Escritor Francisco Ortega: "Me gusta la literatura comercial y no tengo pudor en reconocerlo"

Tras vender más de 20 mil ejemplares con Logia, ahora publica El verbo Kaifman.

Corría el 2006. El encargo fue directo: escribir un bestseller. Eran días en que el autor estadounidense Dan Brown triunfaba con una novela cargada de conspiraciones llamada El código Da Vinci. 

Gabriel Sandoval, editor del sello Planeta, fue quien le hizo el pedido al periodista Francisco Ortega (1974). Había que crear un thriller histórico escrito desde Chile. 

“Mi padre agrónomo me pasó el dato: un grupo de personas en el sur estaba comprando tractores de marca Lanz, que llegaron en los 40 desde Alemania, y que se especulaba que en sus placas había oro nazi”, dice Ortega sobre la historia que dio paso a la escritura de El número Kaifman. 

La novela logró su objetivo: se ganó un lugar en el ranking de los libros más vendidos. “Como era primera vez que publicaba este género, acepté muchas sugerencias del editor y también me censuré mucho. Y con el tiempo comencé a escribir una segunda parte, que estaba inédita hasta ahora”, cuenta el autor de las novelas gráficas 1899 y Mocha Dick.  

“El número se hizo verbo”, escribe Francisco Ortega al inicio de El verbo Kaifman, novela que acaba de llegar a librerías por editorial Planeta. El volumen aparece mientras aún están los ecos del éxito de Logia, publicada en agosto del 2014. El relato, inspirado en la Logia Lautarina, ya ha vendido más de 20 mil copias. En los próximos meses se editará en Argentina, México y España. Las críticas han sido dispares. “Se ha mantenido 18 semanas en el ranking, lo que no deja de ser. Me gusta la literatura comercial y no tengo pudor en reconocerlo”, agrega Ortega. 

El verbo Kaifman, cuya portada es el Escudo de Chile intervenido con el símbolo de la esvástica nazi, profundiza en los mitos sobre una hermandad medieval en el sur del país. Mientras, el abogado Paul Kaifman descubre tras la muerte de su primo Samuel Levy que este llevaba una vida paralela como cazador de nazis. En su investigación se involucra en la búsqueda de un manuscrito que al parecer indica que los herederos de Hitler quieren establecer un IV Reich en la Patagonia y la Antártica. Además, El verbo Kaifman incluye los dos primeros capítulos de La catedral antártica, secuela de Logia y cierre de su Trilogía de los Césares. 

¿Esperaba el éxito de Logia?    

Hay un tipo de lector que esperaba esta novela. Logia es la respuesta a ese público que quería leer un thriller histórico chileno. Y yo también me he preocupado de hacer promoción, de tomarme en serio la pega, de ir a regiones. Incluso he firmado ejemplares piratas. Lo que pasa es que en Chile hay una tradición de novela histórica y había que retomarla. Hay libros importantes como Pacha Pulai, de Hugo Silva; El subterráneo de los jesuitas, de Ramón Pacheco; En la Atlántida pervertida, de Luis Thayer Ojeda; La Ciudad de los Césares, de Manuel Rojas, y Leyenda de la ciudad perdida, de Fernando Alegría, entre otros títulos. Entonces esa tradición había que continuarla con códigos actuales, y eso es Logia. 

¿De qué tratará La catedral antártica?

Juega con la idea de que no solo hay una ciudad de los Césares. Desarrolla la conspiración del Plan Andinia, que señala que los judíos quieren una Israel en la Patagonia. Aparece Arturo Prat y el espiritismo en Chile en el siglo XIX. Y el presente de la novela tiene que ver con ecología, Greenpeace y la defensa de los glaciares. 

¿Qué otras historias le interesan desarrollar?

Lo que ocurre después del terremoto de Santiago de 1647. La capital queda destruida y abandonada… Una especie de apocalipsis zombie en Santiago. También me interesa la figura de Javiera Carrera y su familia, que está llena de misterios, y que podría ser parte de la serie Juego de tronos.

Seguir leyendo