Fabrizio Copano: “En Chile, los que hacen verdadero stand up no son más de cinco personas”

Autor: Tamy Palma

Desde que se instaló en Estados Unidos en 2016 la agenda del comediante se ha intensificado. A fines del año pasado fue invitado por primera vez al Festival de Viña del Mar y esta semana se anunció que grabó un show para Netflix que será transmitido el 8 de septiembre. Estando lejos, ha reflexionado sobre su rubro. Y quiere diferenciarse. ¿Cómo? Estando “en la primera línea de la comedia mundial”, afirma.

Hace un año, el riesgo del chiste sencillo pasó frente a los ojos y oídos de Fabrizio Copano (27). Fue en Los Ángeles, California, al poco tiempo de haber cruzado la frontera con México en un camión de carga junto a un perro y esperando la llegada de su pareja a Estados Unidos. Allá, Copano llegó con una veintena de shows en Latinoamérica sobre los hombros, con la experiencia televisiva de El club de la comedia (CHV) y Canal Copano (ViaX) -programa que realizaba con su hermano mayor, Nicolás-, y con la participación directa en cuatro películas chilenas.

Hacer stand up comedy en Los Ángeles tiene un método que sólo se adquiere con la práctica. La mayoría de las personas desconocidas en el medio estadounidense, como Copano, tienen sólo tres minutos para presentarse en un escenario. Si sus rutinas funcionan, los consagrados invitan a los principiantes a sus shows y les dan 10 minutos de exposición. Al poco tiempo, Copano consiguió ser invitado de artistas extranjeros rápidamente, aunque al principio no le fue demasiado bien. Por lo mismo dejó de traducir sus rutinas latinoamericanas y decidió empezar de cero en Estados Unidos.

En paralelo a esa vida que lleva en Los Ángeles, en Chile le ha ido bien laboralmente. Desde que se fue, ha concretado tres visitas al país para presentar sus rutinas, y ya tiene agendadas dos más. Además, el miércoles fue anunciado como el primer comediante chileno -junto a Jani Dueñas y Natalia Valdebenito- en llegar a Netflix. Para eso, en marzo grabó una presentación en el Teatro Maipo de Buenos Aires, Argentina, en la que se centró principalmente en la criticada vida de los millennials.

¿Qué relevancia tiene para ti haber llegado a Netflix?
Es un honor llegar a la plataforma que lleva la vanguardia de la comedia en el mundo. Con esto me convencí: me suscribiré a Netflix.

Dijiste que te ibas para no volver a Chile, pero vuelves cada dos meses. ¿Por qué?
Es que justo fue la bendición o maldición que haya caído el Festival de Viña del Mar, al que me invitaron en febrero. Después de eso me ha ido bien y por lo mismo tengo harta pega acá. Este año voy a tener muchos shows en Chile, sí o sí, y la verdad es que decirle que no a la suma de plata que me ofrecen postfestival me da pudor.

¿Qué necesidad había de irse, entonces?
Mucha. No me fui a un año sabático ni a probar suerte, me fui a hacer crecer mi fuente laboral. Igual, creo que nunca me voy a ir de Chile totalmente porque hay hartas cosas que hacer acá. Me cargan todos los conceptos para explicar el irme para allá, porque todo lleva a “estoy probando suerte”, “quiero ampliar mi carrera”. Son super asquerosos y feos, pero aplican. Lo mío tiene mucho que ver con querer hacerlas todas, allá y acá. Ojalá todos los chilenos puedan vivir un año en otro país por el bien de los chilenos, porque el encierro acá es muy fuerte.

¿Cuál es tu tope?
Quiero estar en la primera línea de la comedia mundial y creo que sólo lo sentiré cuando tenga una rutina de una hora en inglés que pueda presentar en estos lados. Por edad tengo el tiempo, pero la comedia se demora, sobre todo si es en otro idioma. A la gente, y sobre todo a los comediantes, se les olvida eso. Tienen una rutina de una hora con 15 minutos buenos, el resto es puro relleno, hacen un buen remate y creen que ya está. Tener una buena rutina de humor, que sea buena de principio a fin, demora de tres a cinco años. Hacerlo en inglés, más.

¿Qué diferencia hay en el humor que haces allá?
En Latinoamérica tú puedes llegar y decir: “ya, hablemos de las parejas. Las parejas son…”. Pero si eso lo haces en Estados Unidos es como “¿en serio?, esto lo hemos visto muchas veces”. Tengo de esos chistes acá y salen bien, pero allá trato de hacer otros más complejos. Me di cuenta de eso en un show donde me decidí a escribirlos desde cero todos. Igual, pensé, voy a fracasar, pero por lo menos con cosas nuevas.

