Edouard Louis, escritor francés: "El mundo es tan violento y esta violencia está poco presente en la literatura"

El narrador francés fue súperventas en su país, y luego en otros, con su primer libro, sobre un niño homosexual y pobre en un pueblo francés.

“Cuando escribo lo digo todo, cuando hablo soy un cobarde”, se lee en Histoire de la violence, la segunda novela de Edouard Louis (1992). Y, efectivamente, en sus libros lo dice todo, o casi.

Su primera novela, Para acabar con Eddy Bellegueule (2014), es la historia de un niño homosexual de clase menos que obrera en un pueblo del norte de Francia. Es amanerado y por ello recibe insultos, maltratos, rechazos, incluso de su propia familia. Decide decir adiós a todo eso, cambiando de vida y también de nombre: de Eddy Bellegueule a Edouard Louis.  Su segunda novela es el relato de una violación, la de Edouard Louis por un indocumentado norafricano en París, de nombre Reda, al que conoce una noche de Navidad y al que invita a su departamento. En ambos libros nada parece ser inventado, al punto que hace unas semanas Louis fue demandado por invasión de la privacidad y atentar contra la presunción de inocencia por el hombre que ha descrito como su violador.

En ambos libros los cuestionamientos sociales están presentes. En Para acabar con Eddy Bellegueule, el joven que se convertiría en Edouard Louis se escapa de una familia lumpenproletaria. En Histoire de la violence, ya transformado en un “burgués” universitario, es atacado por otro tipo de lumpenproletariado. La misma clase puede ser “víctima” o “victimaria”.

¿Cree posible entender el origen de la violencia en las clases sociales excluidas?

Sí, justamente la condición de “dominado entre los dominados” que es la de Eddy Bellegueule o Reda en Histoire de la violence me sirvió como una forma de re-examinar de una manera nueva la cuestión de las clases sociales y de las lógicas de la violencia. Durante mucho tiempo, la literatura se ha dividido entre los libros sobre las clases populares, como en Zola o Faulkner, y sobre las minorías sexuales o las mujeres, como en André Gide o Virginia Woolf. Eddy Bellegueule o Histoire de la violence no separan el tema de la dominación económica y el de la dominación sexual, sino que intentan situar estos problemas conjuntamente. “¿Qué significa ser un dominado entre los dominados, esto es, un gay o una mujer en el lumpenproletariado? ¿Un gay entre los inmigrantes?”. Esta literatura “interseccional”, que es también la de Toni Morrison, por ejemplo, permite comprender la violencia como nunca se había podido comprender antes, al considerarla desde un nuevo ángulo.

En sus libros, ¿intenta poner en escena lo real?

Sí, porque precisamente creo que muy a menudo hay una brecha entre lo real y la representación de lo real en la literatura. Cuando se ve, por ejemplo, la violencia del mundo, de la dominación masculina, de la homofobia, cuando se ve a los refugiados arrojados de Europa, a los negros asesinados impunemente por la policía en los Estados Unidos, se constata que el mundo es de tal manera violento y, al mismo tiempo, que esta violencia está tan poco presente en la literatura. Ahora, si la literatura no se pone como objetivo decir lo real, ella renuncia a cambiar esta realidad. Y eso es insoportable.

¿Por qué en las portadas de sus libros se lee “novela”?

Porque, para mí, la novela significa construcción, construcción literaria, y creo que es un error asociar la construcción con la ficción. Por el contrario, yo diría que la construcción es una condición para lograr decir la verdad, para poner en escena lo real. Al poner “novela” sobre mis libros, yo declaro que para lograr decir la verdad de mi infancia, tuve que construir modelos, determinadas disposiciones de capítulos, un trabajo sobre el lenguaje. Es porque Eddie Bellegueule está trabajada en su forma que puede lograr llegar a la verdad y que no podría haberlo conseguido con un simple testimonio.

De niño, ¿habría preferido ser muy viril, pero amado por su familia?

Sí, yo expongo en Para acabar con Eddy… cómo se excluye a Eddy porque es afeminado y cómo, al mismo tiempo, él hace todo para adaptarse y ser masculino. Quería en este libro invertir la forma clásica de escribir la vida de los “outsiders”, de los tránsfugas de clase. Cuando se lee a James Baldwin, Thomas Bernhard o incluso Annie Ernaux, siempre se tiene la impresión de que estas personas han huido de su entorno social porque nacieron diferentes en un mundo donde los otros, su familia, no eran diferentes. Ellos son extraordinarios en un mundo común. Para Eddy Bellegueule, por el contrario, ser diferente es un fracaso. El no quiere ser diferente. El libro es la historia de una lucha de ese niño por ser como todo el mundo. No fue sino más tarde que me di cuenta que quería ser diferente.

¿Rompió todos los lazos con su antigua familia?

No, no verdaderamente, aunque las relaciones son complicadas e incluso hay personas en mi familia a las que detesto, como mi hermano mayor. Pero cuando Para acabar con Eddy…  se publicó, mi padre compró 20 ejemplares y los regaló a sus amigos. No habíamos hablado en años. Ese libro nos ha reconciliado.

¿Por qué darle la palabra a la hermana del narrador en Histoire de la violence?

Era esta característica esencial y esta tragedia de nuestra vida la que quería poner de relieve en el libro: nuestras vidas son siempre contadas y, por tanto, confiscadas por los demás. No hay existencias o experiencias que no sean atrapadas después en las narraciones de los demás, en sus discursos y en sus palabras. Histoire de la violence parte de una situación a puertas cerradas: me encuentro con un joven una noche en la Plaza de la República, abajo de donde vivo, Reda, se acerca a mí. Viene a mi minúsculo departamento -la escena de puertas cerradas-, sucede algo muy fuerte entre nosotros, como el comienzo de una pasión, me habla mucho de su pasado, de su vida, pasamos la noche juntos, hablamos, reímos, hicimos el amor y, en algún momento, la noche se revirtió, se volvió violenta, incontrolable, él me toma del cuello, saca un revólver que apunta hacia mí. Pero este a puertas cerradas, en el libro, es narrado por alguien que no soy yo. Es mi hermana quien cuenta lo que sucedió con Reda, algunas semanas más tarde. Estoy en su casa: la vuelvo a ver después de meses de ausencia y separación, en el pequeño pueblo del Norte donde crecimos juntos y mientras yo estaba descansando en su habitación, la escucho en la pieza de al lado reconstruir mi historia a su marido. De manera que el libro comienza en la confiscación y el despojo ya que una historia que yo viví es contada por alguien que no soy yo. Y durante todo el libro, cuando mi hermana habla de la noche que pasé con Reda,  lo que ella dice  nunca se corresponde con lo que sucedió. Siempre hay una brecha entre lo que soy, lo que he vivido y lo que se dice que soy y lo que he vivido. Este recurso literario me permitió también experimentar una nueva forma de autobiografía, ya que Histoire de la violence es como una “autobiografía contada por otro”.

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