El tren que se resiste a morir

Creado en la década del 20, el tren del recuerdo vuelve a realizar sus viajes por la zona central, causando gran nostalgia en pasajeros que buscan revivir experiencias de juventud.

Cristián Alarcón mira su gastado reloj de bolsillo antes de tocar el silbato que anuncia la partida del tren desde la Estación Central hacia el puerto de San Antonio, en la Región de Valparaíso.

Con esa pequeña señal, el pesado convoy inicia su avance por las vías de acero y comienza a alejarse de la capital. También, es el punto de partida de un viaje que revive la esencia, colores y texturas de vagones que, tras 50 años de funcionamiento (dejaron de operar en los ochenta), fueron quedando en el olvido.

Al subir al llamado “tren del recuerdo”, la década del 30 cobra vida. Sillas forradas en terciopelo, grandes ventanas con marcos de madera y antiguas lámparas de tulipa, sirven de telón de fondo para un viaje que recorre 112 kilómetros de líneas férreas en un tiempo estimado de tres horas y 17 minutos.

Por los pasillos del convoy el conductor -vestido con un traje y gorra de color azul marino- camina con una pinza picadora de boletos en sus manos. Con ella contabiliza a cada uno de sus pasajeros. El conteo arrojó que 458 personas abordaron los siete vagones del tren que repasa parte de la historia ferroviaria chilena y que comenzó a funcionar hace dos años.

Un testigo privilegiado de la evolución que ha mostrado la industria es Osvaldo Alarcón (71). Según cuenta, con sólo 10 años viajó en la misma cabina que llegaba a la entonces acomodada Cartagena de los años 50. “El tren ha mantenido lo antiguo que yo recordaba, sólo que antes era a carbón. Es nostálgico volver a vivir el mismo viaje”, dice.

En el otro extremo se encuentra José Luis Rada. El hombre decidió viajar por primera vez en tren junto a sus dos hijos. “Me animé a viajar y la experiencia me pareció diferente, algo nuevo para ellos sobre todo”, afirma.

Su hijo, Simón Rada, de 10 años, dice que “me pareció diferente, porque siempre viajo en auto, nunca lo había hecho en tren”.

Si bien la locomotora data de 1972, sus vagones fueron creados en Alemania entre las décadas del 20 y 50.

Súper salón, primera clase, comedor y turista son las cuatro secciones que tiene el tren, todas ambientadas en épocas distintas.

Cristián Alarcón explica que “los vagones son casi todos originales, se han mantenido los colores de la época en que llegaron”. Así como también se han conservado las tradiciones.

A mitad de camino, un grupo folclórico se sube a la máquina y comienza con guitarras y panderos a cantar una cueca chora, típica de la zona. Los pasajeros aplauden y cantan, al igual como se hacía hace más de 20 años.

Durante el viaje, el conductor, comienza a recordar cómo antiguamente los trenes iban repletos de personas. “Iba mucha gente de pie, colgada de las pisaderas. Muchos para reservar el puesto, se subían por las ventanas, dejaban una prenda en el asiento y luego se bajaban por la misma ventana”, relata.

El maquinista, Tomás Vásquez, quien maneja estas máquinas desde hace 15 años, está a cargo de la locomotora. “Este trabajo te va encantando de a poco, yo entré sin saber mucho, pero con el tiempo uno se da cuenta de lo bueno que es y a mi opinión es el mejor trabajo del mundo”.

Mientras el tren avanza es posible ver a través de las ventanas el paisaje rural que aún mantiene la ruta que une a Santiago con San Antonio. Cerros, quebradas y campos vestidos con colores otoñales. Las personas desde el exterior se detienen y saludan al convoy, otros desde sus autos tocan la bocina, dándoles la bienvenida al tren del recuerdo.

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