14 de Julio de 2017. Entrevista a Fabrizio Copano, comediante, actor, humorista y animador de television. Foto Reinaldo Ubilla

¿Qué es fracasar para ti?
Que salga algo mal y repetir el error una y otra vez. Perder la conciencia de que algo está saliendo mal y creer que lo está haciendo bien. Es cuando alguien se cree divertido y no lo está siendo.

¿Y qué haces cuando fracasas?
Anoto por qué creo que me fue mal, qué chiste no pudo haber entrado. Tengo una libreta donde voy narrándome cómo me va. A veces tengo que buscar sólo una palabra correcta. Ahora ya tengo diez minutos sólidos y decentes. Diez es harto considerando que en Los Ángeles te dan tres porque son puros open mic. En ellos tú ves a tipos buenísimos.

¿Cómo ves la comedia desde afuera?
En Chile no hay muchos comediantes puros y duros. Los que hacen verdadero stand up no son más de cinco, y de ellos hay tres brillantes, como la Natalia Valdebenito. El resto va y viene, algunos son buenos, hacen cosas cortas o de a tres y funciona bien. Pero así como comediantes-comediantes, hay muy pocos.

¿Hay alguien que te parezca particularmente fome en Chile?
Sí, Felipe Izquierdo. Tiene el síndrome del cuico-clasista: envejecer y transformarse en su mamá. Se cree el intelectual del humor siendo que es una persona que hacía la Elvira, que era un personaje nefasto. Por eso lo encuentro el más fome de la historia.

Muchos se pasan de sus oficios al stand up como hobby. ¿Es fácil hacerlo?
Cualquiera puede hacerlo, pero hay que pasar por cierto sufrimiento. La otra vez fui a una conferencia de Jerry Seinfeld en San Francisco y él decía que el problema es que algunos creen que es divertida esta pega, pero si no te bajas deprimido de vez en cuando diciendo “ese chiste lo debí haber hecho así”, en realidad no te importa. Todo el mundo puede jugar tenis y todos pueden pasarlo la raja jugando tenis, pero hay otros que se dedican a eso y les llaman tenistas.

¿Tú eres de los comediantes-comediantes?
Yo vivo de esto. Lo que a mí me paga la vida acá y allá es hacer stand up comedy. Hago otras cosas que me dan distintos ingresos, pero lo primero y lo que más me funciona es esto. No lo puedo tomar tan a la ligera. A ver: ¿cuántas personas en Chile habrá hoy que se dedican a ser DJ y que ganan su sueldo de DJ? Cinco. Pero hubo un momento en que estaba lleno. Lo mismo pasa y va a pasar con la comedia.

¿Crees que eres exitoso?
Sí. Me siento super exitoso por varias razones, además de que me va bien y hago lo que me gusta, que es la base del éxito. Me siento querido, apreciado, respetado, y creo que lo que hago tiene repercusión. A veces encuentro que lo hago mejor o peor, pero me gusta, no me da vergüenza mi pega. Hubo etapas, por ejemplo, en que sí me daba porque no me gustaba lo que estaba haciendo.

Obsesión de futbolista
Antes de llegar a Los Ángeles, Copano vivió durante ocho meses en La Condesa, el barrio más hipster y apetecido de Ciudad de México. Esa zona es lo más parecido, en Chile, a Providencia, comuna en la que el joven comediante se compró un departamento y se instaló junto a sus padres luego de haber pasado una vida en La Florida, zona que convirtió en lugar común en sus rutinas en Chile.

En cuanto pudiste sacaste a tus papás de esa comuna y te fuiste a Providencia. ¿Por qué?
Es que tengo esa obsesión medio de futbolista de querer ayudar a la mamá. Por otro lado, hablo de La Florida porque es muy particular. Movernos a Providencia fue una decisión que tomamos como familia porque Nicolás tenía un programa a las seis de la mañana y no tenía sentido que, ganando bien, estuviéramos tan cagados. Hicimos entre mis padres algo así como una vaca para irnos. Pero también fue algo que pensé para mi hermana chica. Yo quiero que ella vea antes cosas que yo vi más tarde, por eso me encanta la idea de que ella pueda viajar, que pueda conocer otros lugares, que se haya subido a un avión tantas veces teniendo 15 años. Soy paternal con ella, porque soy su padrino.

¿Es tu hermana más cercana?
Sí, porque Nicolás, además de que hemos tenido idas y venidas, tiene su vida totalmente distinta y aparte.

¿Por qué su relación ha tenido tantos baches y tan públicos?
No sé, pero tengo la sensación de que el Festival de Viña solucionó todo tanto para adentro como para afuera. La gente lo vio y pensó “como que ya no se odian”. Eso lo encontré bueno. Él se portó super bien, fue muy atento. Ahora lo veo menos, pero le escribo y todo. Todo es una etapa superada que fue bien desagradable.

Es parte del costo de ser conocido, ¿o no?
Sí. Yo me hago el huevón. Me hago el que no soy de esos niños estrellas que partieron tan chicos, pero lo soy. De otra forma, pero igual tengo los tics de estar expuesto.

