaban otro modelo”, confiesa.
Asimismo, recuerda que “para el Mundial nos dieron zapatos Adidas, pero yo quise jugar con los míos, porque eran mejores al estar más viejos. Además, yo utilizaba un número más grande, para poder cucharearla y darle mayor efecto”.
Con ese par también les dejó varios “recuerdos” a rivales. “Una vez me encontré con el brasileño Chinesinho, a quien enfrenté en varias oportunidades, y se me acerca y me dice: ‘¿Me recuerda?’. Y luego me muestra una tremenda cicatriz que le había dejado con los estoperoles”, afirma, entre risas.
Actualmente, el mundialista tiene 74 años y vive en su casa de La Reina, donde atesora los recuerdos de una trayectoria impecable.

Las primeras raquetas pagadas del tenis chileno
Jaime Fillol es recordado por ser uno de los tenistas más importantes de la historia de Chile. Fue 14º del mundo en singles y llegó a dos finales de Grand Slam en dobles, junto con Patricio Cornejo (Roland Garros 72 y el US Open 74).
Afincado en Estados Unidos desde su adolescencia, Fillol estudió Educación Física en la Universidad de Miami, a la que además representaba en los torneos internos de tenis. Ahí, en algo inédito para la época, recibió auspicios por utilizar ciertos implementos deportivos.
“Cuando estaba en la universidad, Dunlop Estados Unidos me proporcionaba las raquetas. Una vez que terminé de estudiar, me tomó Dunlop Inglaterra. Eso sí, pasó un tiempo para que me pagaran. Recién en 1974 conseguí mi primer contrato pagado”, relata.
Así, se convirtió en el primer chileno en obtener dinero por utilizar raquetas.
De esa época, todavía conserva una de ellas. Y explica: “Esta raqueta es personalizada, ya que nos colocaban las iniciales. Con esta, hicimos semifinales de la Copa Davis con Suecia”.
También guarda una toalla marca Adidas, con su rostro impreso, otra de las modas impuestas a finales de los 70 y comienzos de los 80.
A ello se suma un buzo de su época de capitán de Copa Davis, entre 1984 y 1985. “Quería tener un equipo uniformado y la Federación de Tenis no tenía plata para hacerlo, así que nos arreglamos para conseguirlo. Y así fue”, recuerda.
Actualmente, a sus 67 años, Fillol está dedicado a la docencia en la Universidad Andrés Bello y a la organización del ATP de Viña del Mar.
Las zapatillas ochenteras de Mónica Regonesi

Inscrita como una de las atletas más sobresalientes que hayan surgido en el país, Mónica Regonesi todavía se mantiene activa y con ganas de correr. En 2011 fue elegida la segunda mejor atleta del mundo en la categoría master  y a sus 52 años mantiene el mismo espíritu de cuando comenzó, a los 10.
En estas cuatro décadas, ha brillado en todas las pruebas de medio fondo y fondo. Además, tuvo una destacada participación olímpica, al llegar en la 32ª posición en los Juegos de Los Angeles 1984.
De sus primeros años, conserva muchos recuerdos, como sus primeras zapatillas, de marca Adidas, de 1982. “Me las regaló mi pololo, que es hoy mi actual marido (el cardiólogo Fernando Yáñez). Fueron las primeras zapatillas para atletas que llegaron a Chile. Las compramos en una tienda de Providencia y eran la última tecnología de esa época. Sin embargo, si uno las mira ahora, eran bastante incómodas”, confiesa la deportista, una de las pocas que ha participado en todas las competencias posibles del atletismo. 
 Entre sus tesoros también guarda un polerón con el que participó en la Copa América 85. “Fue un selectivo en Puerto Rico, donde hice récord sudamericano de 10 mil metros y me gané el derecho de representar a América en el Mundial de Atletismo por equipos en Canberra”, apunta. 
De su paso por las Olimpiadas también tiene algunos implementos, como una polera en perfecto estado. En la cita de los anillos se convirtió en la segunda mejor latinoamericana, una marca que aún no ha podido ser superada en Chile.

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