Expectativas ante el nuevo gabinete

Autor: La Tercera

Es valioso que en su diseño se advierta un sello pro crecimiento y de políticas sociales bien orientadas, y ahora debe procurar no defraudarlos.

La designación del nuevo gabinete por parte del presidente electo ha generado diversas reacciones en el mundo político. Algunas voces han hecho una cerrada defensa de su conformación, porque respondería a un diseño que reflejaría bien las prioridades del futuro gobierno, mientras que otras han hecho ver que su diseño marcadamente de “derecha”, así como la presencia de algunas figuras “controversiales”, hablan más bien de un “gabinete de choque”. Estas primeras impresiones, aunque legítimas, son solo eso, porque es evidente que cualquiera de ellas solo se comprobará una vez que los ministros asuman y el gobierno se despliegue. Antes de ello, es aventurado dar por hecho que la nueva administración será “pro crecimiento”, o que su sello será de una “derecha dura” y poco dialogante.

Los detractores del nuevo gobierno han hecho ver que varios de los nuevos ministros presentan potenciales conflictos de interés, ya sea por tener alto patrimonio o participar como directores o socios en compañías privadas. En la medida que no se aporten antecedentes concretos que den cuenta de una evidente incompatibilidad, insistir en este punto es caer en la crítica infundada y desconocer el derecho que tiene toda persona a haber construido su patrimonio, y mantener legítimos vínculos con el sector privado. Los conflictos de interés están regulados en la ley, y lo que cabe esperar es que si existen, se resuelvan apropiadamente.

En el diseño que presentó el Presidente electo, parece traslucirse una voluntad de enviar señales nítidas de confianza a los inversionistas y el mundo del emprendimiento, a fin de cumplir con el mandato ciudadano de reactivar cuanto antes la economía, probablemente la misión más crucial que lleva el nuevo gobierno sobre sus hombros. Para esos efectos se armó un equipo de probada solvencia, además de la audaz jugada de haber nombrado al actual líder de la CPC a cargo del Ministerio de Desarrollo Social. Con dicha nominación -y el hecho de que esta cartera pase a ser parte del comité político-, también se está subrayando que los temas sociales y la protección a la clase media deberían tener especial relevancia, otro de los sellos que el Presidente electo comprometió en su campaña.

Aun cuando este enfoque pro crecimiento y con sello social ciertamente está bien orientado, y transmite la imagen de un gobierno mucho más ordenado en sus prioridades, sus contenidos deberán ser objeto de un juego de tira y afloja en el Congreso, lo que hace incierto sus resultados. Para lograr que ello prospere se requerirá entonces de una especial capacidad de negociación por parte de las nuevas autoridades, lo que podría explicar, por ejemplo, por qué el Presidente optó por una figura audaz en el caso de la cartera de Educación. Aun cuando el futuro ministro ha dado opiniones en el pasado contrarias a extender la gratuidad, lo que probablemente traerá más de algún roce, también es reconocida su habilidad negociadora.

El éxito de un gobierno depende en buena medida que desde el inicio tenga claridad en sus objetivos. El nuevo gabinete en líneas generales recoge las principales orientaciones que se esperan del nuevo gobierno, y ahora tiene la oportunidad para demostrar su capacidad de concretarlas y no defraudar las expectativas ciudadanas.

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