¿Cuáles son tus tics?
Ser famoso desde chico te da una sensación de que si quiero entrar a algo nadie me va a decir que no. Nunca he ido a una fiesta sintiendo que no me van a dejar pasar, sólo que se pueden demorar más o menos. A veces tomo un taxi, quedo corto de lucas, y me la dejan pasar. Es una sensación de que siempre me voy a poder salir con la mía. Y no es real, porque uno no siempre se sale con la suya, pero la fama desde niño da esa sensación.

¿Has pasado pellejerías en esta ida a Los Ángeles?
Nunca como pellejerías reales, pero sí he tenido miedos. Temo que se me empiece a acabar la plata porque es todo caro. El otro miedo fue que mi visa la tramité en todo el proceso de Donald Trump. Finalmente, no pasó nada malo y me la dieron en abril. Se llama Visa O-1, que es para trabajo de ciudadanos extranjeros con habilidad extraordinaria, y se acaba en 2022. Aunque el mayor miedo es pensar si esta es la mejor idea que tuve. Ahora creo que sí. Si mañana me tuviera que devolver, diría que fue lo mejor que pude haber hecho. Igual, a mí me va la raja. El otro día veía una entrevista donde a Juanita Ringeling le preguntaban esto mismo y ella contaba que tenía que hacer casting todos los días. Yo no. A mí me llaman para pedirme cosas.

¿No te asusta decir eso? Está muy castigado asumir que te va bien.
Es que es muy mal visto que a alguien le esté yendo bien. A mí me va bien y sé que soy bueno. Voy al pueblo más perdido y lo mío funciona, estoy en el Comedy Store en Los Ángeles, y funciona. Estoy en Viña y funciona. No puedo decirme malo si estuve hace unos días en el Movistar Arena y veo que funciona. Quiero mejorar, indudablemente, pero de que funciona, funciona. Y si a los 27 vivo con mi plata y cosas que he producido yo, es porque algo salió bien. Es muy agradable esa sensación, especialmente ahora cuando internet te tira para abajo y te dicen que eres fome. Eso es lo bonito de la comedia: tú ves que te va bien porque pasa por una reacción física.

¿Qué cosas te han salido mal?
Mis películas. Fueron oportunidades perdidas. Quería que fueran A y terminaron siendo Z. No he sido muy inteligente a la hora de hacer cine, pero eso es sólo culpa mía, y quiero remediarlo.

Dijiste que querías estar entre los mejores comediantes del mundo. ¿Cómo te estás preparando?
Siempre voy al gimnasio. No físicamente, sino que en la comedia. Conozco muchos comediantes que hacen sus shows, los preparan en su casa, van y los muestran en el Nescafé y no hacen nada más en el año. Yo no. Vengo a Chile a actuar en algo grande, pero estoy igual actuando en bares chicos haciendo shows para sacar chistes nuevos, para sacar las cosas que no me gustan tanto o para probar cosas más raras. Muchos lo desprecian, porque dicen “¿pa qué vai a presentar algo pa 15 personas?”, pero ahí es donde pasan las cosas. Y es obvio que esa es la fórmula. Esa va a ser la diferencia entre yo y muchos otros: que yo no le tengo miedo a ningún escenario.

 

“La izquierda progresista se ha vuelto insoportable”
Ajeno a la política no es. Fabrizio Copano es militante de Revolución Democrática y amigo de Giorgio Jackson. Pese a eso, no se resta de hacerle una crítica al mundo progresista del que él mismo participa. “A pesar de que tenemos razón en las causas que defendemos, en la forma nos hemos vuelto lateros y autoritarios. No digo que no estemos en lo correcto, pero en la forma en que hacemos el juicio nos terminamos viendo antipáticos. Por eso aparece un Donald Trump, que diciendo cosas horribles termina generando simpatía porque parece estar más relajado que nosotros, siendo que nosotros somos los que siempre tuvimos el monopolio de lo divertido, como las drogas y el sexo. Pero ahora nos vemos como policías del bien y el mal, y a nadie le gustan los policías. Yo lo digo porque he caído en eso y me gustaría encontrar formas de cambiarlo”.

¿Y en qué se traduce eso en Chile?
En que la izquierda progresista se ha vuelto insoportable. Perdimos la capacidad de tener más sentido del humor y nos pusimos graves. Nos hemos vuelto insoportables y desagradables. Se están extremando los puntos. Me da pudor tanta conciencia y juicio sobre qué es lo bueno y lo malo. Igual, últimamente he pensado mucho en las cosas buenas de Chile. En la falsedad está la oportunidad de Chile. Es entretenido y hasta un poco bonito. A eso me refiero con que el chileno tiene dos caras y ahora, con el tiempo, lo veo como algo bueno.

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