El mercado de los "voztros": cómo se hace doblaje en Chile

[Doblajes] Las voces detrás de las teleseries -como la turca Las mil y una noches, de Mega-, series o documentales doblados al español a veces son hechas en nuestro país. El entrenamiento incluye cursos y dominación de técnica. Y al igual que en el mundo actoral, hay diferentes niveles de éxito y fama, desde protagónicos a extras.

TE QUEDO corto, démosle de nuevo”, dice el hombre tras los controles, al actor que se encuentra doblando a un entrevistado en un documental de Discovery Channel. Efectivamente, cuando repiten la toma en el monitor, la voz del doblajista chileno termina antes que la del hombre que mueve sus labios en la pantalla. Tanto el director como el actor comienzan a hacer anotaciones en el libreto. Subrayan palabras, separan sílabas, agregan recordatorios de pausas. Repiten la grabación. Ahora sí calza.

Es el estudio número dos de Dint (Doblajes Internacionales), el más grande estudio oficial de doblaje de películas y series extranjeras al español en Chile (otros, por ejemplo, son Aedea Studio e Hispanoamérica Doblajes). En un edificio cerca de Metro Salvador, desde el sexto al octavo piso, la institución tiene ubicadas sus nueve salas de grabación, donde se realizan traducciones para compañías de la talla de Fox, Universal, Disney y Nickelodeon. Probablemente, de todos los proyectos que se encuentran actualmente trabajando, el más reconocible es la teleserie turca Las mil y una noches, que se emite por las pantallas de Mega -con 15 puntos de rating promedio– y cuenta con voces 100% nacionales. “Cuando empezó la teleserie, yo me volqué a Twitter felicitando a los actores de doblaje que trabajaban ahí”, dice la actriz Loreto Araya, pero agrega con cara de incredulidad: “La mayoría de las respuestas fueron: ‘¿Hay doblaje en Chile?’”.

Dint fue fundado en 1982 por Osvaldo Barzelatto, ex distribuidor de Columbia Pictures para América Latina. Durante su primera época dorada, lograron contratos con productos de la cadena brasileña Teleglobo, donde se destacó el doblaje con voces chilenas de la teleserie Doña Beija (1989 en Chile). Pero de a poco, las teleseries de la estación comenzaron a ser llevadas a Venezuela y posteriormente a México, donde hoy existe la industria más grande de doblaje. Barzelatto se retiró y a cargo de Dint quedaron sus hijos Christian y Paola, y Patricia Menz, la directora general. La compañía volvió a levantar. “Cuando llegué el 2005 el doblaje sonaba falso. Los actores hablaban con una voz seria, solemne, ¿pero quién habla así todo el día?”, dice Christian Barzelatto, director internacional de Dint. “Lo que busca el cliente hoy es la naturalidad. Costó, pero hoy en día ya grabamos con la máxima calidad”, agrega. Hoy, el doblaje en Chile empieza a adquirir más notoriedad, tratando de hacerles competencia a gigantes como México. “Es difícil ganarles, pero no imposible”, dice Barzelatto. “Estoy seguro de que Brasil va a volver a trabajar con nosotros. Para allá vamos”.

A medida que subían las exigencias de calidad, los actores de doblaje tenían que ser mejores. Para eso Dint se asoció con un proyecto que la actriz Loreto Araya venía trabajando hace años. Así se fundó la escuela Provoz, que forma a los futuros doblajistas en los elementos fundamentales para poder ejercer su labor. “Son cuatro los factores que se trabajan: lip-sync (que calcen los labios), interpretación, lenguaje internacional (español neutro) y dicción (modulación)”, cuenta Araya, sobre los cursos de 120 horas con 10 personas cada uno, que hay que aprobar para optar a trabajar en Dint.

Una vez terminado el curso, Dint evalúa en un examen final a todos los alumnos de Provoz. “De 10 que dan la prueba, generalmente sólo tres pasan. Hay algunos que son innatos, otros nunca lo logran”, explica Barzelatto.

También aquí, como en el mundo actoral, existen protagónicos, roles secundarios y “rellenos”, como se denomina a los extras. Según afirman en Dint, una persona que graba 10 frases gana $20.000, mientras que un protagónico cuenta con entre 180 y 300 frases por capítulo, pudiendo lograr sueldos entre $ 600.000 y $ 800.000 por proyecto. Claro, se parte desde abajo, con sólo un par de frases como relleno o sonidos de fondo en una escena. “Antes uno se demoraba años en conseguir un protagónico”, cuenta Araya. “Hoy, hay alumnos de la escuela que lo logran en un par de meses”, agrega.

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