El silencioso homenaje a Víctor Jara que ahora es un monumento nacional

Tras cuatro décadas llevando claveles rojos al lugar donde fue arrojado el cuerpo de Víctor Jara, tras ser brutalmente torturado, los vecinos de esa comuna lograron que ese punto, en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano, se convierta ahora en un sitio histórico protegido por el Estado.

“El tirar aquí, como un bulto, el cuerpo de alguien como Víctor Jara, fue una estrategia para infundir terror, pero en las poblaciones fuimos más fuerte que el miedo, y esto lo demuestra”, comenta Esteban Tellez, quien junto a Emilia Melo, ambos veinteañeros que participan en la escuela artística comunitaria “Violeta y Víctor en la Memoria”, limpian y barren permanente aquel recóndito sitio de la comuna de Lo Espejo. 

Gracias al trabajo de organizaciones sociales y del Cementerio Metropolitano, se logró construir, en varias etapas, el memorial del cantautor chileno, asesinado tras su detención en el Estadio Chile, después del golpe militar.  

En estos días, próximos a que se cumplan 42 años de su muerte, ambos jóvenes limpian con más entusiasmo aquel lugar. ¿La razón? luego de tres años de investigación histórica, dicha escuela artística, junto a otras 21 organizaciones comunitarias,  lograron que el Estado, a través del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), reconociera y declarara monumento nacional al memorial, en la categoría de Sitio Histórico.  

Y es que ahí, tras la muralla poniente del campo santo, sobre calle Clotario Blest, el cuerpo sin vida de Víctor Jara fue trasladado durante  esa madrugada, junto al cadáver de Littré Quiroga, en ese entonces Director de Gendarmería, y otras tres personas que aún permanecen como NN. 

Por lo mismo, el tradicional carnaval que cada año parte en la población Santa Adriana rumbo al memorial, para el acto central en homenaje a Jara, tendrá mañana un significado distinto. “Sin duda esta declaración es un hito para la gente. Fuimos las organizaciones de base las que hicimos la propuesta al CMN, preparamos un documento histórico de lujo, con todo lo que aquí ocurrió, con el  relato de los vecinos y abuelos más antiguos que fueron testigos, para recuperar la memoria de lo que aquí pasó y que no se olvidara”, relata la dirigente social de la población Santa Olga, Rosa Núñez. 

El testimonio de los vecinos

Justamente fueron los vecinos de esa población los primeros en encontrarse con la trágica escena al despuntar el alba y reconocer a Jara entre los muertos. El rumor que el reconocido artista había sido acribillado y abandonado al lado del cementerio se esparció rápidamente entre los pobladores. Era el 16 de septiembre de 1973 y la conmoción era grande tras el golpe y el inicio de la represión. “Eran tiempos difíciles, pero las personas, solas o de a dos, máximo, llegaban a sigilosas hasta el lugar, más bien abandonado, a dejar un clavel rojo. En dictadura la gente se las arreglaba para llegar y esa tradición ha continuado. Aquí, si uno pregunta a cualquier vecino, grande o chico, todos conocen este lugar  y la triste historia que encierra”,  relata  Luis Orlando Rojas, dirigente vecinal del sector. 

Pese a las cuatro décadas transcurridas, añade Rojas, aún hay personas que no pueden hablar de lo que vieron esa mañana. Pero otros vecinos de entonces, como Mónica Salinas, se atrevió incluso a declarar ante la justicia y  participó en el expediente presentado ante el CMN, por su clave relato como primer testigo ocular en la identificación del cuerpo.

Para la viuda del cantautor, Joan Jara, fueron los pobladores quienes, valientemente, evitaron así que Jara fuera un NN más en Chile. Algo de lo cual sigue estando muy agradecida, y para quien el memorial del pueblo es un aliciente en materia de  justicia y reconciliación. 

Para ella, completar la verdad sobre la muerte de Jara está pendiente. “Aún hay nebulosa”, afirma, y piezas que faltan en el rompecabezas, incluido el momento exacto de la muerte del músico. “Me avisaron después del toque de queda que el cuerpo de Víctor había sido reconocido en la morgue. Sin eso, habría quedado como desaparecido, que es el peor castigo que un familiar puede sufrir. Al menos pude ver su cuerpo, ver lo que le habían hecho, y enterrarlo en el cementerio. Otros, nunca más supieron de sus parientes”, reflexiona Joan Jara, a un costado del memorial, mientras deja un clavel rojo, como es la tradición. “Esto es gracias a la gente, a  un esfuerzo de años para que como país  no olvidemos a Víctor,  pero sobre todo, para que nunca más en Chile pase esto”, agrega la viuda. 

Monumento Nacional

El decreto como sitio histórico, al que sólo le falta la firma de la ministra de Educación, incluye el memorial de granito, la muralla del cementerio que se extiende por unos 500 metros y una franja de tierra de 30 metros de ancho. En total, 1,6 hectáreas en honor a Jara. “Mediante el decreto, este terreno no podrá ser intervenido sin la autorización del CMN”, precisó Angel Cabeza, vicepresidente ejecutivo del Consejo. Parar recuperar el espacio se llamará a las organizaciones para pintar la muralla “con el mural más grande de Chile, transformándola en un lugar de visita y conmemoración para todo Santiago”, agrega Leonardo Burgos, integrante del centro cultural  comunitario “Violeta y Víctor en la memoria”.

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