Edad promedio de los emprendedores pasó de 40 a 33 años desde 2001

Así lo revela perfil elaborado por Corfo, que abordó el periodo 2001-2016, en el que además se concluye que el 57% tiene hoy entre 25 y 34 años.

“Hay un tema de inserción de la tecnología que es muy fuerte”, dice Rocío Fonseca, directora ejecutiva del programa Start-Up Chile, sobre el cambio del perfil de los emprendedores chilenos, cuya edad promedio pasó de 40,6 años entre 2001 y 2009, a 33,7 años en el periodo 2010-2016, según un reciente estudio de Corfo, en el que analizó datos de 4.560 emprendimientos desde 2001.

El estudio señala que la edad se redujo prácticamente siete años y que hoy el 57,6% de los emprendedores tiene entre 25 y 34 años. Mientras que en 2001 y 2016 la cifra llegaba al 33,1%.
Tadashi Takaoka, gerente de Emprendimiento de Corfo, a cargo de la investigación, cree que el fenómeno se debe a que hace años no existían las herramientas que existen hoy para emprender y quienes lo hacían eran personas con más edad que tenían un capital para instalar un negocio.

“Otro tema es la tecnología. No necesariamente la gente de mayor edad es la que está más capacitada en esa línea. Entonces, un chico que aprende a programar en la universidad o incluso de forma autónoma, tiene posibilidades de crear una solución que antes no había cómo. Antes la competencia de un emprendimiento era poner una consultora y para eso necesitabas canas”, dice Takaoka.

Fonseca recuerda que en el periodo en que los emprendedores tenían 40 años, recién nacía Facebook y las ideas de negocios eran más bien tradicionales, pequeñas pymes de escalas muy locales, focalizadas en la alimentación, por ejemplo, y hoy, en cambio, hay un marcado giro a la tecnología, aunque en el caso de Start-Up Chile ya pasaron de la lluvia de aplicaciones al desarrollo de software para digitalizar las empresas. Agrega que en 2001 ni siquiera existía Start-Up Chile, programa de Corfo para acelerar emprendimientos, que irrumpe recién en 2010, con un cambio de mentalidad para apuntar a la digitalización, la tecnología y el mercado global, explica.

Preocupa bajo riesgo

Otro de los cambios detectados por Corfo desde 2001 es el porcentaje de emprendimientos sobrevivientes, los que pasaron del 61% entre 2001-2009, al 76,4% en la actualidad. “La tasa de sobrevivencia es extremadamente alta. En Silicon Valley la tasa es de un 10% de sobrevivencia. Son buenas noticias, pero la verdad es que me incomoda, porque los proyectos aún están jugando muy a la segura. No creo que éstos tengan que ser irresponsables y lanzarse a cualquier locura y fracasar, lo que sucede es que cuando tienes una tasa tan alta es que están tratando de hacer negocios sin un grado tan alto de innovación disruptiva. Con esto no logras cambiar una industria, solo haces que funcione mejor”, señala Takaoka.

La mortalidad de proyectos alcanza en la actualidad al 23,6% y caen en esta categoría cuando al cabo de un año no logran ventas a nivel nacional ni en el extranjero.
“En general, no sobreviven porque eligen mal el problema, el “dolor” que tiene no es tan grande y no le quieren comprar. El otro tema es que manejan mal la caja o no saben levantar inversión”, agrega Takaoka.

Entre los programas de emprendimiento de Corfo, Start-Up Chile figura con 1.269 proyectos beneficiados entre 2010 y 2016, la mayor cantidad en dicho periodo; le siguen el Capital Semilla con 662 iniciativas en el mismo periodo. Sobre el porcentaje de sobrevivientes, Fonseca dice que la cifra ha aumentado, porque quienes desarrollan proyectos saben muy bien cómo funcionan las herramientas de emprendimientos. A este factor se suma que muchos se han retirado de empresas para solucionar problemas que han detectado en su sector y que saben cómo resolverlos. “Solucionan problemas reales y la tasa de mortalidad disminuye”, señala.

Entre las conclusiones del estudio se revela, además, la brecha de género. El 77% de los proyectos son liderados por hombres. Takaoka dice que esto se debe a que históricamente las mujeres han optado por proyectos para sobrevivir más que de innovación, lo que ha sido una tendencia en el mundo que recién se está revirtiendo. “Si bien el número parece bajo, es uno de los más altos de América Latina y del mundo”.

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