Enzo Yáñez, el bogador maratonista

Antes de correr se le veía en el agua, remando. Ahora es el tercer maratonista clasificado a Río, siendo parte de la camada de atletas que abandonó las pistas para afrontar los 42K.

Un patrón común entre todos los varones clasificados en el maratón de los Juegos Olímpicos de Río es que lograron inscribir su nombre en la prueba la primera vez que la corrieron. 2 horas, 17 minutos y 34 segundos de carrera le bastaron a Enzo Yáñez Johnson (30) para cumplir un sueño impensado hace algunos años. “Quise hacerlo porque era la marca más accesible”, confiesa el especialista en los 3.000 metros.

Su vocación siempre ha estado ligada al deporte. Es valdiviano, tierra de importantes bogadores, por lo que su primer deporte fue el remo. “Pertenecía al club Arturo Prat, donde participa toda mi familia. Allí, un profesor me instó a cambiarme al atletismo, y aquí estoy”, dice.

Lo pensó por primera vez en noviembre del año pasado. Lo consultó con su entrenador, Jorge Grosser, con su familia, polola y amigos, y todos le dijeron que sí, que lo intentara sin dudarlo. Siempre supo que no sería sencillo: “Todo era suerte. Habían seis chilenos preparándose para lograrlo y lo haría la persona que mejor estuviera preparada”. Yáñez fue la tercera marca de Chile en la prueba y dejó fuera a experimentados como Leslie Encina o Roberto Echeverría.

De los hombres clasificados en los 42 kilómetros, Enzo es el mayor. Pero al igual que sus compañeros, reconoce que lo más difícil de esta preparación fue aguantar largas sesiones de entrenamiento. “Comprometerme a realizar largos kilometrajes fue lo más duro. Uno, que viene de la pista, no está acostumbrado a eso”, dice. Pero su convicción fue tan alta que decidió incluso postergar responsabilidades: “Tuve que dejar el trabajo de lado. Era mi oportunidad de clasificar y para lograrlo tenía que apostar a todo o nada”.

Yáñez, al igual que Víctor Aravena y Daniel Estrada, consiguieron el cupo olímpico en el Maratón Internacional de Temuco. Y una vez lo obtuvo, su principal preocupación fue evitar cualquier riesgo de lesiones. Muchas veces, y al no tener los recursos necesarios, temió que la falta de calzado adecuado pudiera traicionarlo, lo que por suerte no ocurrió. “Se gastan muchas zapatillas en esto, porque el kilometraje es mucho mayor”, explica.

Más de 200 kilómetros semanales extenúan a cualquiera. Este profesor de Educación Física reconoce que para él también ha sido muy complicado aguantar el entrenamiento: “Pero aquí estoy, buscando entregar la mejor marca posible para Chile”. Yáñez ahora se encuentra en Cuenca (Ecuador), a 2.600 metros sobre el nivel del mar, repasando los últimos detalles para la carrera del 21 de agosto junto a Estrada.

Sus entrenamientos van desde el trote al trabajo de fortalecimiento físico. Su rutina diaria comienza a las 8 de la mañana, para después del desayuno comenzar la primera práctica del día. Yáñez explica su jornada: “La mayor parte de los días trabajamos en doble turno, pero los días de carga (de kilómetros) es sólo uno. El viernes, por ejemplo, hicimos un trabajo de cinco series de 2.000 metros, con una pausa de 1,30 en cada repetición. Luego, hicimos cinco series de 300 metros”.

En Ecuador, Enzo Yáñez cuenta los días para escuchar el pistoletazo. Se le oye ansioso. Sabe que por marcas está alejado de un podio, pero se inspira en lograr una histórica para Chile.

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