Goleador de día, estudiante de noche

Leonardo Espinoza, atacante del Morning, estudia administración y ha incursionado en varios negocios. Debutó con Pizzi a los 17.

Leonardo Espinoza, 24 años, goleador reputado de Santiago Morning y protegido de Clavito Godoy, confiesa que representa a una especie escasa: se trata de un futbolista con inquietudes intelectuales, adicto a emprender negocios textiles y estudiante universitario de medio tiempo. Ocurre que Espinoza, una de las figuras del sublíder de la B, además de jugar fútbol profesional estudia administración de empresas en la Universidad Gabriela Mistral. Lo hace todos los días, entre las 6 y media y 10 de la noche, y después de cruzar todo Santiago, desde Quilicura hasta Providencia.

Su razón, dice, es una motivación íntima (convertirse en empresario) y apela, de paso, a una máxima irrefutable, la carrera de futbolista tiene fecha de expiración. Lo explica así: “No quiero terminar y ser entrenador o representante. Siento que puedo más que eso. Me quedan por lo menos 10 años de fútbol, tengo que hacer mi plata, aprender y después quiero hacer negocios”.

Hace ya algunos años, de hecho, Espinoza incursiona en el mundo de la moda. Partió, junto a un socio, comprando ropa deportiva en una empresa de retail y vendiéndola por Facebook. Hoy viaja regularmente a Miami, adquiere un número indeterminado de prendas de marcas elegantes, las embarca en un contéiner con destino a Chile y aquí, junto a su novia, las vende por internet.

Leonardo Espinoza

Su interés por los negocios, comenta, es innato y se remonta a su primera infancia. La decisión de estudiar, en cambio, vino más tarde, cuando ya se había convertido en futbolista. Fue en un período medianamente crítico: jugaba poco en el Morning y se encontró con un cúmulo de dudas. “Yo soy súper exigente con mi vida, no sólo como futbolista. Quería ser exitoso. Entonces tenía 22 años y veía que no hacía lo que quería, que no jugaba, y que tenía cabeza para hacer otras cosas”, dice.

Se trató, afirma, de un período de frustración al verse estancado después de un ascenso vertiginoso desde juveniles al primer equipo. Apenas con 15 años entrenaba con hombres como Rivarola o Paredes y era dirigido por José Basualdo, dos veces mundialista con Argentina. Después, a los 17, Juan Antonio Pizzi, entonces DT microbusero, lo hizo debutar en un partido oficial. Incluso fue convocado por César Vaccia para la selección Sub 20, junto a Felipe Gallegos, Brian Carrasco y Álvaro Ramos. Era en ese momento, lo dice el mismo Espinoza, el jugador con más proyección del club. Y eso, cree, le jugó en contra. “Sentí el peso de haber sido una promesa. Siempre fui el único juvenil en el primer equipo. Me quedé como el cheque a fecha. A los 17 años fui el proyecto máximo de Miguel Nasur”, explica hoy, en las canchas de entrenamiento del Morning, en Quilicura.

“Tengo un sueño que es conocer el mundo e ir descubriendo negocios”

Sin embargo, no explotó. Entre 2011 y 2012 estuvo un año sin jugar por una fractura en su empeine y de a poco empezó a perder protagonismo. Ahí fue cuando evaluó el retiro y empezó a estudiar. “Estaba chato y hubo un momento en que dije ‘me queda un año y medio de contrato, me la tengo que jugar a morir y si no, dejo de jugar’”, dice.

Recién hoy, en 2016, y con un mito en la banca como Clavito, Espinoza, un delantero ilustrado, está alcanzando su redención. Es uno de los goleadores de la Primera B (5) e indiscutido en su equipo, que marcha segundo en la tabla. Y lo argumenta citando una frase inmemorial: “Se dieron las cosas, esa frase que tanto se dice en el fútbol, pero en mi caso es cierta”. Luego agrega: “Estoy explotando recién. Creía que era un tipo de jugador y por un momento me estanqué. Yo creo que estoy demostrando lo que no pude hacer en dos años”, complementa.

De aquí a un año, dice, su meta es estar jugando en Primera. En paralelo, quiere terminar su carrera y estudiar ingeniería comercial. Después, pretende sumar dos o tres diplomas más: “Me gustaría hacer un MBA, un par de magíster, tener mi empresa”. Aspira, además, a emprender en el negocio de las importaciones (“de lo que sea”) y se imagina viajando a mercados exóticos, como China o el Sudeste Asiático. “Quiero innovar. Tengo un sueño que es conocer el mundo, conocer otras culturas e ir descubriendo negocios”, explica hoy, debajo del sol de Quilicura.

Seguir leyendo